
La Tromba
de Febrero
La celebración del carnaval de Cajamarca y su pomposo repertorio de disfraces y ritos barriales.
Marionetas humanas del tradicional y festivo barrio de San Pedro. Derecha: Juan Miguel Serna, 75 años, venerable monarca del disfraz de carnaval.
Velludo desfile nupcial en el estadio Héroes de San Ramón.
EN febrero el que sale a las calles de Cajamarca lo hace bajo su propio riesgo. Aceite de carro, témperas, agua de caño, de lluvia y de acequia son obligado elemento celebratorio, de bienvenida a la temporada. Nadie se salva de los designios del Rey Momo. Lo interesante es que, en febrero, ningún cajamarquino -ni turista alguno- se queda en casa. La fiesta popular del disfraz y los intercambios líquidos convoca a todos por igual y los sume en una juerga sin fin. Candidatas a reina del carnaval, "jueves de compadres", exposición de disfraces, festival de coplas, arreglos carnavalescos de calles y plazuelas, comparsas y demás son parte del itinerario de febrero.
Todo líquido, sea incoloro o no, está permitido dentro de los desbordes callejeros del carnaval.
En la actualidad las autoridades eclesiásticas, policiales y cuerpo bomberil son respetados por los participantes del carnaval siempre y cuando no se entrometan. Por otro lado, la tradicional rivalidad entre los barrios de San Sebastián y San Pedro ha devenido en un enfrentamiento artístico que tiene lugar en el concurso de patrullas, comparsas, coplas y pregones. En este reto destaca con arte y maestría don Juan Cerna, de 75 años. Una exposición auspiciada por el Instituto Nacional de Cultura da cuenta de su artesanal y elegante repertorio. Napoleón, el virrey La Serna, el rey Salomón y últimamente el señor de Sipán son sólo algunos de los disfraces que él mismo ha confeccionado y vestido en éstas y anteriores fiestas.
Comparsa de los lagartos musicales en multitudinario desfile a ritmo tropical.
Es febrero, una tromba disfrazada se apodera de las calles con coplas pícaras y baldes con aguas turbias y no perdona ni autoridades ni caballeros ni señoritas. Menos aún hace caso a las ordenanzas del rey Momo, quien en esta ocasión recomendó -a través del alcalde- el juego mesurado y el respeto a los turistas. Los turistas -es febrero- estaban disfrazados mojando a los peatones.