

Piedra Sobre Piedra
Escultor José Antonio Paz Soldán en el CC católico.
El artista abrazando a una de sus marmóreas esculturas donde rescata aires marinos.
ESTABA predestinado a ser artista, por eso se volvió escultor, músico y arquitecto. Ejerce los tres oficios con igual pasión e intensidad aunque en los últimos tiempos la escultura sea la que va ganando terreno a la hora de las querencias.
José Antonio Paz Soldán Vargas (Lima, 1955) recuerda que tomaba el biberón entre bambalinas. Su madre, María Esperanza Vargas, fue cantante y bailarina de música española que ostentó el record de mantener 32 recitales seguidos en el Teatro Municipal a platea repleta. Su abuelo, don Carlos Enrique Paz Soldán, fue médico, escritor, historiador y poeta que acunó al nieto contándole infinidad de historias fantásticas que inventaba en el momento.
Sus primeros juegos de infancia ya estaban relacionados con la escultura: tallaba la mantequilla, reproducía pequeños objetos cotidianos en migas de pan y las cáscaras de naranja fueron su primigenio material de trabajo.
A la hora de elegir una profesión, José Antonio se inclinó por la arquitectura pero en los primeros años de carrera se metió a un taller de "escultura aplicada a la arquitectura" que duraba 4 meses y se quedó 7 años fungiendo de asistente del profesor. Allí aprendió la técnica del vaciado trabajando con arcilla y profundizando en los secretos de la tierra.
Sin embargo, tenía otra querencia que le tocaba las puertas del corazón. La música a través de la percusión asomó con fuerza en la adolescencia y lo absorbió por varios años. Fue acompañante de Julie Freundt, de Gianmarco y Carlos Alonso. Fundó el conjunto "Perú Expresión" dedicado a difundir la música peruana en sones y bailes típicos y con él llegó hasta México donde los aztecas apreciaron la variedad de nuestros ritmos.
Fito-Zoo-Homo en piedra.
De pronto, la escultura regresó a su vida. Es cierto que nunca la había abandonado. Participó en colectivas desde 1975 y el año pasado fue finalista en el concurso de Creatividad Empresarial que organiza Cosapi y la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Cuatro años antes ya tenía en mente realizar su primera muestra individual que ahora concreta en el Centro Cultural de la Universidad Católica. Por eso se dedicó a investigar por su cuenta y trabajar el mármol hasta extraerle el último secreto. "Es un material extraordinario porque sale de las entrañas de la tierra, donde está escondido miles de años y te elige para que seas el intermediario".
José Antonio habla atropelladamente. Salta de su infancia a sus noches en vigilia y de allí a la música y el diseño. Dice que las piedras le hablan y que sólo hay que desarrollar la sensibilidad suficiente para poder escucharlas. "Es como un enamoramiento, explica. Tienes que mirarla, seducirla, conquistarla, antes de que te deje poner las manos sobre ella". Jamás forzarla. Asegura que la clave está en quitarle a la piedra lo que le sobra y añadirle muy poco de la propia imaginación. Prescinde de los títulos, más bien mientras cincela va escribiendo breves textos que reflejan la interacción suscitada entre el material y el creador.
Interpretando un poema del abuelo "Fito-Zoo-Homo", Paz Soldán recrea el concepto conjugando en su obra los elementos de la naturaleza. Su obra, de innegables aires marinos, tiene una carga surreal, erótica, agresiva, calma, tumultuosa, como el mismo mar que lo inspira. (María Elena Cornejo).
Más de Bryce
Escritor estuvo de paso y de incógnito.
Alfredo Bryce mudó petates al sur de Francia.
El último de Bryce
EL año pasado, durante una de sus raudas visitas al país, Alfredo Bryce Echenique había insinuado la posibilidad de trasladar su residencia al Perú. El mar de Máncora, los acantilados de Miraflores y hasta la neblina sanisidrina, siguen ejerciendo una particular atracción sobre el autor de La vida exagerada de Martín Romaña. Sin embargo, la mudanza deberá esperar, porque Bryce acaba de regresar a Francia donde pasará el próximo semestre enseñando literatura en la prestigiosa Universidad Paul Valery de Montpellier.
Mientras tanto, está dando los últimos toques a su novela Reo de nocturnidad que aparecerá bajo el sello de Peisa antes que termine el verano. Precisamente esa fue una de las razones que trajo a Bryce de riguroso incógnito a Lima la semana antepasada. Su visita precedió la salida a librerías de "15 cuentos de amor y humor",
interesante antología que reúne "siglos de niñez y mil años de adolescencia en Lima, la vida de un estudiante peruano en París y la de un adulto en España". El libro recoge textos de los tres libros de cuentos que el autor ha publicado: Huerto Cerrado (1968), La felicidad ja,ja (1974), y Magdalena Peruana (1986). La característica verborrea del autor alcanza en esta selección las cotas más altas de divertimento y simpatía.
Vuelo Largo
Pilar Dughi acaba de lanzar su segundo libro de cuentos.
Pilar Dughi entrega 15 relatos en "Ave de la Noche", volumen de cuentos premiado en reciente concurso literario.
PARA Pilar Dughi (Lima, 1956) el escribir es un hecho cotidiano que no le demanda ni esfuerzos ni insomnios. Lo hace desde su más tierna infancia, al punto que cree que se expresa mejor escribiendo que hablando. Pero no es exacto. Pilar es una persona que tiene ideas claras y definidas y además es una apasionada por la literatura. Es capaz de hablar sin descanso durante un par de horas desmenuzando una idea con la minuciosidad con que un biólogo asume la disección de una planta.
Su mamá era bibliotecaria, su papá un gran lector y los juegos infantiles pasaban necesariamente por las letras. Cuando a los 14 años se fue a España para terminar la secundaria tuvo que elegir entre ciencias o letras, según ordenaba la currícula ibérica. Y contra todos los pronósticos, Pilar eligió las ciencias porque una fantasía adolescente heredada de seguro de algún libro la rondaba por entonces. Soñaba que era libre y viajaba por el mundo, pero la única manera de vivir de trotamundo era portando un maletín de médico. Decidió, entonces, seguir medicina y se especializó en psiquiatría. En las noches, claro, seguía escribiendo. Generalmente cuentos, relatos de corto aliento aunque jamás poesía. Y leía. Sobre todo ensayos y crítica literaria, pero también novela y cuentos.
Al terminar su posgrado en Psiquiatría Transcultural en la Universidad de París organizó sus dispersos afanes literarios y se matriculó en Humanidades en la Católica y allí prepara actualmente su maestría en Literatura Peruana e Hispanoamericana.
A la hora de definirse, no duda ni un instante. "Soy una escritora que trabaja de psiquiatra".
Su formación psicológica seguramente abona a la hora de construir los personajes, asunto al que dedica sus mayores esfuerzos. Pero su naturaleza curiosa y contestataria la lleva a cambiar constamente de temas, estilos y registros.
La línea argumental es lo que menos le preocupa. "Lo que interesa es cómo lo dices, el estilo. Al cambiar el contexto cultural, la calidad del público lector te señala la modalidad del registro. Creo que los hábitos de lectura varían de acuerdo a la época y eso te señala una manera de decir las cosas".
Cuando escribe lo primero que aparece es una imagen o una idea. Sobre ella investiga y se llena de datos que después verá si usa o deja en la bandeja para inventar otras historias. Sólo al último trabaja la estructura.
"Creo que la creación es andrógina", dice respondiendo sobre si existe literatura femenina o masculina. "Aunque en la percepción de la historia puede haber un sesgo de género. En todo caso yo lucho contra ese sesgo porque pone barreras a la creación".
Confiesa que tiene alguna novela inacabada en el fondo de un cajón pero que prefiere el cuento porque es de rápida resolución y no corre el riesgo de que en el camino la gane otra idea. De hecho algunas historias de la novela las ha convertido en cuento. O viceversa, si le exigían un desarrollo mayor. Lo cierto es que la vida le brinda una cantidad de estímulos simultáneos que debe procesar y decantar.
La motivan los universos pequeños, las situaciones de confrontación que se dan en las relaciones cotidianas, la noción del mal, la ambigüedad de sentimientos que pueden desembocar en situaciones inesperadas, la violencia que acecha tras rostros aparentemente serenos o impasibles.
Eso se demuestra en Ave de la noche (Peisa/APDJ) sólido libro de relatos con el que Pilar obtuvo el primer premio en el III Concurso convocado por la Asociación Peruano Japonesa en 1995. Ese mismo año, fue finalista en el concurso Juan Rulfo que convoca Radio Francia Internacional. Anteriormente había llamado la atención de la crítica con La premeditación y el azar, que apareció en 1989 después de obtener dos menciones honrosas en nuestro Concurso del Cuento de las 1000 Palabras en las versiones del '87 y '88.
Ave de la noche confirma el vuelo literario de una interesante y original escritora a la que hay que seguir muy de cerca. (MEC).