Cine-TV

La Importancia de ser Ernesto
Las tribulaciones de la Chola Chabuca.
Por FERNANDO VIVAS SABROSO
"¿Entre tantos cambios de sexo, contraste racial y choque de culturas, no tienes problemas de identidad?" Empiezo con la pata en alto pero la Chola me pone delante sus botas doradas cuarentitantos, taco ladrillo 17 cm. "No, porque soy un actor". Un actor muy "self-conscious" como dirían los gringos, hiperconsciente de sí mismo aunque no autoindulgente; una chola heráldica, portadora de muchos mensajes, todos ellos democráticos y nacionalistas, dichos de tal forma que con el tiempo pueden irse trocando más obvios y menos chistosos, como los de Cucho Cacho, su parodia reformista de presentador de MTV. Pienso todo eso pero sólo le digo que la admiro. Le hablo en femenino hasta que se quita la peluca y veo un pecho plano. Me quita la observación de la lengua: "Esto no es ninguna transformación". "Ya sé, eres un actor, pero, oye, en Nueva York serías una drag queen". "No estamos en Nueva York, aquí me ven de otro modo, sin esas implicancias; pero sí sé que en otros lados se rayan, me llegan varios mensajes por el Internet pidiendo explicaciones".
¿Acaso hay una explicación para Chabuca? Son demasiadas las lecturas que se cobijan bajo el generoso manto protector de sus polleras. A las cholas se les aguanta todo porque son unas desclasadas. "¿Ernesto, tus campañas reivindicadoras de la cultura andina, tu caricatura de la alienación rockera, toda esa pesada carga que llevas con humor tan fino, te nacen de alguna razón personal o de un convencimiento, digamos, teórico?" "Mira, yo y toda mi familia somos costeños, soy huérfano y blanquiñoso"... Y te llamas Ernesto. Confirmado, Pimentel es una criatura política. En buena onda.
Los mensajes de la Chola pueden ser más claros que el agua pero sus personalidades siguen desafiando tipologías. "Ernesto, te sientes parte de una generación, te sientes cercano a otros actores de `Risas y Salsa'?" "No, estoy muy aislado". No necesita decírmelo. Efraín Aguilar, el director no sabe si llamarle Chabuquita o Ernestito y el resto del cast sufre para grabar las carcajadas. En "R y S" todos son claqué de todos pero cuando graba Chabuca la armonía tambalea. Los colegas ríen y meten chongo donde no deben. Terminada una entrevista con Antero Flores, que siendo habitualmente tan simpático estuvo algo mosqueado ante Chabuca, la claqué empezó a corear "¡beso, beso, beso!" "El beso se lo va a dar su mujer en su casa" vociferó Ernesto. El congresista suspiró aliviado. La Chola es temida y recelada, pero también admirada. Nadie había tenido un espacio tan independiente en caos colectivo; se lo respetó Guille y ahora se lo respeta Betito Aguilar. Hay Chola para rato.
Todo por Rita
El príncipe Aly Khan la cubrió de joyas y Orson Welles la colmó de maldiciones, pero cada uno la amó a su manera. Cuando Orson quiso con "La dama de Shangai" hacer un filme negro sobre fondo negro, destrozó la mítica cabellera pelirroja de Rita para platinarla sin asco. Ella se dejaba como se dejó conquistar, siendo una seductora nata, por Glenn Ford en "Gilda". Tal vez ésa no sea su mejor película pues Shangai es fascinante, pero es donde aparece más hermosa. Es el centro de la escena y blanco del deseo,
del pasado suspendido en el aire y del futuro culposo. Su presente aventurero es el de una devoradora que se deja devorar por las circunstancias, tan exóticas que la quisieron cantando en inglés en un cabaret de `Buennos Airress' y perpetrando el legendario strip tease de guantes que no nos pesa para nada que se haya convertido en lugar común de la memoria cinéfila. Es más, debiera reemplazar al más aparatoso revoloteo de faldas de Marilyn en "La comezón del 7mo. año". Por Rita, aunque su filmografía posterior a la época dorada, mal nos haya pagado.
(Vea "Gilda" este jueves en Cinemax a las 12.45 m.).
Doble Noticia
Sanas costumbres aquellas de levantarse tarde los domingos, y de acostarse temprano los días de semana. El riesgo, perderse las emisiones en directo de importantes programas noticiosos como lo son Contrapunto y En Persona. La solución es el diferido. Contrapunto se retransmite los domingos a las 11.45 p.m., mientras que Uranio repite a Hildebrandt de 7 a 8 a.m. de martes a sábado.
Carmín III
El que no conoce su telenovela, está condenado a repetirla. Aplíquese a Carmín I, Carmín II, y tenemos Torbellino. Reciclada en formato MTV/Casa Dasso, la situación de las alumnas disforzadas que abusan del profesor tímido vuelve a la carga. Sin embargo, nuevas generaciones poscarmines, no necesariamente advertidas del deja vu, han hecho válida la propuesta, al menos en términos de lo que al rating se refiere. Lo interesante: ver quiénes aparecerán como las Carlas, Leslies y Julianes del Tercer Milenio.
Hermano Gemelo
Se fue y vino, vino y se fue. Manolo Rojas, o Brother Pablo según su encarnación televisiva, ha sido el último protagonista del melodrama de equivocaciones contractuales del show business local. Sólo conversamos, y demás ambigüedades hicieron que, mismo clon, Rojas estuviese al mismo tiempo en los dos programas cómicos rivales. Superados los impases subsistentes, Rojas tiene toda la cancha de Risas en América para reafirmarse como el ya reconocido cómico que es. La pregunta, hermanos de Perusalem, es ¿será imitador de un solo personaje?