

El Tiempo
EL Presidente Fujimori cree que el tiempo está de su parte. Lo ha dicho públicamente. Piensa que, a diferencia de los casos de secuestro, aquí los captores están tan atrapados como sus víctimas y sufren las presiones del confinamiento.
Néstor Cerpa Cartolini, sin embargo, bien puede tener razones para desear que esto dure mucho más. Protagoniza, después de todo, un episodio propagandístico mundial que es un sueño para cualquier extremista. Por qué no prolongar la función desde el centro del escenario.
Así que eso de demorar las cosas y arrastrar los pies no es necesariamente la mejor estrategia para el gobierno.
La situación está plagada de riesgos. El peor es, naturalmente, el de un estallido de violencia. Toda la solidaridad que actualmente expresan hacia el Presidente del Perú tantos gobernantes que alaban su firmeza se evaporará ante la tragedia de una matanza. Hasta la Dama de Hierro, que esta semana le besó la frente, mirará en otra dirección, y ni qué decir del Japón.
Por otro lado, el creciente sufrimiento de los rehenes terminará con cualquier atisbo de buena voluntad que haya podido atraer el MRTA en la prensa internacional.
El primer ministro británico John Major ha introducido el concepto de la prontitud en la solución pacífica de esta situación.
Ahora a todos conviene. El MRTA debe considerar que el espectáculo tiene sus límites y también la atención del auditorio y de los medios de comunicación. Y en estas circunstancias poco hay peor que sucumbir en un mar de tedio y repudio. Ahora es el momento de transar.
Por otro lado, el gobierno será sometido en el futuro a un examen sobre su habilidad para resolver esta crisis adecuadamente, y con desapego a consideraciones políticas personales y electorales.
Alusiones al "mal precedente" que crearía un acuerdo negociado se erigen como los principales obstáculos, y sigue habiendo mucha gente que cree que sólo con sangre se debe lidiar con la subversión.
Raciocinio que persiste a pesar de tres lustros en los que se mató mucho y sin mayor éxito, hasta que finalmente se aplicaron estrategias mas inteligentes, como el sistema de los arrepentidos. Este, con todas sus imperfecciones, fue crucial en la virtual derrota de las organizaciones terroristas nacionales.
Si en los peores momentos de la violencia se llegaron a idear esquemas para extraer a elementos directivos sediciosos y reintegrarlos a la sociedad, ¿es imposible imaginar nuevos conceptos en estas circunstancias cambiadas?