Jugando con Fuego


Jugando con Fuego
Que arda Troya si con eso el gobierno logra frenar a Andrade. Una consigna absurda.

Policía sonríe en plena marcha de los ambulantes de Huallaga. La orden de no actuar viene de arriba.

LAmadrugada del Domingo de Ramos los vecinos del Centro de Lima despertaron sobresaltados por una serie de detonaciones, incendios, trifulcas y gritos.
Las sirenas de los bomberos y una densa humareda proveniente de las inmediaciones del Mercado Central hicieron pensar que otra vez, como hace 30 años, el centro de abasto de El Cercado era pasto de las llamas.

Alcalde Andrade: justa indignación por una pasividad que pudo costarle muy caro a Lima.

Al observar las calles, los vecinos se dieron con la sorpresa que no ardía el mercado pero que a sus pies se libraba una batalla campal. Unas 2,000 personas armadas de piedras, fierros, palos y bombas molotov atacaban, con saña gangsteril, a 250 policías municipales que custodiaban las inmediaciones de la cuadra 5 del jirón Huallaga, algunos de cuyos edificios empezaban a arder.
En esa calle había ocurrido un desalojo violento en las primeras horas del lunes 16 de marzo, con un saldo de 38 municipales heridos. La batalla se agravó porque la policía no intervino, no obstante que la Dirección Municipal de Vigilancia y Control había enviado anticipadamente un oficio el 12 de marzo al jefe del área V de la Policía Nacional, coronel Carlos García Molleda, solicitando el apoyo policial.

Hora: 4 a.m. Esquina de Huallaga y Ayacucho. Los altos es la sastrería Nobila que se incendió íntegramente. Abajo, policía municipal herido por ladrillazo.

Si bien se logró el desalojo, los días subsiguientes se vio gente merodeando la calle y tratando de organizar la resistencia. Elsie Guerrero, directora Municipal de Comercialización, temiendo una contraofensiva, remitió el 17 de marzo un oficio a la Comisaría de San Andrés pidiendo protección. Asimismo, se dirigió al prefecto de Lima, Juan Cruzado Mantilla, en ese mismo sentido.
Como era de esperarse, no pasó nada.
En los días siguientes, los comerciantes se comprometieron a dejar el jirón Huallaga y trasladarse a la zona de Tomás Valle, donde el Municipio a su vez se obligaba a iniciar trabajos de rehabilitación de pistas y veredas. No se cumplió con el acuerdo. La arteria fue ocupada inmediatamente por otros comerciantes y una serie de sujetos patibularios y violentistas que amenazaban con incendiar el Mercado Central.
El viernes 21 era claro que se preparaba un ataque similar al ocurrido en diciembre del año pasado en las inmediaciones del Convento de Santo Domingo (CARETAS 1444), con palos, bombas molotov y hasta granadas lacrimógenas.
Corrían los oficios a diversas oficinas policiales. Todos decían lo mismo: se teme una nueva asonada, es preciso contar con el resguardo policial, la ciudad no puede estar a expensas de grupos vandálicos menos en una zona que equivale a un polvorín por el hacinamiento y vulnerabilidad.
No hubo ninguna respuesta, ni siquiera telefónica.
Lo que ocurrió el domingo de Ramos estaba cantado. En las primeras horas, una perforadora llegó a la cuadra 5 de Huallaga para iniciar el levantado del asfalto y veredas. Allí empezó todo. Los grupos que estaban en la calle comenzaron a arrojar piedras. Al no llegar la policía, se determinó que un grupo de municipales custodiara a los trabajadores.

Jirón Andahuaylas con Huallaga, una cuadra antes del Colegio Mercedes Cabello. Una densidad mortal.
Abajo, izquierda, Nicolás Giha de la sastrería Nobila muestra estragos. A la derecha, cartel siniestro y amenazante.

Cuando los azules se interpusieron para proteger a los obreros, empezó la lluvia de bombas molotov, piedras, ladrillos y hasta bombas lacrimógenas. Hubo que retroceder. Los revoltosos subieron a la azotea de uno de los edificios y cuando la policía municipal entró a la calle, se desató otra lluvia de bombas incendiarias esta vez acompañada de balazos y otros explosivos.
Una de las molotov dio en la ventana superior de la Sastrería Nabila, en Huallaga 598, y empezó el incendio. Las compañías de bomberos que están exactamente a la espalda de esta calle intentaron llegar a la esquina siniestrada por el jirón Ayacucho. No pudieron pasar por la cantidad de quioscos que ocupan la calle y, lo que es más grave, fueron atacados a bombazos. El resultado: otro incendio, esta vez en una galería.

Grupo de dirigentes de comerciantes del mercado central capitaneados por Roberto Araujo salen del Congreso.

Las pérdidas superan los US$ 700,000. Nicolás Giha Kaik, dueño de la Sastrería Nabila calcula en US$ 400,000 lo que el fuego se llevó de un local en el que ha trabajado más de 20 años. "¿A quién voy a denunciar por esto? Lo único que me queda es seguir trabajando. No hay más que hacer", dice resignado.
Pero el vandalismo no se detuvo con el incendio. Diezmado el grupo azul, los exaltados se dividieron. Unos trataban de cortar las mangueras de los bomberos y otros salieron hacia la avenida Abancay ya no sólo por Huallaga sino por Ucayali y hasta Cusco apedreando a cuanto auto pasara por allí. Un camión de Relima fue atacado y sus trabajadores arrancados a viva fuerza para lincharlos. La policía municipal los rescató y logró apresar a uno de los autores del ataque pero cuando se le llevó a la Comisaría de San Andrés, la delegación inexplicablemente se negó a recibirlo.
Como consecuencia del ataque resultaron heridos 129 policías municipales que fueron derivados a diversas clínicas y hospitales; inutilizadas o con averías siete unidades del serenazgo, una ambulancia y el camión de Relima.
La inacción policial es inexcusable. El comandante de San Andrés, Tomás Chumacero alega que sólo tenía tres días al frente de la dependencia policial y que desconocía las acciones que emprendería la municipalidad. En cuanto al prefecto, que había viajado fuera de Lima, dijo el martes que no estaba al tanto del operativo. Sin embargo, una semana antes, el lunes 17 la Dirección Municipal de Comercialización le había solicitado apoyo. Mientras tanto, el lunes los comerciantes que tienen un sindicato que lidera Roberto Araujo marcharon al Congreso, a Palacio de Gobierno, a la Municipalidad de Lima y al ministerio Público para indicar que ellos han comprado un terreno de 10,000 metros cuadrados en la zona de Tomás Valle y que quieren que se reanude el diálogo con la MML porque están dispuestos a dejar la zona en un período que vence el 30 de junio. La denuncia ante la Fiscalía de la Nación es para que les garanticen la devolución de su mercadería decomisada. De lo que no hablan es de la responsabilidad que les cabe ante las pérdidas ocasionadas a la propiedad privada y la turbamulta causada.
El vecindario de la zona teme que se desate otro hecho violento pues, según dicen, cada carreta tiene botellas con combustible. "Incluso hemos llamado a la comisaría de San Andrés para que se den una vuelta pero tienen el teléfono descolgado", dice María Gómez, una vecina de la Calle Lechugal. Teléfono descolgado, el hecho es que la comisaría está exactamente en línea recta a dos cuadras de la zona siniestrada y las detonaciones del domingo se escucharon al menos a diez cuadras a la redonda, eso sin hablar del fuego que iluminaba el cielo. "Aquí no hay inacción policial sino intencionalidad política", sentencia el alcalde Andrade que atribuye responsabilidad directa al ministro del Interior, general Juan Briones Dávila.
"Esta vez se han quemado dos edificios y los demás se han salvado de milagro. ¿Qué quiere la Policía, que muera gente para empezar actuar?", se pregunta indignado el alcalde Andrade.