Cine-TV

Mañana es Otro Día
Los límites de la TV. matinal.
Por FERNANDO VIVAS
TODAS las mañanas del mundo se parecen. La población económicamente activa sale a ganarse el pan, los mocosos van a estudiar y en casa queda la retaguardia de las exigencias, un público sumiso y complaciente en el que nadie quiere gastar pólvora. Muchos productores inventivos se frustran al encontrarse con este perfil promedio de su espectador objetivo: Una señora ni muy ociosa ni muy menesterosa, poco cultivada sin duda, viendo el aparato con el rabillo del ojo mientras ocupa medio cerebro en algún trajín doméstico. (La estadística es así de bruta pero evidentemente hay de todo: pequeños nerds preescolares, jóvenes desocupados que lanzan a la TV. la misma mirada apática que el mercado laboral les ha lanzado a ellos, empleados robando tiempo, gente de descanso, convalecientes, etc.). Pero el promedio es culturalmente chato y poco atento a lo que ve. Los intentos de levantar el nivel de exigencia, pasada la frontera noticiosa de las 9 a.m., se pueden venir fácilmente abajo. La búsqueda de nichos de público específico suele ser infructuosa. La originalidad hay que guardarla para más tarde; las mañanas son una fosa común de lasitud, de conformismo, de dejar pasar mientras hacemos otras cosas.
Meche, Camucha, Carmen y Mirtha, cuarteto del 4.
Si las utilísimas triunfan en la mañana es porque jamás han pretendido levantar el nivel cultural de su hinchada. Que éste quede en su justo sitio. En su lugar, levantan las cejas del público con su retórica del exceso y con esa zalamería que entre lisura reprimida y bromita mal apuntada calatea su hipocresía con el mismo desenfado con que los strippers llegan, en las últimas secuencias, a hacer su show. Así, desconociendo límites -por compulsión de rating más que por afán de romper esquemas- el espacio de pronto agarra un tonito accidentalmente lúbrico-feminista que puede provocar que algún ama de casa, acostumbrada a ver el programa a las carreras, tire las ollas por un rato y se siente, sanamente, a sentir que los muchachos-objeto les hacen zapatear las hormonas bajo el delantal. Homero, reportero y chico de mandados, encarna con su docilidad, con su abuso de diminutivos y sonrisitas por nada, este triunfo simbólico de las utilísimas sobre el machismo. Algunas amigas feministas se entusiasmarán por estas conclusiones pero no se confundan; las mañaneras no reivindican las virtudes femeninas en ámbitos que no sean la casa, la cocina, el gimnasio de aeróbicos, la peluquería y, cosa que sí merece aplaudirse, cierto comercio artesanal que puede ser de veras útil . Y el tal Homero más que un ideal de macho solidario y respetuoso de la feminidad de sus empleadoras, es una versión peluda de lo empalagosas que pueden ser las mañanas.

Cine Tanda
"Cotidiano": directora Marité Ugás y actores Diana Quijano y Germán González.
Tras las discusiones de rigor con jurados conformados en gran proporción por el CONACINE (Consejo Nacional de la Cinematografía) ha anunciado sus primeros premios. Del concurso de proyectos de largometrajes resultaron triunfantes "Guamán Poma" de José Carlos Huayhuaca con 220,000 dólares; "Coraje" (crónica de los últimos días de Marielena Moyano) de Alberto Durant con 150,000 y "Ciudad de M" de Felipe Degregori (sobre la novela "Al final de la calle" de Oscar Malca adaptada por Giovanna Polarollo). En el rubro de cortometrajes había cupo para premiar hasta 12 cortos pero sólo se recompensó a 7: "El pecador de los 7 mares" de Aldo Salvini, "98 Thompson" de Alvaro Velarde, "Tu amor mi amor" de Luis Barrios, "Cotidiano" de Marité Ugás, "La consulta" de Augusto Cabada, "Crocante de chocolate" de Emilio Salomón y "Ritornello" de Bárbara Woll.
Dos Más

Jaime
Lértora
y Pelusa
Saco.
Jaime Lértora, simpático, rápido, estentóreo; Pelusa Saco, incipiente, lenta, se defiende con sonrisas y frases sueltas, poco chispeantes. No decimos más porque la pareja y el programa, "Por la mañana", recién debuta de lunes a viernes a las 9 a.m. en Canal 2. Que les vaya bien.
Pobre Tipo
John Turturro en "De paseo a la muerte".
John Turturro ha hecho fama de pobre diablo. No tiene que lustrarse las solapas para brillar como estrella, ni luchar para besar a la chica. Los hermanos Coen, maestros del cine de losers y descosidos, le dieron su primer papelón -chillando para que no lo maten en "De paseo a la muerte"- y luego le dieron el primer papel de su aberrante "Barton Fink", fábula grasienta sobre un escritor acomplejado que intenta abrirse camino en el Hollywood clásico. John no tenía allí nada de apolíneo o distinguible como no fuera su talento para el patetismo y un amasijo peludo sobre la coronilla, manifestación de una estilizada ridiculez, la misma del concursante abatido, campeón de los perdedores, en el "Quiz show" de Robert Redford. Tan lejos de la estrella musculosa como del antihéroe latino, Turturro se ha confinado, para su pequeña gloria, en los crápulas de poca monta. Todo nuestro desprecio y toda nuestra simpatía para él. (Véalo en "De paseo a la muerte" este jueves a la medianoche en el 2).
Picotazos
-"Este es el chulo más firme de Barcelona y eso lo digo yo
que sé de chulos".
-Reportero cubano de "La noche prohibida" entrevistando a un chulo.