Cara y Cruz de un Voluntario

Cara y Cruz de
un Voluntario
En breve descanso, el jefe de la delegación de la Cruz
Roja Internacional habla de su vida y sus sueños.
"En este trabajo no cuentan las horas y todo lo que hacemos está coordinado, paso por paso", afirma Minnig.
"Los de la Cruz Roja somos neutrales por convicción, de otra manera no podríamos ayudar".
En la oficina de Michel Minnig hay dos enormes mapas del Perú que él observa constantemente. Y a cada rato pone su mano en la insignia que tiene justo sobre el corazón. Es difícil que este hombre, delgadísimo, casi etéreo, hable sobre sí mismo. El es un apóstol convencido de la Cruz Roja. Y tal vez, si no hubiera ocurrido lo de la crisis en la Embajada del Japón, nunca lo hubieramos conocido. Pero Michel Minnig no es solamente la buena persona que entra y sale, lleva y trae. Su abnegación, valentía, discreción y sentido humanitario en situaciones extremas y normales, lo convierten en un ser humano digno de toda admiración.
Me sueño con los rehenes, soy consciente de que hay gente armada dentro y fuera de la residencia".
Entrevista
Teresina Muñoz-Nájar
¿Qué pensaba hacer cuando era niño?
-Viajar.
-¿Y viajó mucho antes de entrar a la Cruz Roja?
-Primero estudié ciencias políticas. Trabajé en una librería. Fui profesor en las universidades de Lausana y Ginebra. Hice algo de periodismo literario. Construí mi propia casa. Y a los 28 años, viajé.
-¿Usted construyó su propia casa?
-Es que necesitaba hacer algo con las manos. Realmente me costó mucho esfuerzo, pero la hice. Tengo una casa de madera en Varcorin, mi pueblo, que tiene un significado simbólico muy importante para mí.
-¿Hubo un motivo específico por el cual se enroló en la Cruz Roja?
-A Suiza no sólo se le conoce por sus chocolates y relojes, también por la Cruz Roja y no es raro que uno se enrole en ella.
-Sería, además una oportunidad para viajar...
Pero para viajar de otra manera.
-¿Qué sintió cuando le dijeron que tenía que venir al Perú?
-Me sentí encantado. Los lazos entre Europa y este Continente son muy fuertes. No me siento extraño aquí, en cambio, cuando fui a la antigua Unión Soviética fue como estar en otro mundo.
-¿Sabe quién fue Túpac Amaru?
-Si sé quién fue. He leído mucho sobre la historia de la Conquista y sobre los movimientos de rebelión y de reivindicación. Es realmente impresionante ese choque y encuentro de culturas. Los miembros de la Cruz Roja debemos conocer algo del pasado de los países en los que nos encontramos.
-¿Dónde esperaba pasar Navidad y Año Nuevo?
-Había previsto ir al Manu, a la zona de Puerto Maldonado.
-Usted era un invitado más en la Embajada del Japón y en el momento preciso se identificó como de la Cruz Roja, ¿qué cree que habría pasado si los miembros del MRTA no le hacían caso?
-Nosotros somos tercos. Habría dicho una y mil veces: "Yo soy de la Cruz Roja, ¿qué les pasa, no han escuchado bien?".
-¿En qué piensa cuando no piensa en los rehenes?
-Hasta me sueño con ellos. Es la traducción de mi estado mental.
-¿Le es difícil entenderse con los del MRTA?
-El contacto no es difícil aunque puede ser tenso. Si uno quiere ser escuchado hay que esforzarse, estar seguro de lo que se va a decir. Los del MRTA ya nos conocían como institución y eso ha facilitado mucho las cosas.
-Hay muchos ciudadanos japoneses entre los rehenes, ¿cómo es su relación con ellos?
-Los japoneses pertenecen a otro mundo. Tienen otras necesidades y preocupaciones. Para eso están aquí los delegados japoneses de la Cruz Roja.
-Usted ve constantemente a hombres en situaciones extremas, ¿qué piensa de la condición humana?
-La humanidad es un teatro de malentendidos y miserias. Y así como vemos el lado negativo de los seres humanos vemos el positivo. De lo contrario no habría esperanza. Habríamos trabajado en vano. En este caso, por ejemplo, cada vez que se liberan rehenes, es como si nos dieran un premio.
-¿Cómo definiría la neutralidad?
-Como la mejor manera de ayudar humanitariamente.
-Pero puede dar su opinión sobre la crisis que se ha originado...
-Es una situación de violación flagrante de los derechos humanos. Hay ironías de la historia y lo que está pasando en la Embajada es surrealismo. Autoridades del gobierno han sido tomadas en rehenes por "autoridades" de un movimiento revolucionario.
-¿Qué hace para descansar, para relajarse?
-Algo de footing porque hay que mantener el físico. Cuando las cosas están tranquilas me gusta escuchar música o sentarme en una terraza a tomar un trago. Pero durante todo este tiempo creo que sólo he descansado medio día.
-Constantemente está exponiendo su vida, ¿qué le suscita eso?
-Exponemos nuestra vida pero no queremos ser héroes sino ayudar a la gente. Somos muy cuidadosos, tenemos reglas, no estamos jugando a los cow-boys.
-¿En algún otro país ha sido tan famoso como lo es ahora?
-Lo que está pasando ahora es diferente. Es una locura. La atención de la prensa nacional e internacional está fija en un microcosmos. Tal vez por eso me hago notar.
-Todo el mundo ha elogiado su intervención...
-Yo solamente sé que todavía hay 74 rehenes.
-Me imagino que habrá hecho muchos amigos entre ellos...
-Muchísimos.
-¿De qué conversan?
-A veces de cosas muy serias. A veces sólo chismeamos.