Otra Lupa Para la Deuda


Otra Lupa Para la Deuda
Tres historias críticas que debilitan los argumentos del ministro Jorge Camet.

La presentación ante el Congreso del ministro de Economía,Jorge Camet, el pasado jueves 3, no contentó a nadie. Es más, suscitó una duda : ¿se merece el Congreso que lo ninguneen, poniéndolo en un plano inferior al de la Contraloría General? En efecto, el ministro Camet, respecto a la recompra de los papeles de la deuda por parte del Perú,señaló que en 60 días dará los detalles a la Contraloría. A la lista de preguntas planteada por el economista Garrido-Lecca, se agregan ahora tres observaciones que cola traen y moraleja.

El imperturbable ministro Camet dio a entender que había un desconocimiento de un proceso complejo.

Escribe
HERNAN GARRIDO-LECCA

1 FINANCIANDO A BILL

El ministro de Economía y Finanzas Jorge Camet dijo ante el Congreso el jueves 3:
"...desde el año '83 al '97 son catorce años que no se había podido resolver el tema. Este manejo de la deuda externa por parte del Perú ha diferido de la forma como la deuda fue administrada por otros países latinoamericanos".
"... los bancos difícilmente harían mayores concesiones antes de cerrar tratos con otros países. Estaban negociando en ese momento con Brasil. Asimismo convenía esperar que se acordaran también los términos del Brady para otros países como Ecuador y Polonia" (refiriéndose a su evaluación de la situación en el '93).
"Un análisis detallado de los acuerdos Brady efectuados hasta el año '94, nos permitió llegar a los siguientes conceptos y conclusiones. Primero, que Polonia y Ecuador habían negociado planes Brady en mejores condiciones que los países que los antecedieron creando precedentes favorables para el Perú..."

El ministro Camet mostró claramente cómo el Perú presentaba un cuadro distinto al de los demás países. Así, producto de los 14 años impagos, el Perú es el único país que se ha presentado a un Brady con una cantidad de intereses vencidos y no pagados (past due interest o pdi) casi igual al principal.

El congresista F. Olivera se queja de las generalidades.

Por otro lado, el ministro Camet no sólo entendió que dejar que otros países negociasen antes representaba un beneficio para el país sino que además, hizo de dicho entendimiento parte de la estrategia de negociación. Negociar al final permitiría no sólo valerse de todos los precedentes sentados por los demás sino, además, valerse del argumento "no te preocupes pues, detrás del Perú, no hay nadie en la cola".
A la luz de todo esto, no comprendemos por qué no se recogió la sugerencia de usar una emisión especial de bonos cupón cero del BID o del IPC (brazo para el sector privado del Banco Mundial) como garantía de las nuevas obligaciones, en lugar de usar bonos del tesoro de los EE.UU.
Desde el punto de vista de los acreedores, los bonos del BID o del IPC son iguales: ambos son AAA ("triple A"). Desde el punto de vista del Perú, era preferible usar los US$ 180 millones para financiar al BID o al IPC, pues parte de esos fondos hubiesen regresado al país en forma de créditos al sector privado (que hubiesen contribuido a bajar las tasas de interés). Además, una llamada del ministro Camet a Enrique Iglesias, presidente del BID, hubiese sido suficiente para comprometerlo a etiquetear buena parte de dichos fondos para el Perú. Por último, todo esto hubiese contado con el beneplácito de los acreedores pues, estando igualmente garantizados, mejoraban sus posibilidades de recuperación al obtener el país mayores recursos de financiamiento.
De la manera como se ha hecho el Brady, con bonos del tesoro de EE.UU., hemos terminado, nosotros los peruanos, financiando el déficit fiscal de los EE.UU. (y el único beneficiado ha sido Bill Clinton). Pero aún no es tarde: podría hablarse con los acreedores y con el BID o el IPC para canjear las garantías.
El que nos contestasen que esto no se podía hacer equivaldría a negar las premisas reconocidas por el ministro Camet en cuanto a las ventajas de negociar al final.

2.- EL ALQUIMISTA

"Luego de un exhaustivo análisis se determinó que era conveniente incluir dentro del marco de las negociaciones con las banca comercial, tanto la deuda de proveedores como la deuda clasificada como países de Europa del este..."
"tanto en los mercados internacionales como en el mercado local, los acreedores comerciales privados, es decir bancos y proveedores, se encuentran íntimamente ligados".
"una parte importante de la deuda que originalmente era de proveedores se había convertido en deuda bancaria como fue el caso de Ferrostal".
"Algunos acreedores mantenían posiciones en los dos tipos de deuda (...) y estos acreedores solicitaron formalmente un trato no discriminatorio de estas obligaciones".

Lo cierto es que lo usual en negociaciones anteriores fue no incluir a los proveedores. Así como el Club de París sabía perfectamente que terminada la negociación con ellos, se negociaría con los bancos y luego con los proveedores; los bancos también sabían que, luego, se negociaría con los proveedores. Esta secuencia de negociación estaba claramente establecida y la mayor prueba de ello -y del "efecto residual" (i.e. "con lo que me quede me arreglo con el siguiente")- es que el mercado secundario siempre impuso un "castigo" a la deuda de proveedores con respecto a la deuda con la banca comercial ("Perú Citi").

En el juego de los papeles, hay varias sedes financieras internacionales que hacen difícil detectar polos y favorecidos.

Dicho "castigo" era importante aún corrigiendo los precios para incorporar el componente pdi (que era, en general, mucho mayor en la deuda "Perú Citi"). Cuando el gobierno del Perú decide dar tratamiento idéntico a la deuda de proveedores, lo que hizo fue convertir piedras en oro: la deuda de proveedores en el mercado secundario subió de precio.
Esto benefició, por lo menos, a aquellos "acreedores que solicitaron formalmente un trato no discriminatorio" y que, claro está, habían comprado deuda de proveedores a precio "huevo": ¡Gran negocio! ¿A quién más benefició? Nunca lo sabremos.

3.- LA BELLEZA NO EXISTE: HELENA RUBINSTEIN LA CREA

Bueno hubiese sido que, una vez tomada la decisión de incluir la deuda de proveedores y la deuda con los países de Europa del Este, el manejo del uso de los papeles de la deuda en las privatizaciones hubiese sido no tan discriminatorio como lo pedían los acreedores. Pero no fue así: tanta belleza no existe, así que hubo que crearla lo más convenientemente posible.
Resulta que aunque "la ley 26259, que permite el uso de deuda externa como medio de pago en privatizaciones, no diferenció entre acreedores bancarios, proveedores o gobiernos de otros países" (Camet dixit), en la vida real, el MEF -y más concretamente, la Dirección General de Crédito Público (DGCP)- tenía que dar su conformidad para el uso de determinados papeles en una privatización. Así, cuando recién se inició el uso de papeles en las privatizaciones, los interesados podían solicitar a la DGCP la certificación de los papeles que pretendían usar antes de la subasta. Luego, el procedimiento fue cambiado y sólo atendían las solicitudes del postor que obtenía la buena pro después de la subasta.
Lo que pasó, por ejemplo, en el caso citado por el propio ministro Camet, el de Tintaya, fue que de facto el MEF decidía qué papeles eran elegibles. Así, en el caso específico de Tintaya, un postor le consultó al MEF sobre la elegibilidad de papeles rusos denominados en rublos y en dólares y sobre papeles de Energo Projeck (de la ex Yugoslavia). Debemos aclarar que había razones valederas para excluir los papeles rusos denominados en rublos (los rusos insistían en un tipo de cambio digno de Disneylandia) e incluso los papeles yugoslavos (por el embargo internacional entonces vigente). No obstante, cualquier exclusión a nivel del MEF era ilegal, pues violaba el principio de igualdad entre papeles establecidos en la Ley 26250. El MEF no ponía por escrito la inelegibilidad, se limitaba a "mecer" a los interesados y los funcionarios de la DGCP se limitaban a explicar que "la orden de no tocar esos papeles es (era) de Papapa". Inclusive se dijo que el ministro había recibido propuestas non sanctas de algún intermediario de la deuda rusa y que, indignado por el hecho, había dispuesto que dichos papeles fuesen "a la congeladora".
En el caso de la deuda rusa denominada en dólares no había razón alguna para excluirla: pero se hizo. Lo importante aquí es mostrar que el MEF sí tuvo, de hecho, la discrecionalidad para manejar el stock de deuda elegible y por ende, el precio de los papeles. Esto aunado al increíble desmanejo de estrategia de las subastas (las hacían coincidir y esto elevaba el precio), hizo que, en nuestra opinión, el manejo de la deuda no fuese 100 por ciento transparente.