

Por AUGUSTO ELMORE
QUIEN vive o trabaja en Jesús María puede dar fe de la buena labor que en términos generales realiza la alcaldesa Francisca Izquierdo, pero creo que eso no le da derecho a habérsela emprendido contra el Instituto Peruano de Seguridad Social, como lo hace con la pancarta que ha colocado atravesando la Av. Arenales en la esquina con el Jr. Domingo Cueto, en la que arbitraria -y risiblemente- le atribuye a la primera institución social del Perú las dificultades del tránsito que sufre esa intersección por haber usurpado, dice, el uso de una cuadra de Mariscal Miller, esa calle que comienza y termina en ninguna parte, y cuya entrega al IPSS no solucionaría problema de tránsito alguno.
El hecho de que esté desarrollando una que, sin falsa modestia, considero importante actividad social y cultural para el IPSS, no me inhibe de defenderlo en algo que me parece justo, como alguien de mala fe podría sugerir. Este hecho más bien me permite conocer de cerca que el uso que le da la institución a esa cuadra de Mariscal Miller en disputa sólo facilita la labor eminentemente social que lleva a cabo en el Perú el IPSS, al que toda autoridad edilicia le debería guardar más respeto que el que parece tenerle la alcaldesa Izquierdo, que bien podría dedicar sus energías a algo más positivo y útil que, entre varias cosas más, cuestionar la construcción del importantísimo Centro de Hemodiálisis, por el simple hecho de aparentemente no haber cumplido con exactitud con todos los pormenores de la licencia respectiva; cosa de la que dudo por otra parte.
Lo que ha motivado estas líneas ha sido sobre todo la arbitraria y, ya lo he dicho, risible acusación de congestionar el tránsito que públicamente le hace la alcaldesa al IPSS, en los carteles a los que me he referido. La calle Mariscal Miller -así el IPSS la abriese al tránsito perdiendo una zona de seguridad que le es imprescindible- no aliviaría la circulación de vehículos en el distrito absolutamente en nada, porque esa calle, como lo tengo dicho, empieza en ninguna parte, es decir la Av. Cuba, y termina a apenas seis calles de distancia en otro lugar sin continuidad, es decir la Av. Canevaro. No veo cómo evitaría los problemas de tránsito en la siempre congestionada Av. Arenales.
El señor Alan García, que no se pierde una, por decisión judicial que le ha sido favorable, está a punto de cobrarle al Estado peruano una jugosa cesantía. Creo que para ser justos, la misma debería serle pagada en la moneda que nos dejó: en intis. ¡No se irá a quejar!
¿Qué es un ambulante?: un comerciante al detalle que no paga IGV, ni impuesto a la renta, ni alquiler, ni luz, ni agua, ni arbitrios, ni nada de nada, y que por ese motivo hace su agosto haciendo competencia desleal y vendiendo más barato que los comerciantes establecidos y formales que sí pagan todo ello. Por eso deberían ser el ministerio de Economía y la SUNAT los primeros interesados en que el alcalde Andrade tenga éxito en su lucha contra el comercio ambulatorio que ocupa y se apropia de las calles de Lima, evadiendo impuestos por doquier.
Como un rayo el rumor cayó sobre Miraflores, los balnearios del sur y de todo el Pacífico: el Haití sería convertido, junto a los otros locales que lo rodean, en un supercomedero que amenaza tomar por asalto el olfato y los estómagos de los habitantes de Miraflores y los distritos vecinos, imponiéndoles su olor a hamburguesas salchipapas y anexos. Templo de la conversación, fábrica de ilusiones, catedral del chismorreo, inspirador de novelas y noveletas de toda clase -de "Miraflores Melody" en adelante- el Haití no se merece ese aciago destino. Por tal motivo me dirijo al Director General del Instituto Nacional de Cultura a fin de solicitarle que mediante Resolución Directoral califique el Haití como Monumento Histórico, salvándolo de la picota de la falsa modernidad. Es preciso conservar los valores fundamentales de nuestra cultura que, por lo menos la actual, parece representada por el Haití. Digámoslo así: el Haití bien se merece esa misa. Oremos al Señor y pidamos su salvación eterna. Amén.
Y hablando de comederos: los cines, en especial los de El Pacífico, se han convertido en verdaderas chancherías, donde la gente asiste más que a ver una película a tragar pop-corn, papas fritas y cualquier otra cosa parecida, haciendo de paso un ruido estereofónico insoportable que compite con la banda sonora del filme. ¿Habrá alguna forma de hacer que la gente se civilice? Al paso que vamos la gente va a ir al cine con su olla.
La selección peruana de fútbol, según el comentario general de la prensa, se aleja cada vez más del Mundial. Eso quiere decir que avanza para atrás, pese a la enorme cantidad de dinero y de sueños ilusos que dilapida.
Cuando se aleje definitivamente la horrible pesadilla de la toma de la residencia de la Embajada del Japón, habrá que hacer la historia de quiénes hicieron todo lo posible para que Cerpa y sus secuaces se saliesen con la suya. Bastará revisar la prensa.
El Suplemento Dominical del diario El Comercio lo resumió así: "Un miembro del Tribunal (Constitucional) sustrae documentos confidenciales de dos de sus colegas. Y dice habérselos entregado a la Policía. Luego niega públicamente haber hecho la sustracción y sostiene que la sentencia del Tribunal no es válida. Por último, ante evidencias que nadie puede negar, reconoce que ha sustraído los documentos". ¿Es ése -me pregunto- comportamiento digno de un Magistrado? ¿La sustracción de documentos, la reiterada mentira, la falta de entereza califican? ¿En qué hemos convertido a nuestras instituciones?