EDITORIAL


Qué Tal Escándalo
A estas alturas del partido, el Presidente de la República tiene un deber perentorio y concreto: obligar a su inteligente asesor de confianza a revelar el nombre de sus clientes.
Esta es una obligación. La sería en cualquier sistema medianamente democrático y en cualquier país que no sea una satrapía africana o asiática.
El Dr. Vladimiro Montesinos Torres no es un abogado cualquiera, bien lo sabemos todos. Ministros y parlamentarios del régimen lo han equiparado a un tesoro nacional -aun sin considerar sus ingresos.
Y cuando el Presidente de la República pone sus manos en el fuego por él, le otorga aun más poder que el que ya tiene.
Pero si después de las puntuales revelaciones del programa `Contrapunto' de Canal 2 no insiste en un esclarecimiento, él mismo se convierte en cómplice. Y el mandatario que ha repetido que él "no se casa con nadie" terminará en la cama con cuanto interesado haya contratado servicios influyentes.
Existe, después de todo, lo que crudamente se llama tráfico de influencias y conflicto de intereses.
El hombre de confianza del Presidente de la República y el cerebelo del SIN debe, en suma, explicar el incremento de sus ingresos personales declarados, de S/. 20,430 en 1993 a S/. 1'600,000 en 1995.
Este es un país en el que un aumento de S/. 300 en el sueldo mínimo vital merece una primera plana en la prensa oficialista.
Aplaudamos los milagros económicos, pero a ver si se reparten mejor.
El nuevo superintendente de la SUNAT, Jorge Baca, pobre hombre, ha debutado en un disparadero.
Frente a la filtración de las declaraciones juradas de Montesinos ha dicho lo que tenía que decir: que se ha violado la confidencialidad tributaria, que realizará una investigación interna, y que no confirma ni niega nada.
Pero no ha dicho que el documento sea un disparate. Y en cuanto a la investigación interna, bien haría en estudiar la infiltración de servicios que pueden responder a intereses diferentes y hasta encontrados, pero que son capaces de generar amenazas contra un medio de comunicación, y que pueden destruir el prestigio de la SUNAT.
Mientras tanto, el olor a dedos chamuscados es ahora inconfundible. También el fragor de una cierta indignación ciudadana.
Qué tal escándalo.