Las Penas
De Nasca
Sismo afectó siete provincias en 3 departamentos del sur. Municipios sin recursos, ayuda tardía y escasa.
La estadística no sirve para medir y conocer el dolor. Tampoco para entender la humana extrañeza frente a lo inesperado. ¿De qué sirven los números frente a un niño que derrama sus lágrimas sobre la montaña que encierra a su padre todavía vivo junto con un amigo?
El domingo por la tarde hombres y mujeres de Huanillo, en Nasca, le rogaban a la tierra que devuelva esas dos vidas. Le ofrecían de beber y le fumaban. "Gringuita, no te lleves a mi Antonio", rogaba una mujer. Pero ese domingo un locutor de la televisión intentaba consolar a su audiencia apelando a la estadística. Decía que el sismo del 12 sólo había dejado un saldo de 15 muertos, uno de los más bajos en el historial de nuestros terremotos. Menos mal que el niño de esta historia no debió escucharlo. Porque ese domingo su padre estaba a punto de ser una de esas víctimas y el menor no se resignaba, como tampoco su esposa. En las entrañas de la mina de oro dos hombres tenían en vilo a su comunidad, a la provincia de Nasca, a todo el país. Una vez más el azote de la Tierra ponía a prueba
a los peruanos. Pero no se trata sólo de coraje y resistencia. También estaba en juego la capacidad de previsión de quienes nos gobiernan y nuestra propia organización. Porque, finalmente, un terremoto en el Perú no es una noticia inesperada.
Camino a la mina de oro "La Gringa" asemeja al vía crucis de un minero.
Todo se vino abajo en esta céntrica esquina de Nasca, en pleno jirón Tacna.
Voces Bajo Tierra
Campesino Zacarías Chuccare (68) en el caserío de Copara, un pueblo de 560 habitantes a 32 kilómetros de Nasca. Perdió lo poco que tenía, pero felizmente sus familiares salvaron.
Margarita Choque, esposa de Antonio clamó: "No señor, si entre los periodistas vienen mujeres que ni se acerquen al boquerón, "La Gringa" es muy celosa". La montaña ya no se movía, entre sus pliegues dos hombres esperaban quietos y afuera entre los reporteros no había llegado ninguna mujer.
Una hora antes habíamos aterrizado, luego de media hora de vuelo en helicóptero. El piloto había sobrevolado la zona en medio de una cadena de montañas, tratando de adivinar dónde estaba la mina. Hasta en dos ocasiones bajó sólo para preguntar. "Allá, al otro lado de esa montaña está La Gringa", le decían. Finalmente nos dejó a una hora de camino de la mina. Más cerca imposible, por el abrupto terreno.
El domingo por la noche una cuadrilla de bomberos subió con noticias esperanzadoras. Sus llamados habían recibido respuesta. Los golpes en las piedras fueron seguidos de otros sonidos enviados desde abajo, breves, leves. Todos nos animamos, otra cuadrilla se preparaba para iniciar el descenso.
Esa noche alguien nos explicó por qué el helicóptero recién pudo salir de Nasca el jueves 14, luego de 52 horas del derrumbe. Es que las camionetas de doble tracción y el mismo helicóptero del Ejército estuvieron al servicio de ministros y funcionarios que los necesitaban para las tareas de reconocimiento.
Bomberos
Comunitarios
Bomberos llegados desde Lima preparados para rescatar a los mineros atrapados en el socavón. Llevan modernas máscaras antigases pero no tienen experiencia en este tipo de operaciones bajo superficie. Al lado un grupo de pobladores duerme en el suelo, en el Centro Comunal de Nasca. Ya es domingo y todavía no habían recibido ayuda del gobierno. Esta escena se repitió en varios lugares de la ciudad, donde el frío fue apenas neutralizado con unas pocas frazadas, sobre colchones a la intemperie.
ALCALDES SIN RECURSOS
Con los municipios provinciales las cosas no iban bien. Los de Ica, Palpa y Nasca (en el departamento de Ica), Lucanas y Parinacochas (en Ayacucho), Caravelí y Caylloma (en Arequipa), debieron esperar que la ayuda les llegue desde Lima. Y hasta el martes 19 era escaso lo recibido.
El sismo ocurrió al mediodía del martes 12. El miércoles los ministros y altos funcionarios prometían ayuda masiva. El jueves seguían hablando de organizar los despachos. El viernes 15 salieron los primeros camiones con unas pocas carpas y unas decenas de colchones. El sábado comenzó a mejorar el servicio, ya se vieron caravanas de vehículos pesados cruzando la Panamericana con alimentos. Pero seguían escaseando las carpas.
El domingo 17 nuestro enviado especial a Nasca seguía escuchando las demandas de ayuda de los pobladores. En Nasca y Palpa el descontento ya se expresaba en voz alta. Una señora llegó a decir refiriéndose al gobierno: "Los ministros vienen, miran y se van". La tetraministra Elsa Carrera (Transportes, Comunicaciones, Vivienda y Construcción) volvía a exhibir dificultades para enfrentar problemas de envergadura.
Ministra de Transportes, Elsa Carrera.
LA VIDA AL 40 %
"Lo que ocurrió la semana pasada en Nasca estaba dentro de lo previsible, no debería llamarnos la atención", nos recuerda Mateo Casaverde, funcionario del Instituto de Defensa Civil. La explicación está en la famosa placa de Nasca, una porción de continente sumergida bajo las aguas del Pacífico, que unas veces choca y otras roza con esa otra porción que es la placa sudamericana, el lugar donde vivimos.
Hoy todos hablan de la placa de Nasca y la culpan de nuestras angustias, pero la verdad es que la mole está allí desde tiempos inmemoriales, rodeando y penetrando la costa del Pacífico sudamericano.
Es tan ostensible su vecindad en nuestras costas, que a los científicos no les ha quedado otra opción que hacer pronósticos probabilísticos de colisión. En un rango de 1 a 100, Lima tiene 40 por ciento de posibilidades de sufrir un encontronazo. La frontera peruano-chilena está entre 60 y 70 por ciento y los pronósticos fatales le atribuyen a Ecuador un 80 por ciento.
Mateo Casaverde, de Defensa Civil.
Los cálculos son de comienzos de 1990, abarcan la década y fueron hechos en la universidad de California por sismólogos norteamericanos y europeos, en consulta frecuente con científicos peruanos como Mateo Casaverde y sus colegas de Ecuador, Chile. Los estudiosos han podido comprobar que hay hasta tres tipos de movimiento entre las placas: rozamiento, separación y choque. Llámelo mala suerte o como quiera, pero precisamente este último es el que suele ocurrir frente a nuestras costas. Y es que la placa de Nasca se desplaza unos 0.10 ctms cada año. En algunos lugares una cordillera submarina ya se ha introducido bajo el continente hasta 70 kilómetros, lo que ha provocado y seguirá generando grandes movimientos en la superficie.
A diferencia del pronóstico hecho por el norteamericano Brian T. Brady, ingeniero minero que en 1981 nos garantizó no un cataclismo sino tres, con día e intensidad, esta predicción no ha sido hecha por extensión sino por cálculo de probabilidades. La placa de Nasca tiene su historia, allí figuran sus desplazamientos y velocidades y de esos datos los sismólogos han deducido un 40 por ciento de posibilidades de colisión frente a nuestras costas.
"En la zona de contacto de las dos placas -explica Casaverde- hay acumulación de tensiones. Cuando se produce el choque ocurre como una explosión, un gran movimiento de masas, una poderosa liberación de la energía". Luego viene la inercia o reacomodo de las gigantescas porciones de tierra, agua y lodo, con movimientos que se conocen como réplicas. Estas pueden durar semanas o meses.
TERREMOTO AVISADO
En enero de este año un estudiante de la UNI -Pedro Huiman- preparó una tesis a la que tituló Desastres Naturales en la ciudad de Nasca". El trabajo contó con la asesoría del ingeniero Julio Kuroiwa y como todo estudio de este tipo basó sus apreciaciones en los análisis de suelos y la calidad de las viviendas.
Como conclusión, Huiman estableció que vivir en Nasca implicaba "riesgo muy alto" para un tercio de la población y "riesgo alto" para los dos tercios restantes. Los inmuebles de las urbanizaciones Fermín Tangüis y Josefina Mejía estaban expuestos a riesgo muy alto, como los locales del municipio, el campo ferial y la Central Eléctrica.
Mapa que muestra la predicción de riesgo en Nasca hecha por el estudiante de la UNI Pedro Huiman.
Entre la Panamericana y la carretera a Puquio, fueron estudiados la urbanización Vista Alegre, el asentamiento humano Los Jardines, los pueblos jóvenes El Porvenir, Enrique Fracchia, Las Latas y El Acero, así como el colegio Simón Rodríguez y el lugar conocido como La Paradita. Aquí el diagnóstico de riesgo sismico fue simplemente "alto".
Pese a que la intensidad del sismo de Nasca (6.4 Mercalli) fue calificada como moderada por el ingeniero Kuroiwa, los efectos materiales han sido devastadores: 760 viviendas destruidas, 4,300 afectadas y 12 colegios dañados, lo que confirmó en buena medida los estudios de Huiman. En total, unos 19 mil damnificados, 9 muertos y 165 heridos.
El trabajo de Huiman fue entregado al municipio de Nasca -informaron en la facultad de Ingeniería Civil de la UNI- pero no lo difundieron entre los pobladores con las recomendaciones sobre remodelación de viviendas. Después del reciente sismo comenzó a circular una cartilla de divulgación para hacer casas con adobe, algo que ahora será útil pero lo hubiera sido más si llegaba antes del 12.
Algunas de las previsiones de Defensa Civil dieron buenos resultados, especialmente en los colegios. En el C.E. Simón Rodríguez, unos 250 niños salieron ilesos del sismo, sin sufrir un rasguño, gracias a que en setiembre ellos y sus profesores tomaron parte en un simulacro, que además de instruirlos les dio una rápida reacción cuando la cosa fue en serio.
La semana pasada fueron Nasca y Palpa las provincias más afectadas. No nos gusta ser alarmistas, nos dijeron en Defensa Civil. Pero en el Perú nada se pierde con dormir con un ojo abierto.