Culturales




El Sonido del Lienzo
Manongo Mujica, en su faceta de pintor, expone a partir de la próxima semana en La Galería de San Isidro.

Manongo Mujica aguaita entre dos lienzos que recrean un imaginario teatro con trazas de la infancia.

NO es la primera vez que Manongo Mujica deja la música literalmente de lado para adentrarse en otras disciplinas artísticas. Ahora, es el turno de la pintura, heredera directa de un teatro de títeres para adultos que nuestro protagonista animó en Londres en sus años juveniles.
El hilo conductor nos lleva hacia Europa cuando Manongo se fue a estudiar música en un prestigioso conservatorio londinense y para sobrevivir -como cualquier sudaca universitario- tuvo que echar mano a las tablas.
No fue la actuación, sin embargo, el objeto de sus desvelos sino los títeres, para lo cual transformó la casa de un amigo en un pequeño teatro, construyó sus propios monigotes e inspirándose en el misterio del teatro japonés se abocó a captar la sensación ritualista que transmite el arte oriental.

Cortinas pintadas con tiza y pastel.

La fecha marcó también su debut como dramaturgo, escribiendo "La incambiable historia rosada de Belsarima" suerte de palíndromo en homenaje a su abuela María Isabel Sánchez Concha de Pinilla. La anciana era un personaje excéntrico y exultante que escribía poemas en la tina y mandaba cartas de amor encendido a Juan Ramón Jiménez por el puro gusto de bromear con sus amigas. El delicado autor de "Platero y Yo" se creyó el cuento y cuando estaba a punto de atravesar los mares para conocer a su musa, la bromista tuvo que desfacer el entuerto "matando" repentinamente a la remitente.
Amén del recuerdo de la abuela, al artista le quedó en la retina las cortinas del teatro adolescente. Herman Hesse, su autor culto de esos años, le prestó la idea del "Teatro Mágico. Sólo para Locos". Con estos elementos, procesados, decantados y replanteados a la luz de la experiencia, Manongo dedicó los dos últimos años a pintar su idea de un teatro mágico. Ayudó ciertamente, la capacidad de improvisar que le da el jazz y el libertario entrenamiento de crear en el momento.
Así nace la exposición que presentará en La Galería de San Isidro a partir del próximo miércoles 23. "Teatro de la memoria, de la infancia, del juego y de lo desconocido", resume el autor. No es la primera vez que ingresa a terrenos pictóricos. En los 80 hizo una muestra conceptual con dibujos y objetos que guardaban sus instrumentos musicales. Hace dos años se aventuró tras las huellas del arte precolombino, trabajando con elementos repetitivos y descubriendo un humor increíble en las telas Chancay. Para ésta, su tercera individual, Manongo rescata los elementos lúdicos y dramáticos de sus exposiciones anteriores, dándoles mayor continuidad.
Aunque es básicamente autodidacto, sus pinitos caligráficos los hizo con Alberto Dávila, pero luego estudiaría Historia del Arte en España con la maestra Gloria García Lorca, sobrina del poeta granadino quien le descubría el dadaísmo. Del corrosivo rumano Tristan Tzara guarda la frase "hay que destruir para crear" y del rebelde movimiento, la concepción del "surrealismo como forma de vida". De esas búsquedas y encuentros trata esta muestra. Algo así como ver el color de la música o escuchar la sonoridad del lienzo. (María Elena Cornejo).


Adiós al Escritor
Eleodoro Vargas Vicuña ha muerto. Su obra, breve y precisa, es de alto valor en la literatura latinoamericana.

Vargas Vicuña nació en La Esperanza en Cerro de Pasco pero gustaba en provocar llamándose arequipeño.

JUAN Rulfo, en México, escribió su obra completa en dos volúmenes a propósito sucintos, a propósito no más que dos. Vargas Vicuña, en Lima, publicó también a propósito dos únicos libros y con el mismo propósito de la brevedad. Ellos eran compadres a propósito y sin ponerse de acuerdo entre ellos pero proponiéndoselo cada quien por su cuenta trabajaron el lenguaje con extraña y singular pulcritud. Con esa narrativa de palabras contadas para adentro que tienen los poetas de por vida para la vida.
Rulfo murió hace unos años. Esta semana anterior, en el abril de siempre, falleció Eleodoro Vargas Vicuña. No hay, efectivamente, un parangón entre ellos en tanto a la significación de sus respectivas obras, sí la constancia de su amistad y sus libros de cuidadas palabras, de exacto decir, de intenso oficiar de contador.
Eleodoro Vargas Vicuña tuvo la sensatez pese a ser grandilocuente en el hablar y sobrexpresivo en el gesto, de acordarse de sus lectores. De saber que ante el papel no puede existir el disimulo o la frase recargada, la artimaña o el juego retórico. Ejerció con talento la sencillez de la frase bella, de la palabra poética. Supo impregnar a sus textos, cuentos y poemas, su afán de amar, ese mismo gesto de brazos abiertos para desear lo mejor de la vida a cada uno a quien encontraba en su camino silencioso y abstraído. Tuvo, además, la claridad de la humildad y también la certeza de que no hacía otra cosa que ser escritor.
Inscrito por los estudiosos de la literatura en la "generación del cincuenta", Vargas Vicuña fue animoso y hasta espectacular animador de la vida cultural del país. Primero en Arequipa, cuando en esa ciudad vivió como estudiante de la universidad San Agustín en los últimos años de la década del cuarenta. Y luego en Lima. Contertulio de una zona de heroica bohemia que en la historia de la literatura peruana forma parte casi consubstancial con las obras que se produjeron por los años cuando los bares del centro de Lima (el Palermo, el Zela) eran virtuales ágoras. Por eso, al saberlo muerto hay convencimiento que con él se va también una forma de hacer literatura, una tradición, otro tiempo, otra cadencia.
Eleodoro Vargas Vicuña decía, se dice, al saludar ¡Viva la vida, carajo! Así se le despide hoy. (Edmundo de los Ríos).


Cerámica del Norte
De Chulucanas a todo el mundo.

S. Céspedes con la típica cerámica chulucanense modernizada en el diseño y mejorada en su calidad.

SONIA Céspedes es una ceramista de vasta experiencia, preocupada no sólo en investigar en las profundidades de la materia sino en compartir conocimientos. Esa inquietud la llevó hace varios años a crear el Centro Alfarero Makiiwan y ahora, merced a un convenio con Adex-AID-MSP, a brindar asistencia técnica para mejorar los productos de cerámica para el mercado externo.
Chulucanas, el tradicional y afamado centro alfarero del norte del Perú, fue elegido para iniciar el programa de mejoramiento, así como los talleres urbanos de la zona de Ate (Lima). Posteriormente seguirán con Cajamarca, donde existen canteras de riqueza insospechada.
La idea es presentar una alternativa tecnológica intermedia que permita la modernización del diseño, la mejora en la calidad del producto y la rapidez de su elaboración.
"No se excluye la técnica tradicional sino que se complementa", señala Sonia. Para ello, se introducen hornos a gas (que elevan sustancialmente la temperatura) y tornos eléctricos (que imprimen mayor velocidad) los que reemplazan al viejo horno de leña y el torneado a mano.
"La leña es cada vez más escasa y eso encarece el producto final", señala la ceramista que busca abrir el mercado internacional para los productos típicos de la zona y para la vajilla utilitaria -ahora esmaltada también en su interior- que están empezando a ofertar en mayor escala.
El Cedar (Centro de Desarrollo Artesanal) ha firmado un convenio interinstitucional con la Universidad de Piura y la Asociación de Ceramistas Vicus que preside el alfarero mayor Gerásimo Sosa. La primera ha puesto a disposición de los artistas una remozada maquinaria italiana mientras que el maestro Sosa aporta ancestral conocimiento en el arte amasador.
Cedar fue inaugurado el 5 de marzo pasado. Allí, además de asesoría técnica a los productos tradicionales y nuevos, se atienden pedidos con diseños especiales y se comercializa directamente al público nacional y extranjero. Chulucanas, como en sus orígenes, vuelve a ser la tierra prometida.


MAL MENOR

Por JAIME BEDOYA

Novedades Literarias

  • "Autoayuda para Todos".- Finalmente llega a Lima la tesis sicológica que ha paralizado a la comunidad intelectual toda: nadie se acerca a ella. Partiendo de la prescindencia del prójimo para explicar todo acto humano, su divulgadora la doctora M. Chávez parte de los principios de la autodeterminación y el automatismo para relacionar -con gran vigor imaginativo aunque abusando del prefijo- campos convencionalmente irreconciliables entre sí como lo son la autoestima, la autopista y el autoavalúo, en vértigo que no se detiene sino hasta arribar automáticamente a las ideas fuerzas del texto, el autosecuestro, la autotortura y la autoinculpación. Su excitada prosa no es ajena al placer de la narrativa anatómica: " El chasquido seco que produce la autofractura del hombro representa el umbral sonoro, digamos un timbre, que anuncia la llegada a la posibilidad de autoínfligirse maltrato vertebral personalizado. ¡Nadie mejor que tu para saber dónde te duele!" Edición autógrafa. (ed Medusa, 150 págs.).

  • "Tópicos Analíticos (De Altamira a Internet Los Análisis Políticos de Martin Rivas) Tomo I".- Obra monumental que atesora como su mejor atractivo una feliz conjugación entre lo inédito y lo breve. De otra manera no se entendería cómo el capítulo referente a la Revolución Francesa se resuelve en 35 bytes ("Les cortaron la cabeza a casi todos"), o que el Siglo de las Luces se subtitule "Alcances de un buen apagón sicosocial". Dos mil años de civilización en un par de patadas gracias a escueta prosa escueta que da en el blanco. (Inmunitas ed, 11 págs.).

  • `Cómo cambiar de bando en un minuto'.- El tránsito entre antípodas no tiene por qué ser pedregoso camino, es lo que postula este texto de huidizo estilo. Didáctica consejería destinada a una exitosa evacuación de último momento de todo tipo de compromisos políticos en desgracia. La parte inicial ayuda a identificar las primeras señales de alerta ("Escuche a su taxista"), mientras que capítulos finales provisionan abundancia de frases útiles para ir lubricando el viraje final, desde el victimizante "nos engañaron a todos", al clásico "¡Yo sabía que había algo raro!" Reseña de últimos softwares para replanteamiento de agendas, y prudente epílogo -"Cómo volver al bando de origen en otro minuto más"- para casos de posible revierte. Util complemento resultan los ejercicios de cintura y elasticidad graficados a todo color. (Idayvuelta Editores, 220 pp).

  • "Quemaduras: Nada que Temer".- Este práctico manual dirigido específicamente a todo aquél que conoce la experiencia del quemado no sería nada novedoso de no ser por un sesgo inédito: está pensado para el pirómano. Esto se explica en la ausencia de toda consideración preventiva, reflejada por ejemplo en pasajes como: "Una vez puestas las manos al fuego, constate la rápida combustión del tejido epidérmico capa por capa, imaginando -según el aleatorio contorno de la herida que va floreciendo- la multitud de pústulas que adquirirá la ampollación futura". Sorprende sobremanera recetario ("¡Delicias con Chicharrones!") anexo en las últimas páginas. (Palace Print, 100 págs.)

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