Con Los Ojos de Chile


Con Los Ojos de Chile
Han visto mucho personajes como Gabriel Valdez, el legendario ex canciller (1964-1970), ahora partícipe protagónico de la reconstrucción democrática de su país.

Gabriel Valdez Subercaseaux, ex canciller de Chile y actual presidente de la comisión de Relaciones Exteriores del Senado, es una figura aristocrática de la política de su país que ha vivido intensamente el periplo histórico diverso y dramático de las últimas décadas. Esta semana estuvo una vez más en Lima renovando vinculaciones, pronunciándose firmemente por la vigencia e inalterabilidad del Protocolo de Río de Janeiro, descartando las versiones sobre una carrera armamentista basada en nuestra adquisición de aviones MiG-29 y mostrándose cordial y amistoso. Después de una recepción ofrecida por el embajador chileno Carlos Martínez, Valdez se reunió con el congresista, diplomático y periodista Harold Forsyth en una entrevista para CARETAS.

Entrevista al Senador Dr. GABRIEL VALDEZ, Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de Chile

Entrevista HAROLD FORSYTH

¿Está la democracia realmente consolidada en Chile?
-G.V.: Así lo creo. Las experiencias tan tristes que tuvimos en la década de los sesenta y setenta nos convencieron de que hay que hacer cualquier esfuerzo y sacrificio para sostener la democracia. Sin democracia, sin estado de derecho, sin libertad, no hay progreso, no hay vida civilizada Estamos todos convencidos de que debemos sostener la democracia, unirnos, tener las discusiones naturales dentro de la familia pero no correr más riesgos.

"Se dio por descontado que desaparecían (los partidos políticos)... Pero las raíces culturales e ideológicas del país eran tan fuertes que emergieron aun en la clandestinidad". Izquierda, Valdez, entonces presidente del proscrito partido Demócrata Cristiano, saliendo en 1983 de la cárcel de Santiago.

-H.F.: Chile ha sido tradicionalmente un país sobrio y circunspecto. Hoy el consumismo es un hecho impactante.
-G.V.: Son los excesos de un sistema de economía de mercado que produce una eficiencia en el crecimiento y en la productividad pero que, al mismo tiempo, estimula excesivamente el consumo.
-H.F.: Usted ha calificado los `malls', los centros comerciales, de Santiago como las nuevas catedrales góticas.
-G.V.: Una vez lo he dicho, sí, porque en la edad media y hasta en el renacimiento la gente en Europa se reunía los domingos en las catedrales góticas a oír el canto gregoriano, y las grandes obras musicales. Ahí se reunía el pueblo. Hoy, los domingos, las familias de todos los niveles sociales van a los `malls' a mirar, dicen a "vitriniar", como si fuera eso la golosina espiritual más grande. Ven zapatos, chompas, calcetines, paraguas, sombreros y sweaters, con una especie de ansiedad de comprar. No pueden comprarlas porque no tienen dinero, mucha gente no puede con su endeudamiento, pero la atracción por el consumo pasa a reemplazar bienes espirituales, bienes culturales.
-H.F.: Parece tratarse de un grave problema.
-G.V.: Yo creo que es una perversión de la cual saldremos porque nuestros países han tenido un cambio muy súbito de una economía estática muy estatista a una economía muy dinámica y privatizada. Es el riesgo que se corre cuando se abre y estimulan el comercio y el consumo. Son los gajes de hacer camino al andar.
-H.F.: Chile ha protagonizado hechos contradictorios y paradigmáticos en América Latina. El acceso al poder del primer presidente marxista democráticamente electo, por ejemplo. Una larga dictadura militar. Usted fue Canciller todo el período del presidente demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva, padre del actual mandatario, y le tocó vivir intensamente esa etapa histórica.
-G.V.: Así es, yo conocí mucho a Salvador Allende, fui amigo de él y fui ministro de Relaciones Exteriores seis años. Allende era presidente del Senado, teníamos excelentes relaciones. Era un hombre de bien, era un demócrata, fue un gran senador, gran político. Soy amigo de su esposa. Pero Allende quedó envuelto en una especie de arrebato doctrinario que sufrió Chile, un enloquecimiento provocado por una concepción socialista, revolucionaria, minoritaria en Chile y él se dejó influenciar por esta situación. No la pudo controlar y cayó envuelto en un caos más allá de sus propias convicciones, porque era un demócrata. Pero él tiene la responsabilidad de haber encabezado un gobierno que terminó en un fracaso, con inflación desatada, con un desorden social completo, con un aislamiento internacional y con la búsqueda de una solución ajena a la tradición chilena.
-H.F.: La solución que se encontró, el golpe militar, fue cruel, tremenda.
-G.V.: Así es, pero eso sucede cuando en los países se produce el caos. Teníamos un vacío en una mala constitución que establecía que podía ser presidente quien tuviera una mayoría relativa. No había segunda vuelta. Con 32 a 33% se pretendió hacer una revolución socialista que los dos tercios restantes no aceptaban. Se transgredió la ley y se creó una situación de falta de solidaridad y de seguridad de la persona. En el caos siempre alguien ocupa el poder: son las fuerzas armadas. Y, en realidad, todos fuimos responsables del colapso, todos.
-HF.: Pero nadie se imaginó que la presencia militar en el poder se proyectaría 17 años.
-GV.: Nadie pensó que iban a quedarse tanto tiempo. En esa época, las fuerzas armadas tenían una especie de signo político pero fue cruel, fue duro. Algunas de las realizaciones de las fuerzas armadas no pueden ser desconocidas, especialmente en el orden económico. No obstante, luego de un proceso largo y difícil que nos comprometió y castigó ganamos un plebiscito, limpiamente, y entregaron el poder. Están en sus cuarteles. Hemos sufrido una experiencia dura pero estamos satisfechos del desenlace.
-HF.: Sorprende ver que los partidos políticos reemergieran con evidente salud a pesar de la larga dictadura.
-GV.: Se dio por descontado que desaparecían. Los partidos fueron disueltos legalmente, sus bienes confiscados, sus dirigentes desterrados.
-HF.: Usted mismo pasó muchos años fuera de Chile como administrador del PNUD para América Latina.
-GV.: Sí, yo pasé diez años afuera. También estuve dos veces preso en la cárcel pública, incomunicado. Fuimos denigrados, se habló contra los políticos, contra los partidos, se nos injurió diariamente. Pero, a pesar de eso, las raíces ideológicas y culturales del país eran tan fuertes que los partidos emergieron aún en la clandestinidad (yo fui elegido presidente de mi partido, la Democracia Cristiana, en la clandestinidad). Pudimos formar la Alianza Democrática, formamos la Concertación, reconstituimos el tejido político y estamos actuando en esa condición.
-HF.: Es un gran ejemplo pero cada vez que en el Perú hemos intentado experimentos frentistas el electorado ha desconfiado.
-GV.: Cada país tiene sus propias tradiciones. Yo creo que ya pasó la época de partidos que tienen soluciones integrales y globales. Nosotros cometimos ese error en un gobierno excelente como fue el del Presidente Frei Montalva. Gobernamos solos. Nos equivocamos. Era la época de un sentido casi mesiánico de los partidos. Lo mismo sucedió aquí con el APRA que se creyó omnisapiente y omnipresente. Pasó lo mismo con el socialismo de Allende. Ellos tenían una solución integral a los problemas y eso es mentira. La democracia es una negociación diaria, permanente con los que no piensan como uno. Es un forcejeo intelectual de buena fe para lograr consensos crecientes frente a un mundo globalizado.
-HF.: Según recuerdo el presidente Frei Montalva definía a un demócrata como "simplemente aquel que acepta la posibilidad de dejar el poder".
-GV.: En la democracia la transitoriedad del poder es esencial. Lo que ocurre con Fidel Castro, por ejemplo, es la antítesis de la democracia. No puedo tolerar la imposición de una persona o de una ideología sobre las demás personas.
-HF.: El rol del empresariado es clave en el nuevo Chile. Esto, sin embargo, genera discusiones. Acaba de aparecer un artículo crítico en el New York Times sobre la vanidad de ciertos empresarios chilenos.
-GV.: Aquí hay dos cosas. El New York Times tiene a veces una visión un poco miope de lo que está pasando en América Latina. Es efectivo que el dinamismo de la economía chilena ha creado algunos sujetos que se sienten muy vanidosos, pretenciosos y viajan en primera clase sintiéndose superiores. Es un infantilismo que se da en todos los países. Son asomos de prepotencia que no son normales en el empresariado chileno. Yo los conozco mucho aunque no cabe duda de que hay un defecto, sobre todo en los más jóvenes. Ese es un vicio que es agregado a un hecho real y es que Chile está haciendo inversiones muy sólidas en el exterior.

El entonces Canciller Valdez de visita en Lima en 1968.

-HF.: Pero como comentaba Alfredo Barnechea en un reciente artículo, Chile requiere el éxito de sus vecinos para asegurarse el suyo propio.
-GV.: Así es, porque somos un país pequeño que no es capaz de digerir todo el ahorro que es, proporcionalmente, el más alto de América Latina. El bienestar económico y la estabilidad del Perú, de la Argentina, de Brasil para nosotros es algo fundamental.
-HF.: La masiva inversión chilena en el Perú es un nuevo e importantísimo factor de las relaciones bilaterales entre ambos países.
-GV.: Es muy positivo. Hay algunas personas que dicen "qué extraño", pero es que así va el mundo. Yo no sé por qué no puede ser bueno, o cómo puede preferirse inversiones de Canadá o de Estados Unidos. Ha sucedido con Francia y Alemania después de dos mil años de dificultades históricas.
-HF.: Es algo bueno, sin duda, en la medida que sea recíproco, que en Chile también se den condiciones para que los empresarios peruanos puedan invertir.
-GV.: Eso no depende de nosotros. En Chile se invierte y se compra libremente.
-HF.: Es interesante escucharlo decir eso, porque durante el gobierno del Presidente Frei Montalva, del cual usted fue Canciller, ustedes encarnaban el proteccionismo en América Latina.
-GV.: Sí y no. En Chile nació la concepción del Pacto Andino. Le voy a decir francamente, fui yo el que redactó el primer borrador que fue entregado al Presidente Lleras Restrepo.
-HF.: Pero usted se refiere a un Pacto Andino construido sobre otras bases conceptuales.
-GV.: Evidentemente estoy hablando de los años 60. Europa estaba cerrada igual que Estados Unidos. Nosotros queríamos una protección desde Venezuela hasta Chile para resguardar nuestra incipiente industria y la única manera de hacerlo era sobre la base de ciertas barreras. Ahora nos corresponde abrirnos. Cada momento corresponde a una cierta política.
-HF.: ¿Y cómo manejar el tema de la pobreza que usted conoce tan de cerca por su experiencia en las Naciones Unidas?
-GV.: Ese es el tema más difícil en el cual no ha habido éxito. Hay más pobreza ahora que hace 20 años. La economía de mercado nos exige corregir la distribución del ingreso. El 20% más rico se lleva la mejor parte y el 20% más pobre la peor. Esa es una tarea muy seria donde debe intervenir el Estado a través del sistema tributario y de la inversión social. El 72% de nuestro presupuesto nacional está destinado a inversión social. Pero en Chile estamos extrayendo cada dos o tres años a un millón de personas de la pobreza.