Vino, Humor y Simpatía



Vino, Humor y Simpatía
La visita del Presidente Abdalá Bucaram abre un nuevo marco de expectativas pero no hay que hacerse ilusiones: los impases demandarán algo más que buena voluntad.

Se salió el mar. Ambos mandatarios festejaron el encuentro ante una mesa generosa de primicias marinas.

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VICTOR CH. VARGAS

EL primer gesto del Presidente ecuatoriano Abdalá Bucaram (44) al pisar suelo peruano fue persignarse. Instante fugaz e íntimo en el que pocos repararon, señal que no buscaba la publicidad estentórea que suele propiciar ante los medios de comunicación.
Y es que su decisión de venir al Perú ha sido una tarea ardua y valiente que reclama, en buena medida, el auxilio divino.

En el Congreso de la República se cantaron los respectivos himnos nacionales con particular emoción.

Algunos creen ver en ella, una táctica para recuperar el favor popular que si bien lo llevó a la presidencia se está tornando crítico tras el programa de reforma económica esbozado hace menos de un mes.
Bucaram ganó la presidencia con 54.47% de los votos (el segundo Jaime Nebot obtuvo 45.53%). Casi dos meses después de asumir el mando (10 de agosto del año pasado) las encuestas le daban 54% de aprobación.
Ahora, con una tenaz oposición de la prensa en casi todos los matices, y con un plan económico que significa un duro golpe a la economía doméstica, empieza a sentir los efectos de la impopularidad.
Pero sería poco serio creer que una visita al Perú sólo busca efectismo proselitista. Bucaram ha tenido una constante voluntad de aproximación al Perú. Ya de Presidente electo declaró: "Tengan la plena seguridad que este conflicto se terminó. Yo soy un hombre de paz, jamás he disparado una bala pese a que he tenido 44 juicios".
Aquí, en los medios próximos a Torre Tagle se reconoce que hay una voluntad diferente entre Sixto Durand Ballén y Abdalá Bucaram en el tema del Perú, y que probablemente, el predicamento castrense tenga hoy en Quito menos influencia que en el pasado.

Ministro de Defensa general Víctor Bayas: declaraciones menos entusiastas en nombre del orden castrense. Habló de armamentismo peruano.

CARETAS ha sido severa en el análisis de la personalidad del mandatario ecuatoriano que alguno de sus tradicionales enemigos políticos -el ex presidente Rodrigo Borja- con dureza ha llamado "circocracia".
No es un protagonista fácil de clasificar y tiene una fuerte dosis de temperal tropicalismo que, en política, suele traducirse como imprevisibilidad.
"Con Bucaram cualquier cosa puede pasar" es el dicho común de los corrillos ecuatorianos. Pese a todos esos antecedentes hay que reconocer que mantiene una continuidad frente a las relaciones con el Perú y que se compromete fuertemente en la vía de la negociación y de la paz.
En Lima, el Presidente ecuatoriano ha hecho gala de sentimientos positivos y ha logrado que rápidamente los medios de comunicación y la ciudadanía vean rasgos de sinceridad en su proclama de amistad y de paz. Las reiteradas apelaciones al amor, el perdón, el pacifismo lo hacen parecer un predicador cristiano antes que un calculador político.

Presidente Bucaram hablando en el Congreso. Una oratoria directa, convincente, con calor humano.

No ha sido el mismo entusiasmo el que se deduce de las declaraciones del Canciller Galo Leoro (que ,dicho sea de paso, es el ministro que cosecha la mayor popularidad dentro de los que componen el equipo ministerial del gobierno) o del ministro de Defensa Nacional general Víctor Bayas García.
Esta visita ha sido propicia para ambos mandatarios, no porque haya habido un tonificante baño de multitudes, ni porque se haya tenido especial cuidado en una cordialidad manifiesta, sino porque crean una atmósfera para la larga batalla de Brasilia el 17 de febrero próximo.
Bucaram exuberante y Fujimori más reservado se han prometido continuar estos encuentros, apuntalando indirectamente el curso de las conversaciones diplomáticas. El fantasma del enfrentamiento bélico parece -en este enero que invita a levantar tempestades- bastante más lejano, descartado el efectismo de Bucaram de presentarse como antiarmamentista para que se deduzca que con la reposición de armas el Perú sí podría alimentar una tendencia contraria.

Canciller Francisco Tudela: estuvo presente.

Ha habido -como lo han reconocido ambos mandatarios- un gran ausente: el Canciller Francisco Tudela, constructor en buena medida de una vía diplomática en actividad. En el banquete en Palacio de Gobierno, la noche del lunes 13, los aplausos más prolongados estuvieron dedicados a él cuando el Presidente Fujimori reconoció su valía y dijo que estaba seguro que el Canciller escuchaba el discurso desde su encierro en la residencia de la embajada nipona.
No será sencillo para Abdalá Bucaram remontar las críticas que los militaristas y los nacionalistas de su país levantarán a su llamado al perdón. Eso lo sabía de antemano. Algo similar ocurrió aquí con Fujimori cuando viajó a Ecuador. Es difícil plasmar como política de Estado, las iniciativas de arrojo o audacia en un tema que tiene heridas, pasado, sangre y dolor y no poca demagogia maximalista. Todo ello hace más valorable el gesto del controvertido Abdalá Bucaram.
No hay que esperar milagros tampoco. Hay una estrategia en el gesto de Bucaram. Equivale a decir, ayúdenme a conseguir la paz. Cedo pese a las críticas internas, cooperen con gestos pródigos o cuando menos recíprocos. El Perú, por su parte, sabe que en la comunidad latinoamericana y en la esfera de los países garantes, se espera de nuestra parte un similar afán por normalizar y pacificar las relaciones bilaterales. Tudela supo modular esas dos variables: firmeza a la hora de sostener nuestras posiciones, ductilidad e inventiva para ir haciendo el camino de la paz.


Mesa Servida
Se cumplió con creces la promesa del cebichito.

"Nunca he comido tantos mariscos y pescado" confesó el Presidente Aldalá Bucaram al salir del primer almuerzo informal que le ofreció su homólogo nada menos que en uno de los restaurantes más llamativos de Lima, "Costanera 700".
Por suerte la definición de la primacía gastronómica no crea situaciones de pugna. En gastronomía " no hay impases subsistentes". Bucaram por otra parte se ha confesado acérrimo partidario de la pancita y ha señalado que la comida refinada le cae mal, frases hirientes dentro del repertorio de populismo y encontronazo que suele aplicar a la difícil geografía política de Ecuador.
Fujimori, en un giro muy peruano, le advirtió a su homólogo que ese desfile pletórico de pescado y mariscos de la sabia mano de Humberto Sato, era "sólo una entradita".
Tacama también se lució con su blanco de blancos, que ostentaba para la ocasión una etiqueta con las efigies de los dos mandatarios. Fujimori le regaló una buena caja de vino a Bucaram.
En Palacio la oferta de la mesa fue popular: Causa Suprema (toda una proclama binacional) y Corvina en seco a la moda huachana, más un postre de lúcuma. Siempre vino blanco nacional.
Bucaram tiene buen diente y además marinero, como buen guayaquileño.De modo que en términos de la mesa de la concordia, coincidieron los frutos del mar, el verano espléndido y los blancos vinos iqueños.La bienamada paz de los comensales.