EDITORIAL


EDITORIAL
De Chino a Chino
Juan Velasco.

Alberto Fujimori

EN un cuarto de siglo hemos pasado de un Chino más zurdo que César Cueto a otro Chino que parece emparentado con Milton Friedman.
Ningún país puede jactarse de semejante simetría en los apodos y tales distancias de orientación.
De Chino a Chino los peruanos hemos sobrevivido una montaña rusa y un tren fantasma, y ahora participamos en remates y tómbolas con premio.
Los peruanos, aunque no lo parezcamos, somos extremistas, tanto en la mansedumbre como en la violencia.
Además, somos propensos a los experimentos.
Cuando los militares de la democracia social de participación plena se volcaron a la izquierda confiscaron hasta la vajilla de los agricultores y empresarios afectados.
Después, cuando el pueblo quiso apoyar la restitución democrática, lo hizo reeligiendo al mismo Presidente que había sido derrocado.
El populismo aquí galopó alocadamente con más de una docena de tipos de cambio e inflación de cuatro dígitos.
Y ahora el mercado y la privatización tienen sus ayatolas que ante cualquier duda o enmienda razonada, y frente a cualquier atisbo redistributivo, gritan "¡populismo!"
CARETAS no está en una posición equidistante entre un Chino y el otro. La revista no olvida la radical represión que sufrió en manos de la dictadura velasquista ni la hecatombe económica que provocaron sus "goles de media cancha".
Pero ahora que cumplimos 46 años de supervivencia, y ante la perspectiva de otro régimen que quiere superar la década en el poder, ¿por qué no buscar con más de ahínco ese justo medio entre el crecimiento y la justicia, entre la eficacia y la democracia?
No son, después de todo, conceptos antagónicos sino todo lo contrario.
El año pasado nos preciábamos de haber pasado más de cuatro décadas dando palos. Este octubre, con el "consenso de Washington" en revisión internacional, nos identificamos con el espíritu aristotélico de varios personajes consultados en esta edición y persistimos en la Utopía del Justo Medio.