
La Super Schiffer
La modelo-diva pisa, posa y parte de Perú en apretada visita promocional.
Sus biógrafos exageran al decir que era toda una promesa desde los cinco años. Nadie vislumbraría a la prominente estrella.
Ella habla con el cuerpo y con el rostro, en un lenguaje universal: el de la seducción.
CUARENTA y ocho horas. Ni un segundo más. Es lo que la alemana más cotizada del planeta dedicará al Perú. Se especula sobre la suma que cobra la Schiffer por su visita de promoción crediticia. Pero en el caso de que sean 250 mil dólares -como se dice-, la modelo estaría sumando a su cuenta bancaria 86 dólares por cada minuto de su estadía en suelo peruano.
Claudia fue descubierta al modelaje a los 17 años, mientras bailaba en una discoteca en Dusseldorf. "Se te ve muy bien", le dijo Michael Levaton, de la agencia Metropolitan, "¿quieres ser una modelo?" Schiffer lo ignoró. El insistió. Finalmente, con la idea de espantarlo, ella le dio el teléfono de sus padres.
Luce figura aún a costa del resfriado.
Levaton los llamó al día siguiente, y sostuvieron una larga conversación. Antes de terminar el colegio, Claudia ya había firmado contrato con Revlon y aparecido en una carátula de Elle.
Luego vino Channel, Guess y Fanta. Y "Claudia se convertió en un monstruo de esta profesión". Ahora, todo en ella es motivo de comentario, admiración o escándalo. Aquí una recopilación de sus frases célebres: "El único momento en el que me miro al espejo es cuando me cepillo los dientes". "Si se hubiera tratado de lencería transparente, me habría negado". "No me rendiré nunca, ¡excepto ante una tableta de chocolate!". "Adoro a Honoré de Balzac", "Jamás he hecho un trabajo sólo por dinero". "Nací así". Pero qué importa, porque como dice la publicidad: el mundo es suyo.