1996 Premios de Resistencia





1996
Premios de Resistencia

Nobleza obliga. Aplauso y reconocimiento a 12 personalidades que con su ejemplo enriquecieron a su vez al Perú.

Izq, en un solo gesto de solidaria valentía, Juan Julio Wicht, hombre de catedra y fe, da una leccion de vida. Arriba, la indesmayable eficiencia del suizo Michel Minnig, el hombre del megáfono.

Juan Julio Wicht

Oracion por la Libertad
LA vida de un hombre, decía André Malraux, se revela de pronto en un solo acto.
Y esto -que parece desproporcionado porque al fin y al cabo la vida supone una perpetua sucesión de afanes y sorpresas meritorios- es lo que ha ocurrido con Juan Julio Wicht, un académico cuya labor docente y de estudioso lo ha hecho familiar en el escenario peruano.
Wicht al par que maestro es, básicamente, un hombre de fe, un sacerdote que no ha olvidado la catéquesis ni la dimensión del amor cristiano en sus quehaceres en la Universidad del Pacífico, de la que forma parte desde sus orígenes.
Discreto, con unos ojos sorprendidos, con rasgos de humor norteño (nació en Salaverry) que mide con mesura, Wicht es una persona de convicciones firmes.
Por eso se rehusó el pasado domingo a acompañar a los 225 rehenes que en segunda tanda soltaba el MRTA de la residencia del Embajador de Japón en el Perú.
Lo hizo por solidaridad, un valor que el Perú reclama desde su misma existencia republicana, pero también porque confía en la suprema fuerza de la oración, la simple pero vigorosa voz del hombre en diálogo con la divinidad.
No es la primera vez que Juan Julio Wicht llama la atención por su llamado claro a la comprensión entre los peruanos. Lo hizo cada vez que alentaba los estudios económicos y demográficos. Lo hizo cuando se opuso al controlismo de la natalidad antes de la Conferencia Mundial de El Cairo. Lo hizo al organizar y promover anualmente los "Intercampus", un foro plural, democrático y lúcido que el país reclamaba en las décadas que siguieron al gobierno militar.
Los hombres vuelven la mirada a la fe en las situaciones supremas. En la prueba de los días pasados en la embajada del Japón, Juan Julio Wicht se plantó en sus trece. Sembró con el ejemplo.

Michel Minnig

La Voz del
Trotamundos

Pertenecer a la Cruz Roja es un apostolado. Eso lo sabe todo el que ingresa a la clásica institución suiza que es el símbolo del humanitarismo a nivel mundial.
Michel Minnig (44 años) , nacido en plenos Alpes suizos, paradigma de la tranquilidad y el descanso pacífico, sin embargo, optó por la aventura y el servicio a los otros.
En Lima, en la última y tensa semana, con un maletín, una sonrisa reservada y gestos ágiles pero serenos se convirtió en la única personalidad capaz de sembrar aliento y confianza a los actores del drama desencadenado en la residencia del embajador del Japón.
Esa levedad y sencillez forman parte ya de las imágenes imborrables del conflicto severísimo y complejo, en el que la diplomacia, la política y la negociación se someten, finalmente, a las características personales.
Minnig, soltero, lleva pocos meses en el Perú y, por lo mismo, podría pensarse que le sería difícil familiarizarse con caracteres complejos en una situación sumamente comprometida.
Allí es donde el bagaje internacional aporta destrezas decisivas. No importa la figura de un líder sino la de un comprensivo "intermediario neutral" capaz de poner la misma atención en la trasmisión de los mensajes como en la disposición de los víveres, dándole a la colaboración el alto valor que allana la pugna y rehúye la intolerancia.
Para ello no es preciso pertenecer a una nacionalidad cuanto reivindicar la ciudadanía mundial y los valores del humanismo. Hoy los caminos que le han tocado han sido los de Lima, como ayer lo fueron los de los igualmente minados de Iraq, Africa, Nicaragua, la exYugoslavia y muy recientemente la dolorida Azerbaijan.

Jorge Santisteban
de Noriega

Defensor de la Paz
Santisteban, el Defensor. "Sólo podremos ganar nuestra apuesta por la paz si respetamos las reglas y palabra dada".

A los 51 años, Jorge Santisteban de Noriega, arequipeño trejo, hombre de humor, aficionado al teatro, reingresa a la vida pública peruana asumiendo un cargo que, en las circunstancias locales, tiene singular importancia.
Como es natural, el mayor riesgo de ser el primer Defensor del Pueblo de la vida republicana, es el de constituirse en un predicador ensoberbecido o en un tábano del poder, formas ambas que culminarían en la inutilidad.
Y el país, al contrario, reclamaba ecuanimidad, capacidad de superar enconos y acercarse a la vida cotidiana de los ciudadanos para hacer de la democracia una realidad concreta, inmediata y útil.
Santisteban no se arredró. Por el contrario, asumió con sencillez y dignidad el cargo y ha sido en menos de 12 meses una de las personalidades que ha encarado con mayor seriedad su tarea de hacer de la Defensoría la "institución más confiable para los peruanos", lo cual no es poca cosa.
Tiene un largo recorrido profesional y un desempeño jurídico internacional. Fue parte de la reforma de los estudios de derecho en la Universidad Católica, empeño de los años '70, contribuyó a forjar el área social de DESCO, una entidad que es ya indesligable del curso político del país y ha sido sucesivamente experto, consultor y jefe en OIT y ACNUR, con actuación destacada en Costa Rica, Panamá, Buenos Aires, Ginebra y México.
Como lo ha confesado paladinamente el Defensor del Pueblo es el "ombudsman" en el Perú "pero no el Superman". Con ello ha querido señalar, por un lado, que si bien los desafíos y los requerimientos son grandes y numerosos, fáltanle aún a la defensoría medios y, ciertamente, un acompañamiento de la propia sociedad que se irá forjando en la lucha común para conseguir la pacificación nacional.
Cambio de conductas y aprendizaje de convivencia civilizada, tarea que no es sólo jurídica sino que implica un empeño común en cimentar una cultura de paz. "Sólo podremos ganar nuestra apuesta por la paz -ha dicho el Defensor del Pueblo- si superamos la viveza criolla y el todo vale y aprendemos a respetar las reglas de juego y la palabra empeñada".

Liduvina Ccasqui

Del Indulto
a la Vida

Liduvina fue inculpada porque cuando vendía fruta, le guardó un paquete a su casero.

HACE dos meses Liduvina Ccasqui, huancavelicana de 60 años fue favorecida con el indulto. Ella había sido condenada a 15 años de prisión y hasta ahora no sabe bien lo que pasó. Sólo recuerda con lágrimas candentes, cómo la vistieron con un traje a rayas, la mostraron a la prensa y, luego, la llevaron al penal de Santa Mónica.
Allí estuvo tres años. Lo que no le borraron fue la sonrisa.
Mientras tanto, afuera, sus hijos mayores (tiene tres menores de edad) trataban por todos los medios de ayudarla. Vendieron su pequeño terreno en la tercera zona de Bayóvar y consiguieron quinientos dólares para contratar un abogado. Pero todo se les complicaba. El abogado pedía cada vez más dinero y no había resultados. Finalmente, dejaron todo en manos de Dios.
Liduvina no habla muy bien el español. "En la cárcel he aprendido -dice ahora- y ya puedo hasta leer algunas palabras". En el penal, la "abuelita" Ccasqui también conoció al padre Hubert Lanssiers. "Todo el mundo se le acercaba -cuenta- pero yo soy como las mujeres de mi tierra, discreta y no me atrevía siquiera a mirarlo".
No fue necesario. El caso de Liduvina Ccasqui ya estaba siendo revisado. Y finalmente salió en libertad. Ese día, el 4 de octubre, ninguno de sus familiares sabía lo que sucedería y, a diferencia de otros casos, nadie fue a recogerla.
Cuando llegó a Bayóvar se dio con dos sorpresas, una de sus hijas había muerto y su casa tenía un nuevo propietario. Hoy, Liduvina hace lo que puede para sobrevivir. Gracias a una campaña iniciada por la Obra Recoletana de Solidaridad y apoyada por CARETAS, una persona le ha regalado una máquina de tejer. Sólo espera que alguien, con la misma generosidad, le enseñe a manejarla.

Nelly Montoya de Robles

El Arma del Amor
Bautizada como La Mariscala, Nelly Montoya de Robles y su coraje a la hora de velar por su esposo.

EL 4 de mayo de 1993, una dama con voz entrecortada leyó una denuncia en defensa de su esposo, el general de división (r) Rodolfo Robles. Fue una situación tensa, pues nada menos que se ponía al descubierto la existencia de un grupo de militares denominado "Colina", culpables de los asesinatos de estudiantes de La Cantuta y en los Barrios Altos.
Nelly Montoya puso tal convicción y tal energía en la lectura que se ganó el epíteto de "La Mariscala", lanzado por sus amig as. Así nació también la leyenda de Francisca Zubiaga, así se continúa la tradición de esposas de militares que defienden el honor de la familia, la institución y del país.
Nelly conoció hace 30 años a Rodolfo Robles. Una unión que tuvo tres hijos: José y Rodolfo, también militares, y Jaime, economista. Han enfrentado, como es común en el servicio castrense, una larga carrera que los llevó por todo el país. Pero jamás imaginaron que tendrían que luchar contra los más altos niveles del poder, sufrir el exilio y las estrecheces. Allí Nelly mostró de nuevo el temple y la fidelidad de la compañera que no se arredró ante el porvenir y que defendió el buen nombre de su familia. "Todo lo que hemos vivido nos ha unido más, esa es mi mayor riqueza", dice Nelly, una viva imagen de lo que pueden la mujer peruana y la defensa de la dignidad.

La majestad de la ley en manos de Elba Greta Minaya. Izquierda, artista Ricardo Wiesse y proyecto del Cerro San Cristobal que quedó trunco por mezquindades burocráticas.

Elva Greta Minaya

Jueza Ante Todo
Piurana, hija de un magistrado probo, Adolfo Minaya, Greta no imaginó cuando estudiaba en la GUE Miguel Grau ni en la Universidad Católica, que el derecho pudiera ser una fuente de controversias y una prueba de carácter.
Quiso ser educadora, pero al final la carrera judicial pudo más. Allí empezó desde muy joven como amanuense en el Poder Judicial, tras un concurso que ganó.
Una carrera en ascenso hasta que, claro, las puertas de la justicia le demostraron lo pesadas y lo sombrías que podían ser. Ante las leyes, las cortes y las triquiñuelas, sin embargo, estaban los derechos de los ciudadanos. Con sólo defenderlos y hacerlos respetar causó más de una conmoción en el viejo y sordo Palacio.
Su fama, bien ganada, es la de haber admitido, contra viento y marea, los recursos de amparo y los hábeas corpus que llegaban a su despacho. Las más de las veces, eran hombres y mujeres que clamaban por justicia contra poderosos militares, políticos, policías y hasta magistrados. En suma, la justicia olvidada, escondida, tergiversada que necesitaba una mujer de su voluntad y su pasión.
Ha fallado a favor de Rodolfo Robles Espinoza recientemente, haciendo prevalecer el fuero civil sobre el castrense. Quisieron removerla de su juzgado, pero al final la repusieron. "No es una dádiva, no es un perdón. Nadie tiene una prueba contra mi actuación", dijo al volver a su despacho. Sabía que el país reconocía en ella la valentía y la probidad.

Ricardo Wiesse

Arte, Urbe y Ciudadanía
HAY quienes en el arte tienen fantasmas interiores y su lucha intimista se traduce en una conversación continua entre su yo y el mundo.
Otros en cambio, han visto que el escenario para la expresión estética, y fundamentalmente plástica, es el mundo y, dentro de él, la urbe. Esas corrientes que hacen del arte una expresión social -excluidas las declamaciones seudo revolucionarias o comprometidos socialismos- responden a un antiguo llamado que le da a la vida del hombre urbano la trascendencia estética.
A esa estirpe pertenece Ricardo Wiesse (42), limeño con un largo periplo de estudios en la Católica, París y Londres y ganador de numerosos premios.
La ciudad se plantea como un vasto espacio de convivencia plástica. Sea el Zanjón, donde realizó el mural cerámico del Paseo de la República de 10,600 metros, sea el Mural de neón en el Museo de la Electricidad, o el pintado de casas en el Cerro San Cristóbal, proyecto que la burocracia desvió de sus interesantes perfiles originales.
El artista es un motivador más de los afanes colorísticos o plásticos de los ciudadanos, en especial en una ciudad gris y terrosa como Lima. Este impulso, por otra parte, se concilia con una tradición milenaria que explica santuarios y monumentos prehispánicos y en el goce pletórico del color en la tradición andina.
Wiesse es, pues, un continuador, terco y entusiasta, de todos aquellos que han querido hacer de Lima una ciudad con remarcables valores plásticos. En esa labor reside, precisamente, su mérito y su capacidad innovativa. El arte, como lo querían los surrealistas, es un perpetuo reclamo y una convocatoria al anhelo estético del hombre común y corriente.

Mariano Querol Lámbarri

Viva la Vida
MARIANO Querol nació en Lima pero pasó los primeros 5 años de su vida en Madrid. Luego volvió al Perú donde terminó el colegio. Estudió medicina en la universidad de San Marcos, la única que existía para la especialidad en ese entonces. Después viajó por Europa, donde realizó su especalización profesional. Fue discípulo de Honorio Delgado con quien trabajó durante 17 años en el Hospital Psiquiátrico Larco Herrera. Es profesor de la Universidad Cayetano Heredia, de la que también es miembro fundador. Hoy a los 71 años, atiende pacientes en su consultorio y sigue dictando en la Cayetano. Además está culminando los últimos detalles de su libro en el que narrará lo sucedido durante el secuestro y que estará saliendo en febrero del '97.
El Dr. Mariano Querol fue protagonista hace algunos meses de un secuestro que duró 18 días. Eso le dio una popularidad y reconocimiento -además del que ya tenía como profesional- que según él mismo cuenta, no le ha afectado en nada, su vida es la misma pero la aprecia más simplemente. El pasar por esa amarga experiencia fue para él una lección de vida. Entre lo positivo que pudo desencadenar su secuestro estuvo la unión familiar producto de un gran cariño hacia y de los que sufrían y luchaban por él desde afuera: sus hijos. Ellos le dieron ese amor que no le llegó directamente pero que logró oler, percibir, intuir. Es la posibilidad de amar y ser amado por los seres que no están.
Aunque señala que el conocimiento de la sicología no lo es todo pero puede ayudar, pudo establecer una relación amical y hasta cariñosa con algunos de sus secuestradores quienes le tomaron mucho cariño y uno hasta llegó a llorar arrepentido en sus brazos. Eso le ayudó a que su estancia en cautiverio fuera más llevadera. Además tradujo lo que se conoce del efecto Estocolmo al efecto Lima que se produce a la inversa: el secuestrador termina tomándole afecto al secuestrado.
La incertidumbre fue muy grande pero la logró afrontar con tanta fortaleza que hasta él mismo quedó sorprendido. Además para lograr resistir el encierro destaca también el haber sentido un gran optimismo, que ayudó a fantasear la solución al problema para no dejarse absorber por éste. Su mejor lección: comenzar a apreciar lo que verdaderamente significa la vida y aprovechar cada minuto de ella al máximo.

Tablas de Plata

Los 25 Años
de Yuyachkani

Yuyachkani es uno de los pocos grupos en Latinoamérica que ha pasado más de dos décadas de trabajo creando espectáculos, estimulando espacios de investigación y creación individuales, renovándose y reflexionando sobre el quehacer del teatro en esta parte del continente, al tiempo que desarrollaba una propuesta pedagógica alternativa capaz de lograr un teatro vivo íntimamente ligado a la realidad nacional.
Miguel Rubio, el director, y la troupé teatrera conformada por Teresa, Rebeca, Ana, Débora, Fidel, Augusto, Julián y Amiel organizaron un programa de actividades realmente irrepetible. Porque la celebración fue exultante, maratónica y profesional: 78 funciones en tres meses con la reposición (o estreno) de 13 obras, que concluyeron -¡y cómo no!- con un bullicioso pasacalle, banda de músicos y quema de fuegos artificiales frente a su local de Magdalena. Pese a la batahola, los Yuyas no han querido tomarse un descanso sabático por lo que vuelven a la carga en febrero con una temporada de sus dos últimos estrenos. Prestos, eso sí, a celebrar su vigésimo sexto aniversario.

Alberto Benavides de la
Quintana

Veta Dorada
" Mi padre es mejor geólogo que la dinamita". Así define su hijo, Roque, a Alberto Benavides de la Quintana, presidente de minas Buenaventura y una de las personalidades en la minería peruana.
La apuesta de Alberto Benavides resultó, en efecto, venturosa pero es la cosecha de muchos años de entrega, sacrificio y fe.
Actualmente es el primer productor de oro del país y posiblemente uno de los especialistas más escuchados y respetados por la comunidad nacional e internacional de mineros, una cofradía que augura para el país pleno renacimiento dejando atrás las continuas crisis de décadas anteriores.
A la edad de 76 años, Benavides de la Quintana, con su inseparable puro, está convencido de que las anomalías de la Cordillera Negra, lo único que esconden es oro, de modo que debiera en realidad llamarse Cordillera Aurea. En esa hermosa zona espera encontrar con el optimismo de siempre, otra Yanacocha, yacimiento que le ha traído satisfacciones. El desagrado de un juicio para hacer valer sus derechos como accionista en esa mina es también cosa del pasado porque la justicia peruana viene dicta