
-¿Cree que superadas las dos circunstancias que han impedido la reunión de las comisiones especiales las conversaciones podrán reiniciarse cuanto antes y que ambos gobiernos están interesados en esto?
-El lunes a las 11 de la mañana en Quito y en Lima se anunció simultáneamente que las negociaciones de Brasilia se iniciarán el próximo martes 15 de abril. Ese día, en esa ciudad estarán los dos cancilleres quienes inaugurarán solemnemente las negociaciones y luego las delegaciones conformadas por cinco personas de cada país, iniciarán la discusión de los impasses subsistentes. Tenemos la esperanza de que ese 15 de abril se dará el inicio de una real nueva etapa en las relaciones entre nuestros dos países en donde la mesa de negociaciones, los documentos, las fórmulas, las propuestas serán el instrumento de nuestro futuro a diferencia de lo sucedido en el pasado donde lamentablemente ha sido el campo de batalla la forma como dirimíamos nuestras diferencias.
"No quisiera pensar en la posibilidad del asilo porque no hay razón para eso", dice embajador Sevilla preguntado si el Perú accede al pedido de Enrique Villón, el colaborador financiero de Bucaram.
-Sin embargo, ambos países tienen todavía mutuas desconfianzas que a veces el lenguaje y el protocolo diplomático esconden. ¿Cuánto tiempo pueden durar estas negociaciones?
-Le doy toda la razón en aquello de las mutuas desconfianzas y recelos. Recordemos un poco de nuestra historia. Vamos a tener 180 años de vida independiente y recién hace un mes por primera vez llegó un presidente del Ecuador en visita oficial al Perú. En 1992 fue la primera vez que un presidente peruano llegó oficialmente a mi país. Por eso lo que ha sucedido en los años '95, '96 y '97 es único en esa larguísima historia de desencuentros. Luego de una lamentable, difícil y gravísima guerra se llega a la Declaración de paz de Ytamaratí al inicio del año '95 que nos lleva a todo este proceso. Después de esta declaración y la de Montevideo nos involucramos en un proceso militar para alcanzar la confianza mutua. Gracias a la cooperación de los países garantes encontramos esta fórmula extraordinaria, única, que es un ejemplo al mundo: la MOMEP, constituida por parte de cuatro países amigos, de garantes de un tratado internacional, que crearon una misión de observadores militares para llegar al cese del fuego, la separación de las fuerzas, la creación de una zona desmilitarizada, la desmovilización de las tropas y crear las condiciones para la negociación pacífica. No le quiero decir que este proceso militar se ha cumplido en su totalidad, el Ecuador está muy crítico todavía de varios aspectos pero la ayuda ha sido invalorable.
-Los diarios han destacado las declaraciones del general Paco Moncayo...
-Somos críticos porque creemos que no se ha completado la desmovilización, que pueden darse otros pasos que aseguren más la paz mediante la ampliación de la zona de vigilancia de la MOMEP. Creemos que este organismo debe tomar un papel más activo en el terrible asunto de las minas pero no ha querido o no ha podido fijarse en eso.
Lo que quiero destacar es la importancia de los años '95 y '96, de los avances que hemos hecho en los campos diplomático y militar para llegar a esta confianza que no hemos tenido en todo el curso de nuestra historia. Eso no lo vamos a ganar en pocos días. Será un proceso difícil, complicado pero facilitado por las disposiciones que hemos tomado en el campo militar porque hemos decidido que jamás será la guerra el instrumento para dirimir nuestras divergencias. En el campo diplomático hemos adoptado un procedimiento clarísimo, una definición de los temas a tratarse, de los impasses subsistentes que hacen posible que como países civilizados encontremos una solución. Vamos por un camino del cual soy muy optimista.
Itamaraty, el clásico recinto de la diplomacia brasileña volverá a ser el escenario de las negociaciones.
-En ese escenario se comentaba que por cansancio y fatiga los países garantes han pugnado porque nos entendamos bilateralmente los peruanos y ecuatorianos...
-No diría que es por cansancio o fatiga sino porque hay un nuevo espíritu en América Latina. Tenemos que unificarnos o dejar de ser actores en el mundo contemporáneo. Frente a lo que está sucediendo en el mundo internacional, a las dificultades que nos da este nuevo orden internacional que comienza con la caída del muro de Berlín, con la desaparición de la Unión Soviética, con la terminación de la Guerra Fría, ya no podemos seguir divididos y con conflictos bilaterales.
-¿Lo ideal sería llegar al nuevo siglo con una solución feliz para ambos países?
-Claro, porque la solución no sólo conviene a los dos países sino a toda América Latina que debe unirse y superar estas divergencias que existen no solamente entre Ecuador y Perú, para así actuar más coordinadamente frente a este muy complejo mundo internacional que nos está siendo desfavorable. A este paso no vamos a ser actores en el diseño del nuevo mundo que se crea.
Es tan importante la participación de los garantes que la negociación de Brasilia no es entre Ecuador y Perú únicamente. Allá se ha encontrado una fórmula exacta que la hemos descrito con la fórmula matemática de dos más cuatro porque en la mesa de negociaciones vamos a estar sentados seis: las dos partes, Ecuador y Perú, y los cuatro países garantes que, como dice la Declaración de Santiago, participarán activamente en las conversaciones.
-Su análisis contrasta con dificultades que surgen en el camino por agitación de temas menores. Uno es el caso de las minas, otro es el de los prisioneros o desaparecidos...
-Hace pocos años no había ni en el Perú ni en Ecuador este consenso mayoritario a favor de la paz. En el Ecuador sectores importantes de la vida nacional estaban divididos por un mal entendido patriotismo en esa época, en donde de buena fe se creía que en ese momento la posición era exigir las soluciones maximalistas como única vía.
En el Perú era igual, no se aceptaba la posibilidad de negociar con el Ecuador porque ya todo estaba resuelto. En el Ecuador no se reconocía aún la vigencia del Protocolo de Rio de Janeiro y en el Perú no se aceptaba siquiera la posibilidad de sentarse a negociar con el Ecuador y se creía que había que imponer las soluciones. Pero la vida a unos y otros nos ha demostrado otra cosa, que tenemos un brillante futuro por delante si es que superamos este problema. En Ecuador, la mayoría amplísima de todos los sectores y del pueblo quiere llegar a una solución honrosa con el Perú. Y acá, en el tiempo que tengo en el Perú, veo la misma situación. Cada vez son menores los sectores que no quieren la paz, son menos significativos y tienen menos peso y eso es importante.
-¿Podrá el presidente Alarcón llevar las negociaciones bilaterales y compromisos sabiéndose que es interino y que tiene un mandato corto?
-El mandato del presidente Alarcón durará hasta el 10 de agosto de 1998. Creemos que desde el 15 de abril, cuando se reanude la reunión de Brasil hasta agosto del '98, tenemos el plazo razonable para alcanzar los acuerdos que buscamos. Creemos que el gobierno del presidente Fujimori en el Perú y que el gobierno del presidente Alarcón en el Ecuador tienen toda la autoridad que les da la Constitución, para llegar a un acuerdo tan importante como éste.
-¿Podría haber un posible encuentro entre el presidente Alarcón y el presidente Fujimori en un plazo relativamente corto?
-Claro, ¿por qué no? Eso es importante pero no es lo fundamental. Lo fundamental son las negociaciones de Brasilia.
Ahora bien, no sólo para esto sino para muchas cosas es importante el contacto personal entre cancilleres, autoridades y más aún entre presidentes. Próximamente habrá encuentros, se ha previsto una reunión del Grupo Andino en Sucre, lo cual será una oportunidad para que los presidentes conversen. Paralelamente a las negociaciones de Brasilia y a los encuentros oficiales, lo importante es seguir trabajando en muchos otros campos que por estos desencuentros se han ido quedando atrás. Para eso he venido acá y he encontrado una gran acogida en el Perú.