Volver a la Selva



Volver a la Selva

¿Eso es lo que realmente quieren?

MRTA después del autogolpe de 1992
En su primer comunicado luego de la toma de la residencia, el MRTA demandó que los trasladen a la selva central. Algunos analistas piensan que eso es un saludo a la bandera, y que en realidad ellos quisieran irse al extranjero. De todas maneras, el gobierno difícilmente podría acceder a tal demanda, por la carga simbólica que conlleva. Y en el caso de hacerlo, lo más probable sería que las fuerzas del orden cerquen y destruyan al destacamento subversivo.
En sus inicios, el MRTA tuvo bases importantes en el departamento de San Martín, en el nororiente y en la selva central. Pero fue desarticulado casi totalmente por el Ejército. Al parecer actualmente conserva sólo pequeñas zonas de influencia en el centro y en Jaén.
En 1992, cuando todavía era fuerte, el MRTA contactó con un periodista norteamericano que visitaba el Perú y lo llevó en varias oportunidades a sus campamentos en la selva. Jeremy Bigwood (ver recuadro) aceptó entusiasmado. Le mostraron lo que quisieron que viera y él pinta un cuadro casi idílico de los subversivos. No aparecen las matanzas, ni los secuestros, ni las extorsiones.
Algunos de los jóvenes reclutas que aparecen en las fotos podrían estar en la residencia.

Textos y Fotos
Jeremy Bigwood

Algunas de las acciones efectuadas por el MRTA antes de ser desarticulado por el Ejército y ubicación actual. Derecha, el autor Jeremy Bigwood en la selva nor oriental en 1992, con dos niños reclutas del MRTA.


Simulando un
ataque nocturno
con el cuerpo cubierto
de barro, los
"vietnamitas", en
coreográfico
entrenamiento.

Casi adolecentes, como los que tomaron la residencia del embajador japonés en Lima. Además de fusiles de asalto AKM, contaban con ametralladoras pesadas y bazookas antitanque.

"Ve a Miraflores, compra una revista Time en el kiosco y léela por algunos minutos, luego entra al restaurante de pizzas y siéntate", fueron las instrucciones.
Era Lima en julio, hacía un clima frío mientras el taxi llegaba al lugar cerca al kiosco. Salí del taxi y caminé hacia la acera pero dudé cuando vi una tanqueta en el otro lado de la calle. Pero las instrucciones eran instrucciones y no quería perder la oportunidad de mi vida de fotografiar al MRTA. Yo ya había fotografiado las tropas militares en Lima, y ahora todo lo que necesitaba era al MRTA o Sendero en una película.


Este pelotón era conocido como "los negritos". Parte de las fotos de Bigwood que tenía el MRTA cayeron luego en manos de la Policía en un allanamiento.

ENCUENTRO CON CERPA

En el kiosco observé las revistas, compré Time y comencé a hojearla buscando un artículo interesante que leer. Dos hombres se aproximaron, uno tenía barba. "¿Cómo estás?" me dijo uno al que ya había visto antes. "Bien", respondí. Entramos al restaurante y nos sentamos, los dos estaban frente a mí. Antes de que nos pudiéramos presentar vino un mozo y preguntó bruscamente qué queríamos ordenar. Los dos me miraron y ordené una pizza y unas coca-colas.
El hombre joven al que había conocido antes, me presentó "Jeremías éste es Pablo, nuestro comandante máximo", mientras el hombre extendía la mano. Este debía ser Cerpa Cartolini, el comandante del que había oído hablar a varios países de distancia.

El que encabeza la fila en el entrenamiento, sería Ernesto Cruz Sánchez, (a) "Tito", jefe militar del grupo que tomó la residencia. Está herido en un pie.

A diferencia de varios líderes de la izquierda latinoamericana, que provienen de los trasfondos de la clase media intelectual, aquí estaba un hombre que se había educado a sí mismo ampliamente, que se había elevado sobre la clase trabajadora. Pablo me estudiaba a través de sus anteojos. El podía haber sido un profesor u hombre de negocios, casi de la misma edad que yo, saludable pero algo gordo.
-Lo hemos chequeado y sabemos sobre usted y sus imágenes sobre las guerras de Centroamérica. ¿Estuvo en Vietnam?, dijo Pablo.
-No, no estuve.
-Esto no es El Salvador, Guatemala o Nicaragua. Si usted quiere venir y fotografiarnos debe ser capaz de recorrer largas distancias a pie y por un terreno difícil, dijo, observando mi contextura. Quizá tenga que qudarse en nuestras zonas de control por un mes o dos, dependiendo de la situación.
¿Lo podría hacer, está apto físicamente?
-Sí.
-Ya había hecho arreglos similares en el pasado con grupos diversos como el Ejército de Guatemala, las guerrrillas FMLN de El Salvador, era parte del negocio. La única regla que tenía era que las fotos de un grupo no iban a su enemigo.

Una "toma de carretera" organizada por los emerretistas. Un espectáculo preparado especialmente.

-También sabemos que el gobierno de Estados Unidos es un cliente de su agencia de fotos. Queremos que edite sus imágenes de manera que nuestros comandantes y líderes de grupo no sean fácilmente identificables.
-El gobierno de Estados Unidos es cliente de todos los servicios de cables y agencias de fotos, pero haré lo mejor que pueda para editar cualquier cosa de esa naturaleza.
Un camión del Ejército lleno de soldados pasó por el restaurante y se paró en la esquina. En el reflejo de los anteojos de Cerpa pude ver a los hombres desembarcar. Su cara se quedó fija un rato como si estuviera viendo a un zancudo. Luego se relajó.
-Cambiando la guardia, dijo.
Comimos y el camión se fue.
-Irás a una de nuestras zonas en la provincia de San Martín. Le avisaremos cuando esté todo listo. Deberá quedarse por un mes.
-Entonces acepté.
-Sólo una cosa más, dijo Cerpa sonriendo, necesitas un seudónimo, un Nom de guerre. No podemos tenerte usando tu nombre real si estás viajando con nosotros, por ti, por nuestra seguridad, así que escoge uno.
¿Quién debía ser? Mi nombre era poco común incluso en Estados Unidos y él estaba en lo cierto, debía escoger otro nombre. Pero no se me ocurría cual.
-Qué tal Ernesto, dijo Cerpa, Ernesto como Ernest Hemingway. El era un buen escritor americano, simpático a la causa antifascista. Desde ahora eres el cumpa Ernesto.
Yo acepté y llamamos al mozo.