Culturales




Fino y Crítico
Muestra antológica del ilustre arequipeño Jorge Vinatea Reinoso, prepara Telefonica del Peru.

Telefónica del Perú, bajo la batuta de su gerente Leandro Valencia, está preparando una gran exposición de la obra de Jorge Vinatea Reinoso, prolífico artista (poco conocido y apenas estudiado) que a pesar de su corta trayectoria, dejó una espléndida obra que testimonia la agitada historia del Perú de los años '20. A la par de la muestra, que se inaugura los primeros días de abril, se editará el libro "Vinatea Reinoso y el Horizonte Indigenista", con textos de los historiadores Luis Eduardo Wuffarden y Natalia Majluf donde se recoge toda la obra conocida -ilustraciones, pinturas, dibujos y caricaturas- del ilustre arequipeño.

Comparsa de carnaval con los típicos "antipersonajes" de Vinatea, publicada en Mundial. Derecha, retrato del artista.

TENDRIA unos 12 años cuando firma su primera obra: "Paisaje con motivo español", quizás el testimonio más lejano de su temprana vocación artística. A los 17, realiza una exhibición de caricaturas en el estudio fotográfico de los hermanos Vargas y se vincula al círculo de intelectuales que combinaban el regionalismo con incipientes impulsos renovadores.
Sin embargo, pese al precoz rastreo pictórico, es muy poco lo que se conoce de la vida de Jorge Vinatea Reinoso (Arequipa, 1900-1931). Su amplia y variada obra, excepcional mosaico de la agitada historia del Perú en los años veinte, se contrapone a su personalidad discreta, inasible "no por misantropía sino por recato espiritual", dice Carlos Rodríguez Saavedra, citado por los historiadores Luis Eduardo Wuffarden y Natalia Majluf en el libro Vinatea Reinoso y el horizonte indigenista, que Telefónica del Perú publicará en abril junto con la gran exposición antológica que viene preparando.
Pese a su corta trayectoria -Vinatea Reinoso murió de tuberculosis a los 31 años- el legado del pintor demuestra la enorme madurez de una generación formada exclusivamente en el ámbito local pero que logró concretar una tradición pictórica sin parangón en la historia de nuestro país.
Vivió en su Arequipa natal hasta entrada la adolescencia. Allí hace sus primeros ensayos en acuarela aunque sigue aferrado al dibujo humorístico, luego se traslada a Lima donde pasa varios meses haciendo caricaturas mientras busca un trabajo periodístico que le otorgue cierta estabilidad.
Con ese trazo limpio, brioso, lleno de matices y socarronería, fue inmortalizando a los últimos dirigentes de la "república aristocrática", los emergentes de la "patria nueva" leguiísta, a los líderes estudiantiles y a los personajes típicos de la sociedad de entonces.

Campesinos puneños. La querencia andina lo acompañó para siempre.

en 1919 se funda la Escuela Nacional de Bellas Artes y allí va nuestro joven artista convirtiéndose en alumno predilecto del maestro Daniel Hernández y en el primer graduado con medalla de oro. Su paso por la ENBA lo ayudó "a despojarse de los facilismos del autodidacta y de la simplificación propia de la caricatura", recuerdan Wuffarden/Majluf.
Un año después ingresa a Mundial, célebre revista de variedades que combinaba artículos de fondo con reportajes gráficos donde Vinatea Reinoso se ubicó como caricaturista y director artístico, cargos que mantuvo hasta su muerte.
Mundial no sólo fue el reducto ideal para registrar los fastos del oncenio sino el espacio donde el propio Vinatea Reinoso creó una corte de antipersonajes protagonizada por Leguía y su entorno palaciego a quienes dotó de un eficaz mecanismo metafórico. No era raro ver "la figura alta y encorvada de Foción Mariátegui, la pronunciada joroba del ministro Salazar o el perfil rotundo, piernicorto de Rada y Gamio" animando las comparsas de carnaval, las corridas de toros o la procesión del Señor de los Milagros, según mandara el calendario.
Una muestra antológica que recoja la versatilidad de Vinatea Reinoso, es la que prepara Telefónica del Perú con la curaduría de Alicia Cabieses. Son cerca de 70 obras que pertenecen a 40 coleccionistas " pero cada día aparecen más" dice Leandro Valencia, gerente de la institución auspiciadora.


Premio Ponja
El artista plástico Adrián Arias obtuvo premio de poesía.

Adrián Arias en oriental e inspiradora compañía.

"Sueños y Paranoias" es el poemario con el que el artista Adrián Arias obtuvo el primer premio en el IV Concurso Nacional de Poesía que cada dos años otorga la Asociación Peruano Japonesa con el auspicio de Norbank.
Si bien Adrián se ha hecho conocido por su obra plástica firmada al alimón con su esposa Susana Aragón, la poesía es ejercicio cotidiano de antigua data.
Empezó en el colegio pero afinó el estilo en las aulas universitarias mientras estudiaba Filosofía primero y Lingüística después. Sin embargo no concluiría ninguna de estas carreras porque las artes gráficas comenzaron a rondarlo. El cambio empero no fue impedimento para que ganara el segundo premio en los Juegos Florales de la Católica (82) y dos años más tarde la primera y única mención en el Concurso Internacional de Poesía Julio Cortázar organizado en Argentina.
A los 18 años debutó como ilustrador en la columna editorial que Luis Jaime Cisneros tenía en El Observador y en esa misma época, formada ya la dupla Arias-Aragón comenzaron los experimentos. Con el grupo "Pan Integral", 7 personas escribieron un poema a modo de cadáveres exquisitos, hicieron una performance y realizaron varios recitales.
Integrar las artes visuales (pintura, fotografía, video) se convirtió en el eje de su trabajo, aunque ciertamente sin abandonar del todo ese ejercicio solitario y silencioso de la poesía. Así se demuestra en "Sueños y Paranoias" y en el breve poema que glosamos a continuación.

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CURIOSIDAD

Ella pregunta
dime mi amor
¿siempre vamos a ser pobres?
él responde No
toma un trago de su vino barato y dice
un día vamos a morirnos.


Mal Menor

Por JAIME BEDOYA

Quiero un Clon
MITZUO Zawa, ese miserable sedicioso infantil que llenó la cabeza de tantas criaturas con mentiras acerca de una vida fácil, tenía la solución en un armario: El Hombre Par. Bastábale presionar el interruptor acondicionado en la nariz de esa suerte de robot orgánico para contar con un idéntico aunque mejorado doble que se encargaba de resolver la vida con la que Zawa, un pusilánime víctima de su propia adolescencia, no podía lidiar. Es más aún, vagamente rescato la existencia de un asistente personal del Hombre Par, el Hombre Par Número Dos, un chimpancé con estereotipada predilección por los plátanos que se encargaba de comprarle los cigarros al jefe. Mientras el doble trabajaba, Zawa vivía. Vida menor, pero vida.
¡Etica señores!, demandan algunos mandiles blancos de la ciencia que se agitan ante la clonacion de una oveja. Automáticamente se anticipan escenarios de espionaje global y complots totalitarios, posibles por supuesto dentro de la expectativa normal de barbaridades varias, pero perdiéndose de vista el factor ¡llame ya¡ de un contar con un propio clon doméstico.
Porque sería el clon, y no yo, quien discutiría con mi mujer en esa cebichería fantasma de Punta Negra sobre la frescura de unos calamares mientras el calor golpea pasados los 30 centígrados y el tema del calamar no promete llegar hacia ninguna parte medianamente iluminadora, salvo -eso si- que mediante una reacción ectoplasmática se propiciara la aparición de un calamar gigante (50 metros) que devorase el litoral, reconciliando a los sobrevivientes y esparciendo la paz marina entre la nueva raza. Y sería el clon, y no yo, quien se contentaría con desayunos a base de galletas de agua semi-pasadas interrumpidos por timbrazos de evangélicos con ganas de charla mientras ponzoñosa resaca se instala en los sobrantes de un cerebro que recuerda que, tras los treinta, todo es caída. Sería el clon, y no yo, el que asesinaría sin culpa a una señora que chantajea con una cruz en la Salaverry. Sería el clon el revolcado por la olas fétidas de la Costa Verde. Sería el clon el que invertiría atención intermitente a talk shows acerca de niños obesos con talentos paranormales que generosamente ofrece el cable. Sería el clon el antipático de carro viejo que no duerme, venera al Pollón sobre todas las cosas, y que tiene que ver a Erlo, compañero de labores, realizar todas la semanas a manera de terapia anti stress el dudoso trapecio de una pieza dental que cae y vuelve a su sitio constantemente. Sería el clon quien tendría que dar explicaciones.
Yo viviría en pijama. Y así, tras ceder enteramente al clon una vida de obligaciones y sacrificios, compensadas por supuesto con los eventuales triunfos morales de rigor, en favor de su experiencia vital y usufructo existencial, tendría el tiempo y la serenidad de espíritu para atender aquellos escasos momentos en la vida donde el caos se organiza y el devenir se dignifica. Como el día en que tenga que asistir al entierro de ese gran hombre, y mejor amigo, que fue en vida el clon.

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(Correo-e: jbedoya@telematic.edu.pe)