

Por AUGUSTO ELMORE
LAS dos semanas que acaban de pasar han sido las más críticas y desmoralizantes que este cronista ha conocido, al punto que es difícil hacer una síntesis de lo acontecido porque súbitamente, y no por avisados menos dolorosos, parecieron confluir en la escena nacional todos los males de la tierra: la corrupción, el crimen organizado, la tortura, el asesinato, el prevaricato, la justicia mediatizada y obsecuente. Es como si alguien hubiese abierto de pronto la mítica Caja de Pandora para convertir al Perú en un lodazal en el que el país se atolla, se hunde. Y lo peor es que parece que todo lo que se diga o se escriba es inútil, porque el cáncer sigue su marcha.
No sé si Vladimiro Montesinos la habrá contratado como parte de una operación sicológica de distracción, pero la llegada de Claudia Schiffer sirvió exactamente para eso: distraer. Un ángel en el infierno, casi.
El ejército peruano no dio de baja oportunamente a los miembros de esa institución que fueron condenados por la propia justicia militar por crímenes -sí, crímenes, es decir asesinatos- cometidos (caso La Cantuta). No sólo no fueron dados de baja, sino que esos reos condenados continuaron cumpliendo funciones militares. ¡¿Qué se puede decir de eso?! ¿Que ésa es una institución que se respeta a sí misma?
Para algunos cines por lo menos, la modernización fue flor de un día. El Roma, por ejemplo, que exhibe "Contra viento y marea", la proyecta en una forma deplorable y oscura, haciendo casi imposible de apreciar sus imágenes. Otra de las salas modernizadas, creo que la 6 de El Pacífico, lo mismo. Allí vi `El paciente inglés' con una imagen titilante. Como el público limeño, sufrido para el castigo, no suele protestar ni quejarse por el maltrato, creo que los conocedores de cine, es decir los críticos, deberían incluir en sus comentarios al menos un rinconcito dedicado al estado de la proyección. Para defender a los aficionados y al público en general, es decir a los consumidores. A falta de Indecopi buenas son tortas. O tortazos.
¿Ustedes creen que un representante de ETA, u otro del IRA, se atreverían a hacer declaraciones públicas desde París o Frankfurt defendiendo no sólo sus causas sino además los asesinatos o atentados realizados? Creo que si osaran hacerlo les caería la Policía y les pediría cuentas. ¿Entonces por qué se tolera que el tal Isaac Velasco irradie libremente su defensa del secuestro, y amenaza contra la vida, de 72 personas en el Perú? ¿Es que el subdesarrollo nos hace pasibles de ello?
El asunto de los daños causados al Candelabro de Paracas por alumnos de la Marina de Guerra del Perú sigue su curso ineluctable: es decir su entierro definitivo. Ello me trae a la memoria el título de la obra de teatro de Hernando Cortés: ¡Abuse usted de las cholas! Si usted tiene vara: ¡haga lo que se le antoje!
Nada hay más claro y obvio que la venganza política que se ejercita contra la magistrada Delia Revoredo, aunque el secretario general de la Comisión Ejecutiva del Poder Judicial diga lo contrario. Para salvar la cara de la Justicia ya sólo queda la Academia de la Magistratura, que esperamos sancione debidamente a los ejecutores en ese vergonzoso, oscuro y tosco acto punitivo.
Con pena pero sin gloria, se alejó el general Ketín Vidal del cargo supremo de la Policía Nacional. Considerado un héroe por la prensa y por la opinión pública por el apresamiento de Abimael Guzmán, y merecedor por ello de la infinita gratitud nacional, el sobrio, austero y respetado general no tuvo tiempo, no pudo o no supo, enfrentar al peligroso toro que significaba la ola de criminalidad que asola el país, que incluye las propias filas de la Policía. Ojalá que su sucesor pueda con ella. Te lo pedimos, Señor.
Aquellos que le dieron alas a Cerpa para mostrarse absolutamente intransigente en su irracional pedido de liberación de más de 400 emerretistas condenados están obteniendo sus frutos: el jefe de la banda extrema ahora su posición, reduciendo la asistencia médica a sus víctimas.
Se dan casos curiosos, como aquel del aviso que publican seis empresas azucareras (ésas a las que les regalaron la tierra y todo lo demás, y que al igual que aquel personaje de la Biblia dilapidaron sus bienes), anuncio en el que bajo el contundente título de ¡No más intervencionismo estatal! piden la intervención del presidente de la República. Intervención que volverán a solicitar, o exigir, cada vez que necesiten del Estado para solventar sus crisis autogestionarias.
Insisto en que me parece un grave error que el Perú concurra con el Ecuador a definir los llamados impasses subsistentes. Todo lo que firme un gobierno espurio, como lo es el de ese país, podrá ser cuestionado más adelante por sus propios ciudadanos. Si el Ecuador no reconoció posteriormente los términos del Protocolo de Río, aprobado en su momento por el Gobierno y por el Congreso ecuatorianos, ¿qué se podrá esperar de lo que convengan ahora? De hecho que sólo confirmarán definitivamente la paz si el Perú les acuerda salida soberana al Amazonas. Para ellos es un todo o nada.
Ese es un chantaje parecido al de los emerretistas en la embajada del Japón: o liberación de todos sus compinches encarcelados o secuestro indefinido de los rehenes.
Bolivia le dio una enorme lección al Uruguay al negarse a liberar a los emerretistas presos en sus cárceles a cambio de la liberación de su embajador, como hizo ese país en acto absolutamente desleal. Pero como todo se olvida, ya el Perú ha hecho retornar a su Encargado de Negocios al Uruguay. No dudo que allí le habrán dado la bienvenida.