Así no se Puede Negociar



Así no se
Puede Negociar

Con cámaras registrando las conversaciones, no se pondrán las cartas sobre la mesa.

EL informe del ministro Domingo Palermo después de la tercera reunión del sábado pasado con "El Arabe" fue desalentador. Las "conversaciones preliminares" están en un punto muerto, dijo el interlocutor al presidente Alberto Fujimori y los ministros de Defensa Tomás Castillo Meza, Interior Juan Briones, Justicia Carlos Hermoza Moya y el Premier Alberto Pandolfi.
"Que se queden allí hasta que se cansen", dijo uno de los ministros en son de broma. Al presidente Fujimori no le hizo ninguna gracia y decidió terminar allí la sesión.
En realidad, él discute los pasos a seguir con Vladimiro Montesinos y personal del Servicio de Inteligencia.

Monseñor Juan Luis Cipriani, buscando una solución a un problema en su vehículo.

En el SIN hay un grupo de asesores japoneses y norteamericanos que están evaluando diariamente la situación con Montesinos.
El MRTA parece coincidir con el gobierno en el estancamiento de las negociaciones. Uno de los acápites de su comunicado N° 9 dice que "las conversaciones no entran aún en una etapa negociadora, pues no existe voluntad para aceptar el punto mínimo que hemos planteado que es la libertad de nuestros hermanos presos".

LAS REUNIONES

El gobierno pensó que las conversaciones podrían avanzar rápidamente y que el MRTA estaba dispuesto a ceder. No ocurrió así. Además del error de apreciación sobre la importancia del tema de la liberación de los presos, la presencia de cámaras de video y grabadoras se ha convertido en un obstáculo decisivo para el desarrollo de la negociación.

El automóvil de la Cruz Roja que transporta a "El Arabe" es blindado y fue traído del Canadá.

En la primera reunión, dos cámaras de video enfocaban la mesa, donde "El Arabe", el último en llegar, ocupaba la cabecera. A su derecha estaba el ministro Domingo Palermo. Luego se ubican monseñor Juan Luis Cipriani, Michel Minnig y Terusuke Terada. Al frente se sienta el embajador canadiense Anthony Vincent.
En las siguientes reuniones la disposición ha sido la misma. Lo que cambiaron fueron las cámaras de video.
En la primera sesión, que se prolongó más de lo esperado, las cintas de video se terminaron y un individuo, presuntamente un agente del SIN, entró a la sala llevando las de recambio.
A partir de la segunda reunión, las cámaras que se han instalado se manejan desde una habitación contigua.
De todas maneras, es muy evidente que ninguno de los negociadores se siente libre para expresar sus puntos de vista.
"El Arabe" lleva siempre un aparato de radio que le proporciona la Cruz Roja para comunicarse con Néstor Cerpa, que lo devuelve una vez concluida la reunión.

En la casa de negociación equipada por el SIN, a la espera de "El Arabe".

El vehículo de la Cruz Roja que lo transporta ha sido traído del Canadá y está completamente blindado.
También va provisto de una suerte de cantimplora con agua. No prueba las bebidas ni las galletas que ponen sobre la mesa.
El lugar donde se realizan las reuniones es lo que era la sala de la casa, a la que se han retirado las alfombras y los sillones e instalado la mesa y sillas.
El recinto mide aproximadamente ocho por cuatro metros. En una de las paredes hay un espejo y al frente un armario.
En una habitación al lado de la sala, el SIN ha instalado el equipo de grabación. Cuatro agentes están encargados de manipular los equipos de video y sonido.

ASI NUNCA

Registrar en video las negociaciones o grabarlas en audio es una idea inconveniente que las dificulta.
Las partes -y en particular el representante del MRTA- tienden a hablar frente a la cámara o al micro con la idea de que cualquier cosa que digan corre el riesgo de ser hecha pública.
Frente a esa eventualidad, y también a la posibilidad de ser tomado fuera de contexto, el diálogo se vuelve mucho menos flexible. Se habla para la galería y para la historia, y se tiende a marginar cualquier intimidad o sinceramiento que pudiera facilitar las cosas.
El diálogo se iba a realizar inicialmente en una casa vecina que, según parece, había sido sugerida por la Cruz Roja. Pero el gobierno escogió la de la familia García Cassado donde el SIN instaló todo tipo de "facilidades" -algunas útiles como teléfono y fax- y otras como cámaras de video y micros.
De hecho, pocos de los presentes parecen percatarse de que las grabadoras no son convenientes.

El MRTA "justifica" la inhumana retención de inocentes achacándoles responsabilidades de gobierno.

No está claro todavía si los del MRTA habían sido advertidos de que las conversaciones se registrarían en audio o video, pero lo que sí se sabe es que el equipo estaba visible en la sala de las reuniones.
De hecho, Rolly Rojas, "El Arabe", pidió copias de los videos para seguir conversando. No se sabe si él también anda con su propia grabadora.
En esas condiciones, sin embargo, es francamente difícil entrar en los terrenos más peliagudos.
La gente del Conflict Negotiation Group del profesor Roger Fisher sugiere no sólo no grabar las conversaciones, sino ni siquiera llevar una transcripción taquigráfica, para promover la mayor flexibilidad y eliminar el temor de decir algo que eventualmente suene inconveniente.
Lo importante está en los borradores únicos que se van elaborando, idealmente por un mediador con experiencia. Los borradores, en todo caso, deben ser la única referencia sobre las posiciones.
Creen, por otro lado, que está bien que sea Rolly Rojas quien negocie con Palermo, porque son interlocutores ambos y evitan la confrontación entre las cabezas del asunto.
Consideran, además, que es adecuado que se encuentren presentes garantes y observadores, ya que pueden promover opciones y apoyar arreglos condicionados a posteriori.
Una posibilidad para desempantanar las negociaciones, sería que se vuelva a la alternativa propuesta por la Cruz Roja, una casa "limpia" de cámaras y grabadoras que permita a los interlocutores expresarse con libertad y sin temor a que sus palabras sean usadas luego como un elemento de propaganda en su contra.
Otro factor de retraso es la pública negativa del gobierno a incluir en la agenda de las conversaciones la principal demanda del MRTA, la liberación de los presos.
Ahora que los subversivos han insistido en ese punto inamovible de sus exigencias, el gobierno no puede aceptarlo como tema de discusión sin `perder la cara'. Pero tampoco puede negarse indefinidamente a considerarlo, porque las conversaciones preliminares nunca dejarían de ser tales.
Aquí se hace indispensable la participación de un mediador, que busque una fórmula ingeniosa que permita tratar el tema de los presos emerretistas sin que eso parezca un retroceso del gobierno ni una abdicación del MRTA.