Hecho Aislado


Hecho Aislado
La torturada paciente del 313 no recibe visitas. Pero no por órdenes del doctor, sino del vocal instructor del CSJM.

La fórmula "hecho aislado" parece haberse convertido en uno de los giros favoritos de ciertos representantes del gobierno al verse en la necesidad de explicar los trances incómodos por los que éste atraviesa. Sin embargo, al haber colocado los ministros de Interior y Defensa ese rótulo al caso de Leonor La Rosa, hicieron una oscura ironía. Sin querer queriendo describieron inmejorablemente las dificultades que las autoridades del Hospital Militar y otros uniformados han venido poniéndoles a los congresistas y a todos los que intentan visitar a la agente del SIE para proseguir con las investigaciones sobre las torturas a las que fue sometida en los sótanos de uno de los edificios del Pentagonito.

No es el ingreso
a la residencia
nipona; es
el acceso al
cuarto de
Leonor
La Rosa.

El ministro Castilo M. se resiste a la visión de conjunto.

HECHO aislado fue según el titular del Interior, Juan Briones, la toma de la residencia del embajador del Japón. Hechos aislados, también, la tortura de la agente del SIE Leonor La Rosa y el asesinato y descuartizamiento de la ex pareja de Martin Rivas y también agente de Inteligencia, Mariella Barreteo.

M. Barreto -arriba- y su compañera I. Chumpitaz -al medio- . Derecha: M.Chávez y la autotortura.

Hechos aislados asimismo han de ser seguramente la extraña muerte del miembro del grupo Colina Pedro Pretell Dámaso, la denuncia de la prima del congresista Róger Cáceres, Antonia, en el sentido de que en el año 1993 existió un plan para liquidar a su pariente, y la violenta detención del ex efectivo de Inteligencia militar José Luis Bazán Adrianzén, quien unos días antes confirmó en televisión la veracidad de muchas de las acusaciones que se ha hecho al tristemente célebre escuadrón de la muerte y sus vinculaciones con las cumbres del poder.
La lista podría continuar, pero con esta muestra basta. Desde hace un tiempo viene sucediéndose en el país una serie de acontecimientos que, aunque se nos intentan presentar como piezas sueltas y fortuitas, es claro que forman un mosaico indicativo de una descomposición que afecta a algunas esferas de las fuerzas de seguridad y que no quiere ser enfrentada.

ALMUERZO DILIGENTE

En el caso de Leonor La Rosa, sin embargo, la calificación de "hecho aislado" que los ministros del Interior y Defensa le dieron la semana pasada durante su presentación ante el Congreso, revela una verdad profunda.

José Bazán fue un agente del SIE cercano al grupo Colina y señaló que Martin Rivas -derecha- era su jefe. Bazán se encuentra recluido en el Real Felipe.

El domingo último, los congresistas Carlos Chipoco y Harold Forsyth, acompañados por el siquiatra César Rodríguez Rabanal, intentaron vanamente conversar con la agente torturada. El martes 15, hicieron un nuevo intento. Pasaron a la oficina de Relaciones Públicas del Hospital. Cuando el general Baltazar Alvarado, director del Hospital Militar, se disponía a dar las explicaciones del caso, hizo su ingreso el general Raúl Talledo, miembro del Consejo Supremo de Justicia Militar.
"Señores Congresistas -les dijo-, ustedes no pueden pasar. La suboficial La Rosa está almorzando, y después debemos continuar con las diligencias".
Chipoco replicó: "Sé perfectamente cuáles son mis derechos, general. Si usted no nos deja pasar, está interfiriendo con nuestra labor fiscalizadora". Talledo, airado, respondió: "Ustedes están interfiriendo con mi función. Estoy en medio de una diligencia judicial". Forsyth preguntó entonces: "Cómo General, ¿no es que está almorzando la S.O. La Rosa?".
Antes de que la sangre llegue al río, el general Alvarado medió: "General Talledo, quizás por unos minutos, los congresistas puedan ver a la paciente" -sentenció-.
Ya en la habitación, una débil Leonor La Rosa, recibió a los parlamentarios. Estaba sentada en la cama y, a pesar de los días transcurridos, las marcas de quemaduras en sus manos, en sus pantorrillas y pies, aún eran visibles. Esta vez no estaba sola. La acompañaban el abogado Heriberto Benítez y su esposo, un suboficial de la Policía Nacional. El, en ese momento, denunció que hacía más de quince días había pedido el traslado de su esposa a otro hospital. Los congresistas preguntaron por qué eso no había ocurrido. El general Alvarado contestó que tenía órdenes superiores y que él sólo las cumplía.
El viernes 11, los congresistas Javier Diez-Canseco, Graciela Fernández Baca y Beatriz Merino, también la visitaron. Ella rechazó en esa oportunidad lo dicho por el ministro de Defensa el miércoles 9, acerca de su estado emocional y mental. Dijo a los congresistas que en el pasado, cuando tuvo que ir al hospital, había estado en el Pabellón A-04, donde se tratan los pacientes de medicina general y nunca en el Pabellón A-01, donde se atiende los pacientes de siquiatría. La Rosa, en aquella ocasión, se reafirmó en todas sus denuncias y le contó a los congresistas, su relación con Mariella Barreto y la de ésta con Santiago Martin Rivas.
"Mariella era mi compañera de trabajo. La dejé de ver en el mes de enero, cuando me hicieron los primeros interrogatorios. Cuando salgo del Hospital Militar y reingreso, es que la veo de vista (sic). Ni siquiera tuvimos oportunidad de conversar", declaró.

SECRETOS Y MENTIRAS

Otro que habló el fin de semana sobre Mariella Barreto fue el propio Martin Rivas. En una entrevista exclusiva con el periodista Güido Lombardi de "Panorama" -que, dicho sea de paso, ha provocado una fea pataleta de envidia en algunos colegas- el jefe del grupo Colina negó toda vinculación con el crimen de su antigua pareja, afirmando poseer unos pasajes que demostraban que estuvo fuera de Lima en las fechas en que sucedió.
Se sabe, sin embargo, que el nombre que figura en los pasajes es otro. Contra lo que se ha dicho, la entrevista no se realizó en un local del SIN, sino en una fábrica cercana a la avenida Colonial. Esto, por supuesto, no quiere decir que la aparición ante cámaras no hubiese sido buscada por Martin Rivas con la anuencia o la orden de alguna instancia superior. La ausencia de llamadas a Panamericana para tratar de evitar que propalasen el material es elocuente en ese sentido.
El mayor (r), además, pareció recitar un libreto dirigido más bien a un auditorio castrense que a la ciudadanía. En algunos puntos, evadió la pregunta aduciendo el carácter secreto de su antigua (?) actividad, y en otros, lució dubitativo.
Sobre los asesinatos de La Cantuta, por los que fue condenado y luego amnistiado por el gobierno, dijo sólo que nunca se le había probado nada.
En general, no pareció quedar contento con su presentación y se dice que intentó que se volviera a grabar la primera parte, a lo que Lombardi se negó.
Por otro lado, en concordancia con lo que dijo en la entrevista, el jefe del grupo Colina rindió el martes por la noche su manifestación ante el Departamento de Homicidios que investiga el caso Barreto, repitiendo los mismos argumentos.
Los padres de Mariella ya hicieron lo propio y no aportaron indicios importantes sobre la identidad de los asesinos. Ojalá el testimonio de la agente Iris Chumpitaz -que fue quien acude a la morgue y avisa a los familiares sobre el cadáver- sí lo haga, pues de otra manera el caso probablemente quede sin esclarecer. Como un hecho aislado.


Desconozco, Señor
Juan Sosa recita libreto similar al de Martin Rivas y niega existencia de "Colina".

En algún lugar de Lima, el suboficial (r) EP Juan Sosa Saavedra, integrante del grupo Colina condenado por los crímenes de La Cantuta y luego amnistiado por el gobierno, concede una escueta entrevista a Francisco Reyes. A las preguntas sobre el famoso escuadrón de la muerte y su relación con Montesinos, el ex agente de Inteligencia conocido como "Kerosene", responde con la acostumbrada fórmula burocrática: "desconozco". CARETAS publica sus declaraciones por considerarlas un testimonio singular.

Al igual que su jefe, Sosa rechaza toda vinculación con la muerte de Mariella Barreto.

¿Es difícil matar?
-Debe ser difícil.
-¿Recuerda a su primera víctima?
-No, para nada. No he tenido la oportunidad de realizar un asesinato de manera directa.
-¿Conoció a Mariella Barreto Riofano?
-Sí, la he conocido; ha trabajado conmigo y hemos sido excelentes amigos.
-¿Qué opinión tenía de ella?
-Era una mujer sencilla, profesional.
-A usted se le acusa de ser el ejecutor de su muerte. ¿Es esto cierto?
-Por supuesto que no. No tengo nada que ver en esas cosas que se me imputan.
-¿Dónde se encontraba el 22 de marzo pasado?
-Estuve acá en Lima haciendo unos negocios. Actualmente no radico en la capital, sino en otro departamento, pero por razones de negocios estuve aquí.
-¿Tiene cómo probarlo?
-Por supuesto.
-¿Por qué se creó el grupo Colina?
-Desconozco la creación o formación de algún grupo Colina.
-¿Qué opinión tiene de las siguientes personas? Vladimiro Montesinos
-No lo conozco.
-Nicolás Hermoza Ríos
-Un excelente general.
-Alberto Fujimori
-Un buen presidente.
-Robles Espinoza
-Un traidor.
-Salinas Sedó
-Un excelente general, con sus errores.
-La suboficial La Rosa
-Una chica equivocada.
-El suboficial Bazán
-Un delincuente.
-Santiago Martín Rivas
-Un excelente jefe.
-¿Qué opina de las siguientes instituciones y organizaciones?: El Congreso
-A mi entender, no tiene sentido.
-El gobierno
-Trata de hacer lo mejor que puede.
-El periodismo
-Me reservo.
-Las organizaciones de derechos humanos
-Desgraciadamente, hacen lo que quieren con el país.
-Si usted regresara al Ejército y estuviera en condiciones de decidir, ¿qué haría con respecto a la crisis de los rehenes?
-Yo estaría por realizar una intervención militar.
-Y las consecuencias...
-Se miden.
-¿Tiene algo de qué arrepentirse?
-De nada. Mi vida ha sido hasta el momento cristalina.
-¿Cuáles han sido los errores que quisiera rectificar?
-En este momento no me acuerdo de ninguno.
-¿Ahora, a qué se dedica?
-A labores agrícolas en mi lugar de origen.
-¿Ha dejado las armas por el arado?
-Definitivamente.
-¿Si se lo pidieran, volvería al Ejército?
-Yo creo que sí.
-¿Tiene algo que reprocharle a su institución?
-Nada, absolutamente nada.
-¿Tiene un hobbie?
-Sí, recorto periódicos.


Denuncia y Susto
El "caso aislado" de Ginés Barrios.

Nuevo intento por amedrentar a la prensa. Barrios Alderete, cinco días de tortura.

" Reventó el chupo", se regocijó "Johnny" en voz alta. Sobreviviendo a la asfixia, Ginés Barrios Alderete lo oyó a la distancia, reconociendo a la vez el leve sonido de las hojas de un periódico. Barrios tenía las manos atadas a los pies de modo tal que besaba sus rodillas. Supo entonces que la noticia de su secuestro había trascendido. Sería el segundo o tercer día de cautiverio, no lo puede determinar. La venda en los ojos le alteró la percepción del tiempo.
Pero el agotamiento era mayor cuando sus captores empezaban a interrogarlo. Debía responder ante sus inquisidores por asuntos relacionados al Frente de Defensa de la Región Andrés Avelino Cáceres del cual es presidente, así como por su participación en la destitución de Zenaida Calzada como subprefecta de Junín.
Y es que desde hace casi un año, Barrios conduce el programa radial "Punto de Encuentro", conocido por sus constantes denuncias contra abusos de autoridad y arbitrariedades ocurridas en la zona. Justamente, la última de éstas responsabilizaba a la Unidad Técnica de Ejecución del Fondo Nacional de Vivienda (UTE-FONAVI) por el delito de sobrevaloración en obras de electrificación. Ginés Barrios asegura, además, haber descubierto una falsificación de documentos.
Acostumbrado a las querellas judiciales (afronta cinco, acusado por difamación e injuria) y a pesar de las amenazas telefónicas y escritas que llegaban con fotos de Martín, su único hijo, Barrios siguió al frente de su programa.
Sin embargo, el último 8 de abril recibió la visita de dos desconocidos que ingresaron a su casa y se llevaron las evidencias que había acumulado para sus acusaciones. Coincidentemente, al salir tras los delincuentes fue embestido por una motocicleta, que era conducida, según él, por Juan Carvo Iparraguirre, esposo de Lucy Barrios, funcionaria del núcleo ejecutor de Fonavi, involucrada en el caso. Horas después, el periodista era plagiado en presencia de su madre por tres encapuchados.
Durante el tiempo que estuvo secuestrado fue golpeado y pasó varias horas colgado, sujeto por una soga que ataba sus manos. El resultado: desligamiento de nervios por hipertensión forzada y lesiones. Además de esto, no probó agua ni comida. Temía ser envenenado.
En el encierro, sólo escuchaba las voces de sus plagiarios, el "Loco", "Johnny" y el "Negro", así como el rastrillar cercanamente amenazante de armas automáticas. Ya liberado, el también secretario general del Partido Aprista Peruano en Junín, Ginés Barrios solicita el pronto esclarecimiento de lo ocurrido, seguridad para su familia y las garantías necesarias para continuar con su labor periodística. No vaya a ser que se pretenda tranquilizarlo con la monserga de que se trata sólo de un hecho aislado.