
Hipótesis:
Triunvirato Se Disuelve
Un `menage a trois' que, como otros, termina a capazos.
Fujimori dijo que no se casaba con nadie.
UNA hipótesis para explicar lo que pasa, aunque grandilocuente, es que cuando la declinación política empieza a insinuarse todo aquello que se presumía era arte de gobernar se convierte en un arma contraria.
Alberto Fujimori recomendaba callar, hacer y luego hablar. Ahora, con sólo callar cava su propio empequeñecimiento político.
Nunca ha sido tan escandaloso el silencio como en estos días que van sitiando al Presidente y colocándolo ante la mayor calamidad de su régimen victorioso.
El presidente Fujimori, por ejemplo, para marcar que no se casaba con nadie, ha recurrido frecuentemente a la elocuente figura medieval que, salvo sus hijos, no ponía las manos al fuego por nadie.
Eso hasta hace dos domingos en que, por un desliz imperdonable ahora, salió en defensa de su asesor Vladimiro Montesinos señalando que además de sus hijos él era merecedor de esta gracia imperial que limita, criollamente, también con el arte anticuchero.Ese mismo día, se conocía la denuncia de una mujer, miembro del Servicio de Inteligencia del Ejército, torturada en las mazmorras del propio Pentagonito y se ponía en claro que otra, vinculada sentimentalmente con un miembro del SIN, había sido asesinada y descuartizada en un episodio brutal y desproporcionado.
Vladimiro, asesor de confianza.
En algún momento de su exaltación triunfalista, el Presidente dijo, asimismo, que el Perú contaba con un servicio de inteligencia parangonable con los mejores del mundo, y al poco tiempo ocurrió la terrible y aún persistente crisis de la residencia de la embajada del Japón, un evidente descuido de los mecanismos de seguridad contra el terrorismo siempre rampante y con garras en acecho.
En general, la situación del país ha venido desembocando en un cuadro político contradictorio.
El poder presidencial se impone en casi todas las esferas ciudadanas. Las instituciones democráticas -Congreso, Poder Judicial, Tribunal Constitucional, Fiscalía de la Nación, Jurado Nacional de Elecciones, Gobiernos municipales- son sometidas al imperio omnímodo del Palacio de Pizarro. Pero, en cambio, la estructura castrense y la autonomía oscura y secreta del SIN no pueden penetrarse ni siquiera por el propio Consejo de Ministros.
El New York Times ha hecho referencia en un editorial a esa paradoja: ¿Cómo entender que la economía marche más o menos pero que al mismo tiempo la democracia se marchite?
La sensación de desborde de los servicios de inteligencia, la inseguridad ciudadana y el brote de atentados de ambigua procedencia o intención acompañan a esta voluntad de impunidad, de falta de transparencia y de fiscalización, de silencio permanente cada vez que se inculpa a alguna entidad o persona ligada al círculo exclusivo del Presidente.
Legítimamente, la ciudadanía ha empezado a sospechar que el poder presidencial tiene dos perfiles: fiero con el sector civil, dócil con el poder castrense y el aún más intocable círculo de poder engendrado en el SIN.
Hermoza y su equipo.
Desde que se iniciara el gobierno de "reconstrucción nacional" en 1992, casi nadie ha dudado que el país vivía un régimen civil-militar pero en torno a la figura del Presidente.
Los hechos fueron luego demostrando que, por el contrario, se podía hablar de un triunvirato. Que a Alberto Fujimori lo acompañaban con prerrogativas excepcionales el presidente del Comando Conjunto y comandante general del Ejército, general Nicolás Hermoza, y el asesor del SIN, Dr. Vladimiro Montesinos, sobre cuya vida se tejen mil y una historias, ninguna muy edificante.
No ha habido caso igual en la historia del Perú republicano. Hubo seguramente presidentes prisioneros de las circunstancias, de la fatalidad o la soberbia. Pero no triunviros que parecían unidos por un pacto de sangre y por un pacto de silencios y ocultamientos.
En más de una ocasión, Fujimori ha intentado corregirle la plana a sus otros dos contertulios pero lo ha tenido que hacer con sumo cuidado y, en ningún caso, sin poder apelar al extremo recurso de alejarlos de sus cargos.
¿En qué se basa esa dependencia? Atribuir una fatalidad sicológica al influjo de Montesinos sobre Fujimori suena excesivamente ingenuo. El mantener al general Hermoza en los altos cargos que ostenta, quemando varias promociones castrenses, no puede reducirse a una inclinación de simpatía y agradecimiento.
Se especula ya desde hace un buen tiempo que el triunvirato posible se ha disuelto, en la práctica. Que ha seguido el camino inevitable de la historia: los triunviratos, como el menage a trois, terminan mal. Pero los personajes que encarnan esas funciones continúan nominalmente con una porción de poder, tramando ardides, escaramuzas y estrategias demoledoras.
La hipótesis es más precisa: existe una enemistad profunda entre el general Hermoza y el asesor Montesinos. Y en ella el Presidente no parece poder terciar. Ahora que, por ejemplo, se logra desacreditar al SIE, al fin y al cabo, bajo el mando del general Hermoza, se teme que el descrédito termine por abatirlo, como responsable jerárquico y como responsable político.
Baca tomando el toro por las astas.
El contraataque sería debilitar a Montesinos y, entonces, las revelaciones de sus ingresos vía los pagos a la SUNAT, son un detonante espectacular que remueve al asesor y a quien pone sus manos al fuego por él. Los locuaces parlamentarios callan, el oficialismo espera indicaciones de qué y cómo salir al frente, el Presidente calla.
Montesinos podría repetir ese anónimo clásico: "Cuando la voz de un enemigo acusa, el silencio de un amigo condena". Y el Presidente Fujimori no sabe cómo y por dónde empezar a hablar.
¿Puede un país espectar esta sorda batalla de trapacerías y emboscadas impasible? ¿Alguien puede creer que el asunto de los ingresos de Montesinos conocidos por documentos de la SUNAT no afecta a esta entidad, en su básico soporte de la confidencialidad de la información tributaria? ¿Que el Ejército y la inteligencia militar o policial no son objeto de desconfianza ciudadana cuando dos pobres mujeres son sometidas a condiciones de presión, de tortura y de muerte?
Ya las explicaciones de los ministros de Defensa y Gobierno sobre los atentados contra parlamentarios, ex ministros y periodistas y sobre las torturas en el SIE han resultado insuficientes y absurdas, hasta el punto que la propia opinión pública ha decidido romper el silencio y los medios de comunicación compiten por informaciones que golpean diariamente al régimen.
El clima político está totalmente enrarecido. La mayoría oficialista del Congreso cree que se está concediendo demasiado a la oposición. Y ésta quizá crea que es su mejor momento, tras años de haber sentido el peso de la intolerancia de la mayoría. La situación ha ido más lejos que la puja natural en toda democracia entre oficialismo y oposición.
Ahora la pregunta es mucho más seria y apremiante: ¿qué pasa con este gobierno que cuando las papas queman opta por el silencio y que permite el descontrol de sus aparatos aparentemente más sólidos y moralmente menos contaminados?
Tolstoi decía que las familias eran muy parecidas en la felicidad y diferentes en la desgracia. Este régimen está sufriendo las consecuencias de haber montado una estructura antidemocrática, basada en el abuso sin fiscalización, en la nula transparencia y en la defensa de lo indefendible.
Mónica Chang de Canal 2 y Augusto Thorndike de `En Persona' interrogan.
Los casos de La Cantuta y de los Barrios Altos fueron más que suficiente barómetro, pero el país los dejó pasar en nombre de esperanzas fundadas en que la pacificación era posible y urgente, en que se estaba por la vía de la mejora económica y de la convivencia civilizada.
Nada de esto viene ocurriendo. La crisis de los rehenes revela vacíos profundos en la concepción de la pacificación, la batalla sorda de los Montesinos y los Hermoza señala que hay procedimientos vedados que entran en juego impunemente; la crisis del modelo económico demuestra que tampoco hay claridad en las metas, los sacrificios, las negociaciones externas. Es un momento sumamente crítico que señala que no hay proporción entre la defensa encendida a un personaje como Montesinos aún a costa de todo lo construido.
La mayor paradoja reside en que hoy día los que dieron la voz de alerta sobre los reflejos autoritarios del régimen tienen que dar la voz de calma para que el enorme esfuerzo y sacrificio de todos los peruanos no haya sido en vano y se destruya un gobierno por la parte más controversial y siniestra de sus derivaciones antidemocráticas.