Culturales




Realismo sin Magia
El escritor Mario Bellatín va a la conquista de México. Ya publicó su primer libro en cotizada Ediciones del Equilibrista.

De paso por Lima, Bellatín estrenó editorial y anunció proyectos literarios.

Escribe
MARIA ELENA CORNEJO
Fotos
VICTOR CH. VARGAS

"Yo me río del realismo mágico", titularon en el influyente diario El País de España, una entrevista realizada al escritor Mario Bellatín. La frase efectista que no abiertamente provocadora, obedece más a las obligaciones marqueteras de los chapetones que a los sentimientos hilarantes demostrados por el autor.
Es cierto, sin embargo, que su prosa no es tributaria del "boom" aunque sus afectos literarios rocen ocasionalmente a algunos de sus protagonistas. Bellatín cree que el realismo mágico correspondió a una generación más que a una región y que los escritores inmediatamente anteriores a él, obligados a fungir de bisagra, se encontraron con aguas pantanosas difíciles de sortear. "Es absurdo hablar de parricidio en mi caso. Lo que busco es otra manera de decir las cosas. Me interesa la ambigüedad, para que cada lector encuentre su propio libro".
En efecto, Bellatín no rehúye la realidad ni la problemática social, pero su tratamiento es elíptico, secundario. "Había una retórica latinoamericana que me impedía hablar con amplitud, porque al adoptar la forma se adoptaba inmediatamente el contenido. Era un riesgo que no me interesaba correr".
Esa fue una de las razones por las que se fue del país en 1986. Quería ser escritor, a su manera, y para ello tenía que bucear dentro de sí mismo para encontrar un punto de vista personal. Elegir sus propios referentes. Aterrizó en La Habana, Cuba, para estudiar cine en la Escuela de San Antonio de los Baños, pensando que su futuro podría circunscribirse a escribir guiones cinematográficos.
Acababa de publicar Mujeres de Sal "libro que coqueteó con el sistema en el sentido que fue producto del relajo de los escritores domingueros", pero donde ya se vislumbraba el estilo lacónico, descontextualizado, ligeramente mórbido, que maduraría en sus siguientes volúmenes.
La cotidianeidad cubana, de alguna manera "paralela" a la realidad oficial, terminaría por descubrirle un mundo a la medida de su búsqueda literaria. Pronto dejó la escuela y se vinculó con la gente del underground habanero mientras escribía su segunda novela Efecto Invernadero. "El libro se convirtió en una especie de laboratorio en el cual trataba de encontrarme a mi mismo. Es por eso que en determinado momento el manuscrito llegó a tener unas 800 cuartillas. Tuvieron que pasar unos cuantos años para, en medio de un proceso psicoanalítico, descubrir que había un libro estructurado dentro de ese mamotreto bastante informe", confesaría años después en una entrevista a una revista catalana. La terapia debió ser contundente porque desde entonces los libros de Bellatín mantienen una estricta brevedad.
El tiempo definió sus intereses. Se empeñó en crear estructuras muy cerradas, con universos paralelos e historias fragmentadas como en el cine, que han dado cabida a una obra cada vez más compleja. Su método de trabajo partía de la negación. No adjetivos, no color, no nombres, no referentes geográficos ni cronológicos. Con ese rígido sistema y respetando su tablita, fue construyendo un universo más que contando historias.
Mario Bellatín, 37, es mexicano de nacimiento, aunque desde niño vivió en el Perú. El año pasado regresó a su país de origen vinculándose con los escritores de Vuelta quienes lo invitaron a participar en una colección que reúne a prestigiosos escritores mexicanos. Hace algunos meses salieron dos de sus libros: Salón de Belleza y Efecto Invernadero, en la impecable editorial Del Equilibrista, auspiciado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

Dos cuentos a la conquista del mercado azteca.

Pero su procedencia azteca significaba también otra cosa. "Era la marca que me distinguía de los otros chicos en el colegio". Además del garfio, claro, que a Mario le sirve como mano derecha a causa de una malformación congénita. "Estos dos elementos unidos me convertían no sólo en el ser más extraño del salón de clases sino de la escuela entera", dice.
Ahora prepara Poeta Ciego, novela extraña de mayor aliento que viene trabajando hace muchos años y que espera publicar inmediatamente. Luego vendrá otra novela sobre la talidomida, anticonceptivo que estuvo en boga en los sesenta y que alteró la morfología de los fetos.
Con bríos renovados y muchos proyectos bajo el brazo, Bellatín -que será padre en abril- está por cumplir un viejo anhelo: Ser escritor a tiempo completo.


SEÑOR DEL TEATRO.- Doble acierto ha tenido la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas: hacer un homenaje a don Ricardo Blume, y publicar un breve volumen con los textos de los homenajeadores. Luis Bustamante, director de la UPC, Fernando de Szyszlo, Alejandro Miró Quesada Garland, Luis Peirano y Jorge Santistevan de Noriega, resumieron en breves y cálidas palabras la trayectoria teatral, periodística y humanitaria de Blume y éste agradece con la sencillez y bonhomía de siempre. "Me siento abrumado -o ablumado- por las presuntas virtudes o méritos que se me atribuyen", dijo el actor en la emotiva noche del reencuentro.


Mc' Ondo en Trance
Alberto Fuguet y compañía en una antología con puntos suspensivos.

MUCHAS veces se ha dicho que al hablar de una antología no es posible hablar de un libro perfecto. Para que esta pueda lograrse se debe vencer la terca resistencia de algunos autores y el criterio generalmente conservador y a veces extra literario de las casas editoras. Si bien es cierto que de algunas cosas como estas podría acusarse a Mc'Ondo, lo que finalmente cuenta es el nivel de los escritores aquí reunidos.

Todos ellos pertenecen a una nueva generación, ajena a realismos mágicos y temáticas de cuño indigenista o social. Una generación que presenta sus historias desde una perspectiva individual, dada más a la exploración de una sensibilidad personal que a la crítica social o al manifiesto político.
Son dieciocho los nombres escogidos, y pasando revista veremos que el libro se abre con uno de sus mejores cuentos: El vértigo horizontal, a cargo del argentino Juan Forn. Un protagonista atormentado y una historia por momentos desgarradora sirven de base para una sentida reflexión en torno a la imposibilidad del amor y la muerte. Rodrigo Fresán, autor de un interesante libro de cuentos: Historia argentina, se cae con un relato cuyo larguísimo monólogo se torna por momentos insufrible. Pero con el costarricense Rodrigo Soto es distinto. Su cuento Sólo hablamos de la lluvia está escrito por alguien que conoce su oficio y que anteriormente ha sido antologado junto a nombres como los de Cortázar, Bryce y Benedetti, lo que puede dar clara idea de su nivel.

No son ningunos Aurelianos pero en sus países de origen brillan con luz propia. El benjamín del grupo, José Angel Mañas(der.), ha recibido aplausos y hasta garrotazos luego de su éxito Historias del Kronen. Al lado, el chileno Sergio Gómez, finalista del Rómulo Gallegos gracias a su novela Vidas ejemplares. De Costa Rica Rodrigo Soto, un autor cuya obra merece una mayor atención. Finalmente Leonardo Valencia y la interesante creatividad en un narrador que vive en nuestro medio.

El caso de los encargados de este proyecto, Alberto Fuguet y Sergio Gómez no deja de ser curioso. Los cuentos de ambos no son, en definitiva, su mejor carta de presentación. A Fuguet más que por sus cuentos, allí está su libro Sobredosis para atestiguarlo, se le celebra por los aciertos contenidos en novelas como Mala Onda o Por favor rebobinar. Por su lado, Gómez publica sus libros con innegable éxito en Chile, pero aquí lo suyo resulta anodino, prescindible, lo que es lamentable.
Leonardo Valencia, joven narrador ecuatoriano afincado en el país, muestra en Pulsión la misma pulcritud en el manejo de recursos que puede hallarse en La Luna nómada, volumen publicado en 1995 por Jaime Campodónico. De España aparecen tres nombres y el mejor librado es Martín Casariego con su relato He conocido a mucha gente, de gran agilidad y carente de los excesos a que son tan propensos algunos de su pares. Lo de Ray Loriga, a pesar de su admirable fluidez, no pasa de recordar con insistencia al personaje de River Phoenix de My own private Idaho. Y ni hablar de José Angel Mañas -esta vez en coautoría con el inédito Antonio Domínguez- de quien se esperaba más después de una novela tan buena como Historias del Kronen. De los mexicanos sólo Naief Yehya destaca e invita a estar atentos con relación a su obra.
Y como quiera que el Perú no podía dejar de estar ausente el elegido fue Jaime Bayly. Extrañando a Diego es un cuento absolutamente decepcionante, predecible y que recae en los mismos lugares comunes de sus primeras novelas. Para quien considere a Los últimos días de La Prensa una buena novela, como realmente lo es, lo leído en Mc'Ondo le sabrá a franco y lamentable retroceso.
Más allá de los aciertos, que no son pocos, el resultado final destila irregularidad y decepciona en más de una ocasión. La validez de toda nueva propuesta se centra en que ésta realmente se logre y evite que la postura común tome la apariencia de un simple disfuerzo, de un mero pretexto para encubrir las limitaciones de las que se adolece (Pedro Tenorio Narváez).