
EL DILUVIO
A las 4 de la madrugada, el miércoles 19, un ruido desgarrador quebró el silencio en la campiña de Abancay.
Tres semanas atrás la sequía parecía inminente en el país entero. Ahora, el diluvio es un hecho. En Arequipa y Lima, Tacna y Bagua, Puno y Madre de Dios, los ríos colmados de agua por las persistentes lluvias de las últimas semanas, bajan cargados de ira. Los damnificados, y el número de hectáreas de cultivos perdidas ya suman los miles, pero en ninguna parte la catástrofe ha sido más grande que en Abancay. La semana pasada un huaico cobró la vida de cerca de 350 personas, y la amenaza de una tragedia mucho mayor persiste.
Nancy Ortiz Cóndor, 17. Murió en la zona de Ccocha-Pumaranra junto con otros 350 campesinos.
Walter Chipa Camacho, él y sus cuatro hermanos quedaron huérfanos.
En medio de la desolación, un aullido de miedo
Saavedra, 41, gobernador de Ccocha, fue uno de los dos únicos sobrevivientes del desastre de su comunidad. Ahora sólo le queda un gran dolor. Sepultados bajo toneladas de lodo descansan cerca de 350 vecinos.
En una de las peores tragedias naturales del país, esa madrugada un alud en las faldas del nevado Ampay arrasó las comunidades de Ccocha y Pumaranra, cobró la vida de por lo menos 350 campesinos, y dejó a más de 3,000 damnificados.
Las brigadas de rescate sólo pudieron desenterrar 52 cadáveres.
Ambas localidades, ubicadas al nor-este de la ciudad de Abancay, y a tan sólo 10 minutos de distancia por la carretera, ha puesto en evidencia la gran vulnerabilidad de la capital departamental donde viven 55,000 personas.
Según el Instituto de Desarrollo y Medio Ambiente (IDMA), las intensas lluvias están socavando seriamente la resistencia de otras laderas que también rodean la ciudad.
"El IDMA comunicó la posible desgracia una semana antes a las autoridades locales", afirman fuentes de esta institución.
Y es que dos días antes de la tragedia, el lunes 17, un primer huaico en la zona sepultó tres casas. Horas más tarde, Ccocha y Pumaranra serían borrados del mapa.
Tras la tragedia, una brigada integrada de geólogos e ingenieros de la región determinaron que la zona de Ullpuhuayco, así como también en las quebradas de Moyo Corral y Bellavista "se observa la evidencia de reptación de suelos", clara señal de peligro. "La quebrada de mayor riesgo es la de Ullpuhuayco. De ocurrir un deslizamiento provocaría daños en un 40 o 50% de la ciudad", asegura el IDMA.
DEFORESTACION Y TRAGEDIA
La zona crítica está en los límites del Santuario Nacional de Ampay, creada en 1987, y que sus zonas bajas se encuentran pobladas de bosques de intimpa, única variedad arbórea de cunífera de los Andes, y hábitat de venados, tarucas, zorros, pumas y de una gran variedad de aves.
Pero sobre todo, se trataba de una barrera boscosa que protegía a la ciudad del riesgo de desmoronamiento de las pronunciadas laderas.
Arriesgadas labores de rescate. Los caseríos quedaron sepultados bajo 20 metros de lodo. Sólo pudieron rescatarse 52 cuerpos. Hay 300 desaparecidos.
El Santuario consta de tres tipos de suelos. El piso andino, el piso montaña y el piso montaña baja. Es a través de estos suelos que corren grandes cantidades de aguas subterráneas, producto de las lluvias, los deshielos del nevado de Ampay y las filtraciones de las lagunas del Santuario.
En el nevado se localizan tres lagunas: Tornaccocha, la más alta; Uspaccocha, la de mayor capacidad (500 mil m3), y Angosccocha (130 mil m3).
El bosque de intimpa atrapaba las precipitaciones e impedía la brusca erosión de las tierras, evitando lamentaciones. Pero según el IDMA, la deforestación de la zona con el propósito de crear nuevas áreas de cultivo y la comercialización de la leña, dejó al descubierto más de 700 hectáreas. Esta es ahora la región del desastre, de donde los cuerpos salen por pedazos y las lágrimas caen al suelo igual que las lluvias, incontenibles.
El Informe Técnico de la Evaluación Geológica de la Zona de Abancay recomienda la construcción de una carretera para lograr tener un control hidrológico de las lagunas de Ampay, pero para el IDMA esto provocaría mayores desmoronamientos.
Pero el drama de los 3,000 damnificados del distrito de Tamburco, aún no acaba. No hay criterio para la reubicación, afirman algunos, pues siguen en zonas críticas. Y sigue lloviendo.
Geología de la Zona
Evaluación geológica de las montañas que rodean la ciudad de Abancay por el lado norte, efectuada después de la tragedia, afirma que existen indicios preocupantes de inestabilidad de los suelos en tres quebradas que desembocan en la capital departamental.
1) La zona de Ccocha-Pumaranra, área donde ocurrió el huaico el miércoles 19 en la madrugada. Aún persiste saturación de agua pluvial y subterránea. No se descarta nuevos deslizamientos.
2) La zona de Ullpuhuayco. Presenta riesgos de envergadura para la población. Un huaico podría afectar más del 40% de la ciudad.
3) Zona de Moyo Corral y Bellavista. Existe evidencia de reptación de suelos, afectando toda el área urbana hasta la carretera Abancay-Lima.
La deforestación ha comprometido 700 hectáreas de bosques, los mismos que representaban una barrera de protección contra los huaicos.
LLUVIAS CONTINUAS
Estas lluvias no son flor de un día. Las precipitaciones pluviales han aumentado desde octubre del año pasado en la región sur del país, en especial en el departamento de Abancay.
Según el ingeniero Félix Cubas, meteorólogo del Senamhi, éstas han superado los promedios en algunos lugares hasta en un ciento por ciento.
Tal parece que preocupados por la sequía de la región central, que azotó la zona en los meses de noviembre y diciembre, los ojos del país se centraron en esta parte del territorio descuidando la inusual lluvia que caía en Abancay. Actualmente, la preocupación ha llegado también a otras zonas afectadas por las inundaciones, como San Martín, donde los valles que componen este departamento han soportado la intensidad de las lluvias. Similar situación se vive en Puno, Cusco, Huánuco, Arequipa, Tacna e incluso Lima.
En algunos de estos lugares las precipitaciones sobrepasan los valores normales: Huánuco en 87%, Juliaca en 134%, y Sicuani 83%. Según Defensa Civil sólo en San Martín y Puno existen 14,050 damnificados y más de 7 mil hectáreas de cultivo afectadas.
Ante el desborde de los ríos a lo largo y ancho del país, y los primeros y trágicos huaicos, el Presidente Alberto Fujimori intenta dirigir las acciones de socorro personalmente. Está claro, sin embargo, que la manera más efectiva de atenuar los riesgos y brindar asistencia oportuna a los damnificados debería estar en manos de los gobiernos locales, tal como fue la lección del terremoto de Nasca. (Informe de Javier Vásquez Estrella).