
Disipando el
Humo Negro
Japón vuelve a reclamar una solución pacífica a la crisis de los rehenes, mientras extraños atentados enrarecen clima político.
48 horas antes de la llegada de vicecanciller japonés, supuesto
asalto del MRTA en La Victoria concluyó en descomunal incendio.
LA madrugada del martes el vicecanciller japonés, Masahiko Komura, descendió por la escalerilla del avión que lo había traído hasta Lima con un rostro agestado. Parecía como si desde el saque hubiera percibido la atmósfera enrarecida que, a más de tres meses de iniciada la crisis de los rehenes, se respira en la ciudad.
Los humos del extraño incendio provocado el sábado 15 por presuntos miembros del MRTA en La Victoria, la suspensión de las conversaciones entre gobierno y emerretistas para entrar a un "tiempo de reflexión", y el descubrimiento de un nuevo túnel por el que algunos menores de esa organización pensaban fugar del centro de readaptación de Maranga, han pintado un escenario en el que las posibilidades de una solución pronta y pacífica de la situación en la residencia japonesa lucen más borrosas que nunca.
Vicecanciller del Japón, Masahiko Komura, ingresando a Torre Tagle. Luegó voló a Santo Domingo y Cuba.
La visita de Komura tiene por eso todo el aspecto de ser un gesto de Tokyo para presionar al gobierno peruano a que dé señales claras de su compromiso con esa opción.
SAKE Y VOLTEADO
En realidad, la agenda que el funcionario nipón apuró en su único día de permanencia en Lima antes de partir con rumbo a Santo Domingo y Cuba, deja poco espacio a las dudas. Primero se reunió con el embajador de Canadá y miembro de la comisión de garantes, Anthony Vincent, luego con el presidente Fujimori -a quien entregó una carta personal del primer ministro Hashimoto- y, por último, con algunos de los familiares de sus compatriotas en rehenes. Al final de la jornada, un representante suyo declaró en conferencia de prensa que Komura había expresado al gobierno de Lima los deseos del Japón de que se "acelere" el proceso de solución pacífica. Más claro, el sake.
El gobierno, pues, parecería verse ahora en la necesidad de jugar mucho más seriamente la carta de la negociación. Pero para un Presidente que presenta todos los síntomas de quererse hacer reelegir en el 2000 y cuyo capital político más importante son sus victorias sobre la subversión, reconocerle al MRTA el estatus de parte en un diálogo es un trago muy amargo.
El asunto del(os) túnel(es) fue un golpe al plexo a la labor de los garantes. El diálogo sigue virtualmente suspendido.
SIGUE FALTANDO MEDIADOR
Por otro lado, los recursos del gobierno para enfrentar un proceso de este tipo no son los mejores. Para empezar, la imagen de su interlocutor oficioso, el ministro Palermo, ha quedado mellada tras la noticia del túnel.
No se cuenta tampoco con un mediador, que es la figura que podría contribuir a aproximar los intereses de las partes a través de sucesivas propuestas (Ver CARETAS 1448). Algunos de los garantes vienen mal que bien cumpliendo últimamente esa función, reuniéndose por separado con cada una de las partes, pero no son idóneos para el papel.
En el caso del embajador Vincent porque, más allá de su experiencia y sus buenos oficios, no tiene un dominio del español que le permita comunicarse adecuadamente con las partes, lo que resulta fundamental en este tipo de dinámicas.
Y en el caso de monseñor Cipriani, porque su cercanía al gobierno lo aparta del perfil neutral que se requiere para desempeñar el rol. Su invocación pública del lunes último a que los emerretistas depongan las armas para dar paso al "perdón y a la reconciliación" es absolutamente razonable, pero lo descalifica como mediador porque lo identifica con una de las partes. Así de sencillo.
Ex ministro aprista, Gustavo Saberbein, sufrió un atentado el domingo. Una semana antes hizo pública sus discrepancia con el desempeño de Palermo.
GUERRA DE TUNELES
Pero los problemas para la negociación no sólo vienen por el lado del gobierno. Aun cuando declare a los cuatro vientos su intención de solucionar la crisis por una vía pacífica, Cerpa parece estar disfrutando de la exposición pública que le permite el entrampamiento de las conversaciones. No parece ser un representante muy claro de esa "guerrilla dialogante" que hasta para Sendero Luminoso sería el MRTA (ver recuadro).
Cada vez hay más indicios de que él sabía desde hace algún tiempo de la existencia del túnel bajo la residencia y que esperó un momento políticamente propicio para soltar la bomba y complicar, de paso, el diálogo. Al afán de empañar la imagen creada por el Presidente tras su visita a Cuba, viene a sumarse ahora el descubrimiento del túnel de Maranga, por donde aparentemente estaban por fugarse dos menores emerretistas capturados junto con Miguel Rincón en 1995.
Al parecer, la fuga se iba a producir pocos días después de la denuncia del túnel de la calle Marconi, con lo que la jugada propagandística de Cerpa habría salido redonda, pues hubiera sido como decirle al gobierno: "tú no sabes hacer túneles y utilizarlos; yo sí, y ya te he hecho dos".
Ingenioso, pero las negociaciones se habrían enredado más. A Cerpa, es obvio, también le hace falta un mediador que, como una suerte de analista, lo haga tomar conciencia de las limitaciones de su posición.
El lunes los rehenes cumplieron tres meses de cautiverio. La protesta no se hizo esperar.
Publicidad para su agrupación y una forma de salir del país con una cierta aura victoriosa son cosas que ya consiguió. Liberar a sus camaradas presos, en cambio, es algo que hasta él debe saber que está fuera de sus posibilidades. Y sin embargo sigue haciendo aspavientos con el tema.
No sería raro por eso que el empujón nipón traído por Komura para precipitar la negociación en serio le haya llegado también al cabecilla emerretista el mismo martes a través del embajador Vincent, quien visitó la residencia sólo horas después de haberse entrevistado con el vicecanciller japonés.
EXTRAÑOS ATENTADOS
No obstante, la posibilidad de que el empujón rinda frutos y de que el "humo negro" que hasta ahora ha brotado por la chimenea de la casa de las negociaciones se disipe, es de pronóstico reservado, pues la solución pacífica tropieza con cabes por todos lados.
Colombiano Rosemberg Pabón, 17 años después anda escoltado y en carro blindado.
Ahí están, por ejemplo, los extrañísimos atentados del último fin de semana contra la fábrica de hilados de La Victoria y luego contra el ex ministro de Economía aprista, Gustavo Saberbein. Cualquier suspicaz diría que parecen episodios provocados para crear la sensación de que hay un rebrote de la actividad terrorista en Lima y echar así más leña al fuego de los que promueven la solución militar. Saberbein, por lo pronto, se apresuró a responsabilizar al SIN de lo que sucedió con él.
La reciente presencia en Lima del ex miembro del M-19 Rosemberg Pabón para perorar con "burguesa" parsimonia sobre sus viejas experiencias revolucionarias, debería sin embargo hacer pensar a quienes tienen la responsabilidad de enfrentar la crisis de los rehenes que, así como Cerpa tomó lo sucedido hace 17 años en la embajada de República Dominicana en Colombia como ejemplo para crear el problema, ellos también podrían aprender algo de la forma como éste fue solucionado.
Sendero se Pica
Según Arce Borja, toma de la residencia es teatral y no revolucionaria.
Arce intenta ningunear al MRTA.
LA resonancia alcanzada por el MRTA con la toma de la residencia del embajador de Japón en Lima no le ha gustado nada a Sendero. En un prolongado artículo enviado hace poco a las redacciones de diversos medios locales, el vocero de esa organización terrorista en Bruselas, Luis Arce Borja, sostiene con poco disimulado fastidio que la publicidad que rodeó a esa acción "no ha podido ocultar sus ribetes teatrales y hasta ridículos" y que ella "no busca ningún objetivo revolucionario". "Por el contrario -afirma- sirve fundamentalmente a los planes político-militares del gobierno peruano y de los norteamericanos".
A lo largo de 26 páginas en las que curiosamente recurre a giros tomados de los evangelios y hasta "denuncia" la corrupción estatal producto del narcotráfico, Arce se esfuerza por demostrar que el único propósito del MRTA es "buscar el diálogo y capitular frente al gobierno peruano", porque es un grupo "cada vez más aislado y corroído por sus vendettas internas" y que "no tuvo ni tiene ninguna significación en el medio político peruano".
La principal "acusación" contra los emerretistas es su propuesta para llegar a un acuerdo de paz. Esto, según Arce, busca únicamente "aislar a la guerrilla maoísta" y presentarla como "una banda de desalmados, terroristas que asesinan por placer a la población civil", lo que sería "un regalo de los dioses para Fujimori".
Buena parte del artículo está dedicada también a negar el carácter marxista-leninista de la organización tupacamarista y su "jefe", Víctor Polay Campos. A este último lo considera en realidad un "aprista camuflado" , a raíz de su antigua militancia en el partido de Haya de la Torre.
En general, la pretensión de Arce de ningunear al MRTA como movimiento subversivo se ve traicionada por la sola extensión del texto que le dedica. Pero, además, ahí están los cadáveres y destrozos que los emerretistas han dejado tras de sí para recordar que ellos también tienen una importante dosis de responsabilidad en el triste baño de sangre que ha afectado al Perú en los últimos quince años o más.