
Pulso Firme y Sangre Fría
El balazo de "Tito" y el juramento hipocrático de dos médicos rehenes.
Cuando finalmente fueron liberados Ariel Frisancho, responsable de la cooperación internacional en el ministerio de Salud, y Víctor Lucero, director del Hospital María Auxiliadora, dejaron en la residencia del Japón un hospital de campaña operativo y un paciente herido de bala en franca mejoría: Edgard "Tito" Cruz Sánchez, mando militar del MRTA.

Apunte del Dr. Ariel Frisancho de los primeros instantes de la incursión del MRTA. Derecha, Víctor Lucero -saliendo de la residencia con gastroenterólogo Manuel Bonilla- operó a "Tito" y se ha convertido en el médico de cabecera de rehenes y captores.
"¿Es usted médico?", demandó con dureza de campo de batalla Néstor Cerpa Cartolini.
LA TIBIA DE "TITO"
Cruz Sánchez permanece aún con una bala de su propia Kalashnikov alojada en su pierna derecha.
Esa primera noche, por cierto, la lesión de Cerpa no tenía mayor importancia. Había una mujer con 6 meses de embarazo y complicaciones serias, producto de la fuerte emoción, los disparos, explosiones y gases. Fue el doctor Frisancho quien la atendió en uno de los dormitorios del segundo piso y se enfrentó a los emerretistas, pidiendo de inmediato su evacuación.
"El Arabe", que esa noche no se mostraba tan amable, ordenó al médico que calmara a la señora. Fue, en todo caso, una de las primeras en salir cuando se dieron las condiciones.
"Comprendan la situación", invocó después Rolly Rojas.
Mientras tanto, Edgard Cruz Sánchez, "Tito", se desangraba. A pesar de ser el mando militar del MRTA, se le había escapado un tiro de la Kalashnikov y se había herido la pierna derecha.
El propio "Tito" cogió su pañuelo y se hizo un torniquete, logrando así momentáneamente detener la hemorragia. Sus compañeros pidieron la presencia de un médico. Frisancho, que había atendido a la señora embarazada, examinó también a "Tito".
Los del MRTA querían que le extrajera la bala al herido. Frisancho indicó que le era imposible. Desconfiando, los emerretistas acudieron a otro médico rehén, el doctor Víctor Lucero, director del Hospital María Auxiliadora, quien es cirujano.
Este limpió la herida y al día siguiente pidió una unidad de rayos X portátil. Los mismos médicos utilizaron la línea telefónica y ordenaron a un hospital medicinas, material quirúrgico, anestesia y los rayos X. Pero todo esto no pudo ingresar a la residencia por falta de autorización policial y coordinación con la Cruz Roja.
Mientras esperaban algo exasperados, los del MRTA pidieron que Frisancho y Lucero realizaran una selección de los rehenes que dado su estado de salud debían ser evacuados.
Ambos médicos recomendaron como primera opción a los más ancianos. Luego a los que tenían enfermedades que requerían atención. Pero los del MRTA no respetaron la lista y retuvieron a algunos de los elegidos por considerarlos rehenes valiosos.
LA OPERACION
"Tito" permanecía en el segundo piso en penoso estado, aunque desde su ubicación controlaba el sistema de video de la casa y veía y escuchaba las noticias.
Cuando llegó el equipo para la operación, "Tito" fue bajado en una silla por sus compañeros.
Cerca de la escalera del primer piso, donde Cerpa realizó su conferencia de prensa, se instaló el empírico quirófano. Se tomó la placa y ésta fue llevada por personal de la Cruz Roja a una clínica cercana de la residencia para ser revelada.
La bala se notaba perfectamente y estaba alojada entre la tibia y el peroné. El impacto había originado un orificio de entrada, y había una fisura que no dejaba caminar a "Tito".
Frisancho y Lucero: entre recetas y caricaturas.
Los médicos indicaron que era imposible extraer la bala en esas condiciones. Tanto los del MRTA como muchos rehenes del primer piso observaban la exploración quirúrgica en vivo y en directo.
En realidad lo que hicieron los médicos fue nuevamente lavar la herida y enyesar la pierna. Así Tito ha permanecido con su bota de yeso cerca de 50 días. Ahora camina como si nada, aún con la bala en la pierna.
Tanto Frisancho como Lucero eran objetos de broma. Los demás rehenes les decían: "Se fregaron. Ustedes serán los últimos en salir".
En un primer momento había 21 médicos rehenes de casi todas las especialidades, pero eventualmente fueron Frisancho y Lucero los que organizaron el botiquín. Le colocaron un rótulo del ministerio de Salud e instruyeron a varios de los rehenes sobre algunas prevenciones básicas -para tomarse la presión, por ejemplo, y para controlarla cuando ésta se disparara.
También redactaron con la colaboración de algunos otros de los galenos presentes un mini vademécum con reglas elementales para tomar ciertas medicinas.
Finalmente, se dedicaron a hacer apuntes gráficos del ambiente y sus compañeros en cautiverio. Ambos son buenos dibujantes.
Cuando el MRTA propuso finalmente la salida de Frisancho y Lucero el 22 de diciembre, ellos dudaron. Tenían una suerte de hospital de campaña ya funcionando y les preocupaba la continuidad de esa labor.
Ambos indican que después de esos primeros instantes en los que se intercambiaron tiros, perdieron todo miedo. Había bastante qué hacer. Frisancho, de 36 años, estudió medicina en la facultad de San Fernando entre los años 1980 y 1989, cuando Sendero Luminoso y el MRTA se disputaban ese centro universitario. Era la época de los llamados "comensales", senderistas confesos que vivían en esa facultad. Así que algún roce había tenido con la extrema izquierda.
Por su parte, Lucero, de 50 años, es de la primera promoción de la universidad Cayetano Heredia. Trabajó en el hospital de Chosica en la década del 80 y en las emergencias de varios hospitales de Lima. Es un veterano en atender a policías y terroristas heridos en balaceras y atentados.
Cuando fueron notificados por el MRTA que iban a salir, se enteraron de que médicos de la Cruz Roja estaban por intervenir, y eso los indujo a aceptar.
También salió con ellos el representante de la Organización Mundial de la Salud en el Perú, el doctor colombiano Elmer Escobar, quien trazó un plan y estableció una serie de medidas para evitar las epidemias. Una de las recomendaciones fue la de no tomar agua de caño. Después fue una prevención innecesaria, porque ya no hubo agua en los caños.
Cuando Frisancho, Lucero y Escobar bajaron por la escalera de la residencia fueron despedidos entre aplausos.
Lucero es quien ha regresado a la residencia en compañía de otros especialistas para examinar periódicamente a los rehenes. Los del MRTA y hasta el propio Cerpa le hacen consultas.
Sólo cabe imaginarlas: fiebres revoltosas, malestares hepáticos, dolores de cabeza.