La Cola del Tigre

La Cola del Tigre
La TV. mexicana a la muerte de Emilio Azcárraga.
Por FERNANDO VIVAS SABROSO
SI había que imaginar una muerte literaria para el Tigre Emilio Azcárraga Milmo, dueño de Televisa y de varias hipotecas sobre la cultura mexicana, ésta debió parecerse a la de Charles Foster Kane, en la suntuosa soledad de su cuartel de invierno aferrado a algún recuerdo de su infancia remota. En lugar del mágico rosebud el Tigre empuñaría un chipote de juguete como el del Chapulín. Pero murió en Miami a escasos 66 años rodeado de gente de confianza que le aseguraban que la armonía del negocio y la familia -indisociables en Televisa- seguirían en pie. Cuando murió Emilio Azcárraga Vidaurreta, su padre y fundador del imperio, tampoco la empresa se vino abajo. Ahora, su descendencia, la del ex presidente de México Miguel Alemán, el cazatalentos Luis de Llano, el novelero Valentín Pimstein y otros fieles puntos de apoyo se encargarán de administrar la herencia desorbitada. Muchos hombres bailaban en la cola del tigre cuando ésta cayó exangüe pero el monopolio es tan grande y exitoso que caben escritorios cómodos para todos los ambiciosos, aun para los eventuales enemigos.
El "Tigre" en uno de sus escasos retratos.
Lo del Tigre era una metáfora triple. Primero está lo de las garras que debió invertir en dejar a la competencia de lado y en liarse políticamente al PRI. Ya saben que el suceso televisivo de Azcárraga está íntimamente asociado a su militancia priista. Segundo, está el mechón blanco a lo Tongolele que le coronaba la frente, una raya más sumada a la leyenda de un hombre que habló y apareció demasiado poco ante la prensa. Se necesitaba un perfil bajo para aguantar tantos pesos (nadie sabe cuántos pero se han llegado a colocar entre las diez mayores fortunas globales). Tercero y esto se lo contó Valentín Pimstein a su amigo Ricardo Blume: "le dicen Tigre porque cuando abraza te saca sangre". Ricardo no lo conoció pero dice que alguna vez cayó el Tigre en un set de grabación donde él se encontraba y el revuelo y la reverencia de sus colegas lo dejaron confundido. Pero sí hay un peruano que ha recibido varias veces el temible abrazo y tendría mucho que contarnos. El chiclayano José Enrique Crousillat, el dueño de América Canal 4, era uno de sus vendedores estrella, y no sabemos qué efecto tendrá el deceso sobre sus prerrogativas en la empresa. De ahora en adelante, ¿se replantearán los compromisos entre la programación del canal peruano y la provisión de enlatados del norte? Mientras el padre sigue en Miami reafirmando su posición en el área de comercialización de Televisa ¿mantendrán sus hijos en Lima la relativa independencia de la que ahora gozan?
Azcárraga, como Ted Turner, Silvio Berlusconi o el fundador de Globo, Roberto Marinho, era de esos empresarios con una visión teatral de las cosas. El mundo y eso incluye el espectáculo y la política es un sainete del que ellos se reservan la producción. Vigilan el casting de sus protagonistas -el periodista Jacobo Zabudowsky, el presentador Raúl Velasco, Verónica Castro, Thalía y congéneres en el caso mexicano- y los lanzan a los confines del continente. No importa lo que digan, su misión es entretener, ellos son el mensaje divertido. El teatro es tan grande que escapa al control del dueño, sobre todo cuando éste, físicamente agotado, ya ni asoma tras bambalinas, pero en su dormitorio, puesto que él es también un espectador, se entretiene más que cualquiera viendo, por ejemplo, en uno de los varios canales de Televisa, un partido de fútbol donde los dos equipos son de su propiedad, igual que el estadio, los comentaristas, y los mariachis que cantan en el intermedio. Mexicanos, recuerden al Tigre con los honores que se merece pero no exporten todas sus ocurrencias.
Semana Bayly
La conversación necesita eco, el chisme y la chispa tienen que rebotar en gente conocida. Por eso Jaime Bayly se da una vuelta por el barrio sin perder el hilo continental de su talkshow en la CBS. Ha seleccionado cinco invitados para cubrir la escena nacional desde el embarazo de Gisela hasta las macro-denuncias de Hildebrandt. Habrían desertado la chola Chabuca y su imitador Gayoso por desacuerdos con Pantel. Que le resulte la experiencia.
Lollo
La explosión de las bombas italianas en los '50 fue consternante. Sus hongos nucleares se repelían en el aire. El de Sophia Loren eclipsó al de todas las demás pero la Pampanini, la Mangano, y sobre todo la Cardinale y la Lollobrigida tuvieron tiempo de respirar fama. Los diez años que llevaba Gina a Sophia los empleó en demostrar su doble faz de sex symbol contemporáneo y chica telúrica venida de los campos remotos. Miss Italia confirmó sus más visibles esplendores -cintura de avispa, pechos generosos- y el cine francés insistió en su lado fiero. La fontanera revoltosa de "Fanfan la Tulipe" convenció a los hombres de CineCittá de que ella tenía que ser Pizzicarella la pueblerina turbadora de conciencias en "Pan, amor y fantasía", la quintaesencial comedia popular. Más adelante, cuando Hollywood la había empleado en scope y technicolor, el cine francés la requirió de nuevo para encarnar a otra fiera literaria, la gitana Esmeralda que secuestrada por el Jorobado en los campanarios de Notre Dame, la cima del mundo según Víctor Hugo, se inmola como una musa del amor imposible. Mientras en los '60 y '70 su filmografía raleaba, la mujer madura cultivó sus dotes de fotógrafa y show woman y en esas facetas estuvo en Lima (Véanla en "Notre Dame de París" este viernes a las 9.30 p.m. en TV5).
La Década de la Iguana
M. Morales y L.Llosa, fundadores de Iguana Films.
Lo de la "iguana" fue una ocurrencia exótica, original, de remotas referencias locales a la vez compartidas con otras culturas. Pero más allá de eso el reptil es un perfecto estandarte de esa vocación mimética por el oficio y los temas de moda hollywoodenses, que Luis Llosa y su socia Margarita Morales han impreso a todas sus producciones desde que, en joint-venture con la división internacional de Roger Corman, filmaron "Misión en los Andes". Antes de iniciar la década de Iguana Films Llosa tenía ya en su haber varios cortometrajes y un éxito televisivo como "Carmín". Lo que hizo fue continuar en la misma senda de las travesuras juveniles, el thriller que se cuela en el drama convencional, el lenguaje -que es vistoso tratando de ser invisible- de los movimientos rápidos, la noche mojada, el flou disimulado. Cuando por fin, con "El especialista" y ahora "Anaconda" Llosa ha tenido su experiencia hollywoodense in situ, y con "Torbellino" la gente de Lima ha reconquistado audiencia local, la Iguana asociada al Canal 2, tiene que replantearse por enésima vez la ecuación entre la ligereza, el localismo, las honduras dramáticas y el mercado internacional. Pásenla bien.
Picotazos
-"Ahí llevan a un muerto, no, tiene suero, no ésta muerto...."
-Apuros de periodista televisivo narrando el rescate de los rehenes.