

Tiras, Drogas y Raptos
La primera novela de Pedro Bedoya va por el lado policial.
"Todas las Máscaras" en edición personal.
A Pedro Antonio Bedoya de Vivanco (Lima, 1952), la política nunca le quitó el sueño. Bastante tenía la familia con el padre, Luis Bedoya Reyes, y con dos de los hijos, Luis y Javier, a quienes el bichito partidario los ha perseguido aunque sin la vorágine implacable del progenitor.
El menor de la tribu prefería la literatura. Y de lejos. Empezó siendo un gran lector, afición inculcada por su madre desde sus tempranos años y cultivada después en solitario. No recuerda exactamente cuándo comenzó a escribir, pero de hecho fue en la primaria. Era un hobby placentero y relajado que se fue tornando entre culposo y absorbente a medida que fue creciendo.
Una aventura literaria que en el camino fue tomando cuerpo y volumen considerable.
Sin embargo, el publicar no entraba en sus planes. A la hora de elegir una profesión, se decidió por la ingeniería mecánica y como tal se viene desempeñando hace un par de décadas. "De alguna forma soy dos personas", confiesa. Dice que es ingeniero en horario de oficina y escritor a partir de la medianoche, cuando ni el vuelo de una mosca pueda distraerlo del oficio creativo. "Cualquier ruido me desconcentra y demoro mucho en retomar el hilo", resume.
Tributario de Cortázar, Graham Greene y Hemingway, sus gustos literarios los comparte con la equitación y el frontón, pasiones deportivas que cultiva con tanta fruición como la fabulación.
Hace seis años empezó a escribir "Todas las Máscaras", historia que la pensó corta con el tono de la novela negra norteamericana y que debería versar sobre el tema de "la traición". Tenía el principio y el final y mentalmente la fue dotando de un cuerpo apropiado.
En el camino el texto creció, los personajes se independizaron, ingresaron nuevos elementos, otras variables, la atmósfera se hizo tan exuberante como la misma selva donde lo llevaron los hechos y por poco el asunto se le escapa de las manos. De hecho, tuvo que cargar con 500 páginas que a la hora de la depuración no pudieron bajar de 370.
Como todo debutante, Pedro quería abundar en detalles, anécdotas y situaciones que a la hora de la lectura más enredan que aclaran el curso de los acontecimientos. Amputar una línea, cortar un párrafo, constreñir un capítulo, se le antojaba un crimen que no estaba preparado para afrontar. Después cedió, aunque no tanto como para quedarse satisfecho. "Creo que he debido cortar un poco más", confiesa ahora que tiene el novelón entre manos.
La historia empero es tan acelerada, que los tropiezos se esquivan sin mucho esfuerzo.
La novela empieza cuando un grupo especializado de la Policía captura a un importante narcotraficante. Los sicarios se vengan matando a uno de los efectivos policiales mientras que instancias superiores de la jerarquía militar disuelven el equipo y echan tierrita al asunto. Por si fuera poco, el detenido desaparece como por arte de magia. Dos años después, el destino reúne a los personajes y se inicia así un juego de traiciones y lealtades donde todas las máscaras sirven a los más ocultos intereses.
Hasta aquí la ficción puede sonar a testimonio. Más aún si se toma en cuenta que el autor se ha basado en informaciones periodísticas y anécdotas de la periferia policial, más que en el conocimiento directo de las armas aludidas.
No bien terminado y corregido el original, el flamante escritor quiso persistir en el anonimato ocultándose bajo el nombre de Frank Dolores, alias con el que había hecho ya sus primeras intentonas literarias. Al final optó por dar el rostro. Ni sus padres, ni su familia, ni sus compañeros de oficina conocían sus desvelos creativos. Tan sólo dos amigos: Jorge Caillaux y Luis Jaime Cisneros asistieron al proceso, aportaron ideas, leyeron el borrador y sugirieron la publicación. Precisamente serán ellos, quienes presenten el volumen hoy jueves 19 a las 7 de la noche en la Biblioteca de San Isidro.
Sala de Retrato
El Banco Wiese inauguró galería de exposiciones en Cusco.
"Pago a la tierra" de Maxi Palomino de Sierra.
EN el imponente palacio del Inca Túpac Yupanqui, sede de las oficinas del Banco Wiese, el viernes pasado se abrió una nueva Sala de Cultura que está bajo la dirección de Teo Allaín Chambi. La fecha inaugural reunió una importante muestra colectiva titulada "50 años de Arte Popular en el Cusco", exposición concretada después de un minucioso trabajo de recopilación e investigación del trabajo de los artistas más representativos del medio. Allí están obras de Mendívil, Mérida, Palomino, Olave, Follana, Dueñas, Vivero, Saloma, Rojas y de artistas más jóvenes como Tupa, Aller, Manga, Flórez, Matto, Sallo, Osorio, Seminario y Paiva. Los imagineros de hoy siguen la añeja tradición artística de sus antepasados, fundando talleres de dinastías familiares que conservan y enriquecen el arte popular.

Retablo
de
Hilario
Mendívil
(1951).
OLOR A TINTA
RELATOS CORTOS
GASTROMANIA
MISTERIOS DEL PODER
CUELLO DE AZAFRAN
Grande Magia
La inquebrantable terquedad de hacer teatro en el Perú.
EN estos últimos meses muchas son las cosas que han cambiado en la vida de Alberto Isola. Las señoras lo cirean, los taxistas muestran interés por las modelitos de La Noche y los palomillas le gritan "narco" cada vez que lo ven por la calle. Pero lo que en nada ha variado es en su intenso ritmo de trabajo, el mismo que lo mantiene ocupado por más de 12 horas. Pero es así, con la fuerza que posee un capricho pero con la nobleza que sólo tiene una convicción, Isola viene ensayando activamente un nuevo montaje con los trece actores que conforman Umbral, grupo que dirige desde 1991.
El grupo en pleno: juventud y experiencia al servicio de una pasión común. En el Teatro Británico, a partir de la quincena de enero.
En esta oportunidad el director ha sabido rodearse de experimentados actores, como Gustavo Bueno, quien después de casi cuatro años regresa a las andadas. Todos ellos están preparando desde hace casi dos meses La gran magia, obra del napolitano Eduardo Defilipo, un autor poco valorado en su tiempo y que, por esas cosas que tiene la vida, hoy es considerado junto a Pirandello como uno de los grandes creadores del teatro italiano.
Un teatro de la experiencia, donde se reflexiona acerca de lo que podemos encontrar o perder en la vida; La gran magia es un texto pródigo en divertidas alusiones, capaces todas ellas de desnudar la hipocresía y el cinismo del alma humana. Una propuesta donde los actores se habrán de lucir interpretando dos, algunos incluso tres papeles. En fin, una comedia de enredos que cualquier espectador puede ver y donde de seguro hallará cosas que le den qué pensar.