

Por AUGUSTO ELMORE
HACE poco tuve la experiencia aleccionadora de visitar Villa El Salvador muchos años después de la primera vez que pisé lo que entonces era un arenal. A veinticinco años de su fundación, Villa El Salvador se ha convertido en una demostración del empuje de los peruanos humildes, y no creo equivocarme si aseguro que debe de ser el distrito más pujante del Perú. Es más, recomendaría a los pobres de otras circunscripciones darse una vuelta por allí para contagiarse del ánimo que se nota en sus habitantes, toda gente laboriosa y progresista, al punto que Sendero le hizo el honor de dedicarle algunos atentados, sabiendo que en el ejemplo y el espíritu de Villa El Salvador se encontrará siempre la más efectiva muralla contra sus avances. Mientras en otros distritos gimen bajo el oprobio de la pobreza, en Villa El Salvador rompen cadenas y se hacen libres a fuerza de trabajo.
Claro que no todos pueden contar con un timonel como Michel Azcueta -uno de los que sufrieron el ataque de S.L.-, ni con ejemplos como el de María Elena Moyano, cuyo espíritu imperecedero la sobrevive. Lo cierto es que quien llega a Villa El Salvador de visita desde un barrio burgués como Miraflores, no puede sino admirar ese espíritu de colmena que se nota en sus habitantes. Uno va por las aún polvorientas calles y las ve concurridas por gente en actividad, cada quien haciendo lo suyo en perfecta comunión de obra. Creo que allí sí se lució la izquierda y su afán solidario, porque hay que reconocer que es a la izquierda fundamentalmente a la que se debe ese milagro en el arenal que es Villa El Salvador. Una izquierda que nunca fue más creativa y menos conflictiva que allí. Allí donde las manos se unieron para construir una ciudad, crear trabajo, suplir carencias. ¡Gracias Villa El Salvador por tu ejemplo de un Perú que marcha hacia el futuro! En abril del año pasado cumplió 25 años de vida. ¡Larga y fecunda vida, Villa El Salvador!
Como era de esperar en un país en el que la justicia anda por las patas de los caballos, y en donde la lenidad es ley, la Segunda Sala Penal de la Corte Superior de Ica revocó el mandato de detención para los alumnos de la Marina de Guerra del Perú, cambiándolo por orden de comparecencia, que como sabemos es lo mismo que nada, porque esos cafres de uniforme comparecerán cuando les dé la gana. Además, la misma Sala se burla del Perú y sus bienes culturales dejando sin efecto la sanción económica de diez mil soles, aplicándoles una caución de 500 soles, suma absolutamente ínfima e indignante si se considera el grave daño causado al geoglifo. Todo ello me parece absolutamente escandaloso. Si en algo aprecian la cultura peruana las instancias superiores -si es que existen- de la mal llamada justicia peruana deberían revocar ese inmoral y desmoralizador fallo y revocar también a la Sala que lo dictaminó. Esos ineptos jueces lo único que han hecho -aparte de tolerar la influencia de la Marina de Guerra en sus fallos- es autorizar y estimular nuevos atentados contra el extraordinario geoglifo de Paracas, tan reiteradamente castigado en los últimos tiempos.
Un país que no respeta y hace respetar su legado cultural, no es un país, sino apenas una cosa.
Mal debe andar la disciplina en la Marina de Guerra del Perú cuando no sabe castigar debidamente crímenes como el cometido por los alumnos de su Centro de Instrucción Técnica y Adiestramiento Naval. ¡Y pensar que el Centro Naval tuvo el cuajo de ofrecer recientemente un curso a jóvenes corresponsales acerca de los valores de la cultura! ¡Qué tal cuajo!
Debo contradecir al comentarista de televisión de esta revista que en la edición pasada, refiriéndose al frustrante debate Diez Canseco-Rey, se refirió a un supuesto "inalienable derecho" a declarar que supone tienen los terroristas. No existe ese derecho, que mucho menos es inalienable. Nadie que amenace con armas en la mano tiene derecho a declarar lo que se le antoje. El uso ilegal de la fuerza inhibe al derecho.
La libertad de prensa no nos autoriza a los periodistas a otorgarle armas al enemigo de la sociedad. La palabra es un arma que puede hacer más daño que un FAL, si lo que se dice agrede las normas civilizadas, como es el justificar el secuestro, encierro y probable asesinato de 72 personas inocentes.
¡Qué tal desbarajuste para el pago del impuesto automotor! Como el supuesto recibo que debería haber llegado por correo no llegó, el trámite de aquellos que querían pagar el tributo consistía en ir a la municipalidad de Lima, para de allí ser enviados al Centro Cívico, que no está propiamente a la vuelta de la esquina, en donde tras gigantesca cola se exigía la declaración jurada, porque no bastaba el recibo anterior, lo que exigía otras tantas colas en diversas dependencias. Resultado: el no pago del impuesto. ¿Fácil, no?
¿Quién hizo correr el rumor -irresponsablemente reproducido en la prensa y la televisión extranjera- de que el gobierno, Fujimori en realidad, había retrocedido notablemente en su posición y estaba dispuesto a liberar a más de 400 emerretistas condenados? No cabe sino que haya sido el propio MRTA, del que algunos periodistas extranjeros se han convertido prácticamente en voceros.
¿Qué impide a un emerretista que desea la paz inscribirse en el Registro Electoral -tras aportar las firmas requeridas-, e inaugurar un nuevo partido para luchar por sus reivindicaciones en forma legal? Lo único que lo impide en verdad es el poder obtener las firmas, porque ya nadie en el Perú se embarca en ese tipo de aventuras políticas. Quizá la solución que propongan en el futuro sea la de secuestrar un centenar de personas para exigir la rebaja de las firmas necesarias para la inscripción de los movimientos o partidos. ¡Así cualquiera!