
El Show de las Armas
Inusitado despliegue policial que pudo terminar en tragedia fue preparado por el SIN y las FF.AA.
La orden fue prepararse "como para un desfile de 28 de julio", uniformes de combate, armas aceitadas y munición real. Se alquilaron alrededor de 20 parlantes. Después de los incidentes, los policías protestaron: los habían usado como carne de cañón.
Desde el 17 de enero, cuando el interlocutor del gobierno, el ministro Domingo Palermo leyó una declaración negándose a discutir la principal reivindicación del MRTA, la liberación de los presos, fue notorio un brusco cambio de posición del gobierno.
Atrás quedaron los diálogos amigables -`don Néstor, qué buen sentido del humor tiene Ud.'- y las propuestas negociadoras. La escalada siguió con la prohibición de visitas a los familiares de presos acusados de pertenecer al MRTA. Continuó con los ataques subidos de tono a los representantes del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), avalados en parte por el propio presidente Alberto Fujimori y el ministro Palermo el sábado pasado, en una mini conferencia de prensa. Y ha tenido un hito con la increíble tragicomedia del lunes, que ha dejado al país en ridículo ante el mundo entero.
EL miércoles 22, en la reunión con enviados de la prensa japonesa, el presidente Alberto Fujimori recordó que él tenía experiencia en el manejo de motines subversivos: había sofocado la revuelta senderista en el penal Castro Castro en mayo de 1992.
La estampida. Una V tupacamarista, respondida con un gesto obsceno por un policía y una ráfaga de AKM que provocó una corrida general de las fuerzas especiales.
Cuando escucharon la grabación, los estrategas del Servicio de Inteligencia Nacional saltaron de alegría. Tenían el pie que necesitaban para aplicar la fuerza, como ocurrió en aquella ocasión. Aunque esa vez, la cosa era completamente distinta: los senderistas no tenían armas ni rehenes, y era territorio nacional.
Pero la gente del SIN no estaba para sutilezas. Era lo que esperaban. De acuerdo con el general Nicolás Hermoza, comandante general del Ejército y presidente del Comando Conjunto de las FF.AA., convocaron a una reunión de emergencia con la participación de los generales César Saucedo, jefe de la 2ª Región Militar (Lima), Pedro Moreano, jefe de Estado Mayor del Comando Conjunto de las FF.AA., Juan Yanqui, director de Inteligencia del Ejército (Dinte), Juan Briones, ministro del Interior, Ketín Vidal, director de la Policía Nacional y el jefe de la División de Fuerzas Especiales (Dife) del Ejército. Por supuesto, Vladimiro Montesinos y Julio Salazar Monroe, jefe real y nominal del SIN, respectivamente, y el mismo general Hermoza.
Parlantes a la residencia. En 1992 también los usaron en la toma del penal de Canto Grande.
En un auditorio del segundo piso del Comando Conjunto, un oficial de la Dife, que participó en la operación del penal Castro Castro en 1992, hizo una exposición de los detalles de esa intervención.
Recordó, por ejemplo, que se despejó la zona de familiares de los presos y de periodistas, se realizaron desfiles militares para amedrentar a los senderistas, y se instalaron potentes parlantes para acallar los cánticos de los subversivos.
Alguien planteó entonces que sean unidades militares las que se desplieguen en el área. La idea fue rechazada: "sería demasiado provocador. Además, nosotros debemos reservarnos para el segundo tiempo".
Se acordó que sea la Policía la encargada de realizar las acciones.
En realidad, las presiones militares y del SIN ya se habían impuesto desde mediados de mes. En efecto, el 17 el interlocutor Domingo Palermo anunció que no se aceptaría como tema de conversación la liberación de los presos, cortando la posibilidad de iniciar las negociaciones con los subversivos.
Las provocaciones de agentes del SIN, que ocupan la casa por la que el comando emerretista ingresó a la residencia, arrojando piedras al jardín, son parte también de la "guerra sicológica" diseñada en ese organismo, así como el sobrevuelo de los helicópteros, que han puesto en guardia, más que a los emerretistas, a los asustados moradores de los edificios cercanos a la residencia.
Los ataques a la Cruz Roja Internacional, alentados por el SIN, forman parte también de la operación. Se trata de ir cerrando los canales de diálogo, las posibilidades de mediación y tensando la situación al máximo.
RIDICULO INTERNACIONAL
La orden de inamovilidad llegó de inmediato a la Dirección Nacional de Operaciones Especiales (Dinoes) y la Sub Unidad de Acciones Tácticas (Suat) de la Policía. Deberían prepararse "como para un desfile de 28 de julio", uniformes de combate, armas aceitadas y munición real.
Se alquilaron alrededor de 20 parlantes y se recopiló la música marcial.
Armado de una ballesta de reminiscencias medievales, un policía en aplicación de la guerra sicológica diseñada por el Servicio de Inteligencia. La Cruz Roja Internacional también fue objeto de provocaciones, pero tiene muy amplia experiencia internacional en estos menesteres. Ha resistido con firmeza y sin aspavientos, y no ha cejado en su labor humanitaria. (Abajo) Los dos extremos de las presiones, el premier japonés Ryutaro Hashimoto por una solución pacífica, asumiendo ahora un papel más activo, y el comandante general del Ejército Nicolás Hermoza apoyando una toma violenta de la residencia.
Los coroneles Julio Santillán Valdivia (Dinoes) y Juan Carlos Mejía León (Suat) fueron designados para comandar las operaciones en el terreno.
La "teoría" de los cerebros militares era la siguiente: Néstor Cerpa había demostrado ser más competente que el gobierno. Ahora las fuerzas del orden mostrarían que ellos son los que tienen la sartén por el mango, e impresionarían a los subversivos y la opinión pública con una exhibición de fuerza.
El desfile de tanques a fines de abril de 1993 en respaldo del general Hermoza, cuando una comisión del Congreso investigaba el caso Cantuta, revoloteaba en la mente de los inspiradores del operativo.
A falta de otra cosa, se decidió usar los vehículos antiminas Kaspire, de origen sudafricano, comprados por el ministro Agustín Mantilla para operar en caminos rurales, frecuentemente minados por los subversivos.
El lunes 27 fue el gran día. Los parlantes a todo volumen acallaron el himno a Los Molinos del MRTA. Los policías exhibieron orgullosos sus armas y vehículos. A la tercera vuelta un desafiante emerretista respondió mostrando la típica V con los dedos. Un policía no tuvo mejor idea que hacer un gesto obsceno y la inesperada respuesta fue una ráfaga de AKM que impactó en el Kaspire a pocos centímetros de su cabeza, sumergió a los policías en el blindaje y provocó la desbandada del resto.
La comedia estuvo a punto de convertirse en tragedia. En pocos minutos las imágenes estaban en todas las cadenas de TV del mundo, acompañadas de los comentarios burlones de los locutores. Se había hecho el ridículo internacional.
¿Qué hubiera pasado si caía un policía? Aunque parezca increíble, según fuentes castrenses, los inventores del plan no habían considerado esa eventualidad. Ellos también confiaban en que los "buenos" emerretistas no dispararían.
Aunque todo este plan tiene el propósito último de desencadenar una intervención violenta, no había nada concreto preparado para ese día en caso de una respuesta como la que recibieron.
En la noche, los policías casi se rebelaron. Estaba muy claro para ellos que los habían utilizado como carne de cañón. Las demandas no se hicieron esperar, desde seguros de vida hasta cascos especiales. Y, lo más importante: que salga el Ejército, ellos están mejor armados y preparados.
El efectivo del gesto obsceno fue castigado con varios días de rigor.
LA CRUZ ROJA
Casi desde el principio de la toma de la residencia, la Cruz Roja Internacional fue objeto de ataques de medios de prensa que habitualmente reflejan opiniones militares y del SIN. Los ataques arreciaron en los últimos días.
El sábado pasado, el propio presidente Alberto Fujimori y el ministro Domingo Palermo, en una informal conferencia de prensa, cuestionaron la labor de la Cruz Roja. Y el lunes, día de los incidentes, Palermo leyó un comunicado que oblicuamente desautoriza el trabajo de los médicos de la Cruz Roja, reemplazándolos por una comisión.
Los representantes del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) están curtidos en estos avatares y no se desaniman fácilmente. A pesar de todas las zancadillas, han persistido con encomiable paciencia, tratando de cumplir sus objetivos humanitarios. Y lo han logrado hasta ahora.
El escándalo internacional no sólo fue por la provocación del lunes pasado, sino también por el maltrato al CICR.
LA LLAMADA DE HASHIMOTO
El gobierno japonés reaccionó casi inmediatamente. Apenas producidos los incidentes frente a la residencia, el presidente Alberto Fujimori recibió una llamada del primer ministro japonés Ryutaro Hashimoto. Hablaron por 15 minutos.
El comunicado que leyó el ministro Domingo Palermo el martes, refleja el disgusto japonés. El gobierno peruano ha tenido que hacer explícito reconocimiento que "la residencia tomada goza, por la Convención de Viena, del privilegio funcional de la inviolabilidad".
Y, lo más saltante, que el presidente Fujimori "está estudiando la posibilidad de una coordinación más estrecha, a efectos de ultimar detalles para concordar posiciones respecto a la mencionada salida pacífica del problema".
Aunque el gobierno ha tratado de alambicar la frase, la idea subyacente es clarísima: los japoneses están exigiendo que cualquier medida sea consultada con ellos y que la solución debe ser pacífica.
El jalón de orejas no puede ser más obvio.
No es para menos, por cierto, porque la torpeza con que ha actuado el gobierno en los últimos días, bajo inspiración y presión del Servicio de Inteligencia y los mandos militares, ha podido desencadenar una tragedia.
Una muestra concreta de "la coordinación más estrecha", fue la participación del embajador Terusuke Terada, jefe actual de la misión japonesa en el Perú, en la reunión con el presidente Fujimori, el ministro Palermo y la Comisión de Garantes, el martes pasado.
Es decir, el gobierno en pleno de Japón en la Comisión, al lado del embajador canadiense Anthony Vincent, Michel Minnig del CICR en un papel algo incómodo y monseñor Juan Luis Cipriani.
Terada, embajador de Japón en México y antiguo jefe del Departamento de América Latina en la cancillería nipona, es un funcionario capaz y de alto nivel. Ahora, al parecer, ha decidido participar directamente en los asuntos concernientes a las negociaciones, en vista del rumbo que estaban tomando los acontecimientos.
Incluso en círculos proclives al rechazo a las presiones extranjeras en los asuntos internos, se ha escuchado decir `bienvenida esta vez la intervención japonesa'.
El embajador norteamericano Dennis Jett se ha manifestado también por una solución pacífica, atenuando la dura posición de su gobierno. Y la presencia del cardenal Augusto Vargas Alzamora el domingo pasado en la residencia, así como el enérgico pronunciamiento de la Conferencia Episcopal, muestran una mayor presencia institucional de la Iglesia apoyando un desenlace no violento.