culturales


Una Pasión
Desbordada

Bajo el sello de Editorial Siruela aparece diario de Anais Nin que corresponde a los años de la guerra civil española.

Un nuevo volumen de los diarios de Anais Nin acaba de lanzarse en España. Su título "Fuego", hace honor a lo que traen sus páginas. Un recuento de su azarosa y promiscua vida erótica protagonizada, esta vez, con el peruano Gonzalo More.

Anais y Elba Wara la bailarina peruana esposa de Gonzalo More con quien compartió un amor. Abajo, Anais a los 70.

A Los 11 años empezó a escribir su diario y no lo dejó hasta su muerte, el 14 de enero de 1977. Anais Nin había nacido en Neuilly, en 1903, hija de la cantante Rosa Cumel y del pianista Joaquín Nin que las abandonó tempranamente. Esta ausencia marcó a fuego a la niña que se dedicó a adorarlo en silencio mientras la fuerte personalidad de una madre frustrada ponía una barrera entre ellas.
Apenas cumplidos los 19 años se pone a trabajar de modelo para zafarse de la tutela materna y unos meses después se casa con el joven banquero Hugo Guiller con el que se traslada a París. Sin embargo, "Hugo huele a banco" escribe ella en su diario y comienza a frecuentar la bohemia parisina. Escribe un ensayo sobre el vituperado D.H. Lawrence, escritor que había muerto insultado por los críticos ingleses pero que a la Nin la despierta de su letargo conformista. "En la intensidad poética de su prosa encuentro el aliento de mi pluma", confiesa.
Debuta así como escritora, y conoce a Henry Miller, su mentor, tutor, amigo y amante. "He aquí un hombre al que la vida embriaga. Un hombre libre. Como Lawrence. Un hombre que no teme a nada ni a nadie".
La admiración es mutua y pronto la pasión más irrefrenable los envuelve. "Quiero drogarme de experiencias", dice. Y lo cumple. Se hace amante de Miller y de su mujer June, antigua prostituta que la introduce en el voyeurismo y el safismo. La moda parisina era el psicoanálisis y allí va la escritora acercádonse al diván de Allendy y del mismísimo Otto Rank, discípulo aplicado de Freud, y convirtiéndolos en amantes.
Anais empero tiene una enfermiza obsesión con su padre, al que finalmente reencuentra en París el 5 de mayo de 1933. Un cúmulo de sensaciones contradictorias la atraviesan. Finalmente, el hombre al que había idolatrado y odiado por el abandono, no la decepciona. Le gustan sus arrugas, la firmeza de su mandíbula, la risa juguetona que le baila en el rostro, su frente amplia y su mirada estrábica. Flirtean como adolescentes y se empiezan a citar a diario. La escritora estaba en la cumbre de sus amores con Miller, mantenía relaciones con su sicoanalista Allendy, intentaba no herir a su buen marido Hugo y andaba enrollada con el lunático de Artaud. Sin embargo, a los 50 días del reencuentro padre e hija se van a un agradable hotel en Valescure (Francia) donde toman dos habitaciones. El padre tiene lumbago, Anais lo cuida, hablan, se engríen y después de los primeros apapaches los envuelve una incontrolable ola de deseo.

Gonzalo More, el amante peruano.

Los pormenores se detallan en Incesto: diario amoroso, publicado póstumamente tal como quiso la escritora. El libro recoge uno de los períodos más intensos de la vida de la Nin (de octubre de 1932 a noviembre de 1934).
El pianista le pidió por favor a su hija que no escribiera nada sobre sus relaciones en el diario. Anais lo prometió pero el amor prohibido le pesó demasiado y volcó sus secretos en cientos de páginas de escalofriante crudeza.
La escritora estaba sorprendida de haber encontrado en Padre una fuerza sensual mayor que la de Miller. "Me penetró tres y cuatro veces, sin parar, sin retirarse", escribe. Pero deja a Padre y corre de nuevo junto a Henry. Regresa a Padre epistolarmente escribiéndole apasionadas cartas que éste responde con la misma vehemencia. Anais teje una red de mentiras con un solo objetivo: que sus hombres no sufran, que todos tengan la ilusión de ser el elegido.
Dos años después de la incestuosa experiencia, el fuego de la escritora no se apaga. Conoce a Gonzalo More describiéndolo como "el divinamente hermoso, tan parecido a un dios".
"...fui infinita y completamente consciente del fuego del amor, hasta el punto de que casi caigo de rodillas para bendecir a no se quién porque en verdad puedo decir que he conocido las cimas más altas de la pasión, de la pasión absoluta, sensual y mística. Que ambos, Henry y Gonzalo, de maneras distintas, hayan sido los amantes más maravillosos, que he dado y recibido todas las caricias posibles a los seres humanos, que es la máxima alegría que puede experimentarse en la tierra. Amor. Pasión. Ternura.
Así escribe Anais Nin en "Fuegos", el volumen que acaba de aparecer en España en Ediciones Siruela y que importadores mediante, debe estar pronto en nuestras librerías dispuesto a abrasar conciencias.