Punto de Quiebre


Punto de Quiebre
Inexorablemente ligados al destino de rehenes y captores, los garantes sufrieron en carne viva la solución militar de la crisis.

Monseñor Juan Luis Cipriani no pudo contener el llanto en la conferencia brindada junto con sus colegas Anthony Vincent de Canadá y Terusuke Terada del Japón.

PARA ellos, las sombras empezaron en pleno día. Es probable que hubieran sido enterados de la existencia de planes contingentes, pues forman parte del arsenal de posibilidades que durante varios agotadores meses pasaron por sus ojos.
Pero, claro, la fe en su trabajo consistía, por el contrario, en alejar la eventualidad de una acción armada o violenta que cerrara el capítulo de los rehenes y la toma de la residencia del embajador nipón.
Son los miembros de la comisión de garantes - Monseñor Juan Luis Cipriani, representante de la Santa Sede, Anthony Vincent, embajador canadiense, Michel Minnig, representante de la Cruz Roja, Terusuke Terada, observador del Japón. Nacionalidades distintas, talante, formación, vidas y experiencias desiguales.
De pronto se vieron dialogando con los subversivos, con los cautivos, con las altas autoridades peruanas tratando de hacer del rompecabezas una alfombra milagrosa que acabara con el sufrimiento, las diferencias políticas y las peticiones encontradas.
Apenas empezaron los primeros disparos, tuvieron sin duda que comprender que quedaban en una situación sumamente comprometida, si no desairada. La primera aclaración se dirigió a sus mandantes: el Vaticano, las cancillerías canadiense y nipona, el Comité Internacional de la Cruz Roja.

Las repercusiones internacionales han guardado las formas, pero nada está calmo. Al extremo derecho, Juan Pedro Schaerer, el número 2 de la Cruz Roja en el Perú fue expulsado del país. A la derecha, Primer Ministro, Ryutaro Hashimoto: exigió una explicación.

No estuvieron enterados en ningún momento de la orden, fecha y preparativos de la incursión militar en los linderos de la casa de San Isidro. Supusieron, con todo, que serían mirados por la prensa, los ciudadanos y los analistas como parte de un juego que, haciendo caso omiso de la promesa de que se consultaría cualquier decisión que no fuera la pacífica, tenía doble faz.
Eso independientemente del temor por la vida de los rehenes y de los emerretistas, a quienes habían frecuentado, con quienes habían intercambiado opiniones, a veces con franqueza suma, siempre en un claustro artificial, que se deterioraba por razón natural. Es tan distinto el aire de la libertad del de las cuatro paredes del cautiverio.
Fue muy mala señal la declaración de persona non grata por parte del gobierno peruano en contra de Juan Pedro Schaerer, de la Cruz Roja. Algunos medios habían venido satanizando a la Cruz Roja, pero ahora era el propio gobierno el que creaba una situación complicada. La explicación oficial -que Alberto Fujimori ha reiterado ahora en la conferencia de prensa del miércoles en Palacio- no parecía suficiente.
Schaerer, se ha dicho, hablaba demasiado con los emerretistas, y eso provocó desconfianza en el gobierno. No se trata de un novato. Estuvo en el Perú en 1992, cumpliendo todas las funciones de un delegado de la Cruz Roja.No desconocía lo que era el MRTA. Además del Perú, estuvo en Cambodia,Aukhazia,Sri Lanka, antes en el Salvador y Guatemala.
Retornó al Perú en noviembre de 1996, como el segundo de la oficina de la Cruz Roja en Lima, para lo cual tenía que haber demostrado previamente capacidad y plena concordancia con los postulados de una institución sumamente severa para evaluar a sus miembros, en especial porque el riesgo mayor es que la labor de la misma no sea comprendida por los gobiernos y se creen fosos de desconfianza.
Hablar mucho con los insurrectos o terroristas no parece ser un cargo consistente. Claro que tenía que hacerlo, pues era el encargado de toda la organización de la asistencia humanitaria en el interior de la residencia. Tenía que negociar cada cosa que entraba, los médicos, los libros, la ropa, los mensajes, la comida, la cantidad de agua. Los del MRTA se sentían los dueños, y era menester ganarse su confianza para hacer que la vida de los rehenes fuera más llevadera.
Hay quienes pueden creer que los que se incorporan a la Cruz Roja son rebeldes, marginales o izquierdistas que quieren vivir su "aventura" tercermundista. Es todo lo contrario. Son profesionales reclutados con sumo cuidado.
No es poca cosa para el gobierno tener que demostrar con pruebas que hubo inconducta por parte de Schaerer, de lo contrario será una medida discutible que echa sombras en las relaciones entre la Cruz Roja y el Perú.
Gran contraste entre la actitud oficial y las muestras de gratitud de los familiares de los rehenes que reconocen que sin la Cruz Roja estos cuatro meses hubieran sido terribles.
Por eso, la conferencia de prensa el miércoles pasado, donde monseñor Cipriani mostró con su llanto cuán afectado estaba, descartando con ello cualquier sospecha de que los garantes hubieran jugados a dos bazas, fue triste y fría. El comunicado salvaba la cara de los garantes y señalaba escuetamente que no había de qué felicitarse en cuanto a la operación militar, señalando la exclusiva responsabilidad del gobierno peruano, mostrando el pesar por las muertes y aunándose al contento de ver reunidas, por fin, a tantas familias.
Esta es toda una señal para el mundo que hay que evaluar y tratar de compensar con una actitud comprensiva por parte de los peruanos, frente a estos esforzados y convencidos defensores de la paz.


La Ultima Visita
3 hrs. antes del asalto, Anthony Vincent, sin saberlo, hizo último esfuerzo por encontrar una solución pacífica.

Escribe KELA LEON

LA contribución del embajador Anthony Vincent en la solución de la crisis de los rehenes se inició a las pocas horas de ocurrido el asalto de la embajada de Japón. Formó parte de la "misión de buena voluntad" que con los embajadores de Grecia, Francia, Perú y Brasil procuró ante el gobierno peruano condiciones de cautiverio más humanitarias para los cientos de rehenes que aún permanecían en la residencia. La negociación en situaciones de violencia no le era del todo extraña ya que anteriormente había ocupado, como funcionario del gobierno de Canadá, el cargo de Director de Asuntos Estratégicos y de Inteligencia. Ha tenido ahora ocasión de poner a prueba estas destrezas durante los últimos cuatro meses tanto en sus tratos con el MRTA como con el gobierno peruano. "Siempre hubo un trato muy cordial con el Presidente Fujimori" dijo durante una entrevista con CARETAS, "no habían fricciones aunque cada uno tenía sus propias perspectivas".

Anthony Vincent: comprendemos, pero compréndannos.

Vincent, quien antes había declarado que hasta que no se solucionara la crisis se sentiría como "un rehén con libertad provisional", afirma que aún cuando dos horas antes de la intervención visitó por última vez la embajada, no sabía que se preparaba una incursión, y así también se lo informó a su gobierno. Para él fue "un gran logro" que 71 rehenes salieran con vida" dado lo fuertemente armados que estaban los miembros del MRTA.
-¿Durante sus continuas visitas a la embajada, podía reunirse libremente con los rehenes?
-Cada vez que solicité permiso para visitar a los rehenes se me concedió y de ahí caminaba más o menos libremente por el segundo piso. Generalmente intentaba ver a todos los rehenes durante mis visitas, pero en momentos de apuro por lo menos pasaba por todas las habitaciones, los saludaba y luego me dirigía a participar en lo que llamábamos las "conferencias de prensa" con el grupo "líder".
Allí estaban el Canciller Tudela, quien tuvo un papel absolutamente clave en los intercambios, los embajadores Vásquez, Aoki y Gumucio, y el almirante Gianpietri. La contribución de Dante Córdova en mantener el espíritu del grupo en alto fue vital.
Monseñor Cipriani generalmente conducía estas reuniones en las que evaluábamos la coyuntura, hacíamos un recuento sobre las discusiones con el MRTA o hablábamos del estado anímico y de salud de los rehenes. El grupo también nos contó que cuando tuvieron oportunidad, intentaba explicar al comando MRTA la realidad de la situación en la que todos se encontraban. Aunque ahora sabemos que fracasaron en este sentido.
-¿Cerpa Cartolini participaba en estas reuniones?
-Aun cuando el MRTA mantenía durante las últimas seis semanas un centro de operaciones en el segundo piso, nosotros nos reuníamos con Cerpa en la sala o en el comedor de la residencia. Cuando no lo encontrábamos ahí, donde luego se jugó el famoso partido de fulbito, lo llamaban y bajaba a reunirse con nosotros.
En los últimos tiempos solía encontrar a Cerpa sentado solo en el sofá de la sala, se había retraído mucho, y aunque no se había aislado totalmente permanecía horas en soledad. Una característica de Cerpa era que rara vez contestaba directamente las preguntas que se le hacían, y solía retomar temas que ya habíamos zanjado. Hablaba mucho sobre las condiciones carcelarias y las condiciones de encierro del liderazgo del MRTA en la Base Naval. Cuando yo le dije que tenía a todo el mundo en su contra y debía aceptar los ofrecimientos de solución que se le presentaba, que a mí me parecían lógicos, no me contestaba directamente. Aunque siempre fue muy educado, estaba enganchado en su antigua retórica y me daba la sensación de que se sentía atrapado. El mismo un rehén.
-¿Cree que Cerpa Cartolini esperaba una intervención armada?
-El día de la intervención vi a Cerpa y a Rojas muy preocupados y decaídos, como si comprendieran que sus demandas no iban a ser atendidas y no sabían cómo parar de demandar. Pero estoy seguro que Cerpa no sabía que el final llegaría con una intervención militar. Frecuentemente decía que estaban dispuestos a entregar la vida por su causa, pero no vi en ellos una actitud fatalista.
-¿Se sintió alguna vez amenazado por el despliegue de armas en la residencia?
-Durante mis visitas no me sentí intimidado. Desde el principio vivimos con ellas. Además los del MRTA, sobre todo los más jóvenes, no eran muy disciplinados en el manejo de las armas; se separaban de ellas más de lo que deberían. Creo que después de 4 meses su estado de alerta había bajado mucho, casi se habían relajado. Cerpa inclusive había estado hablando con algunos de los del comando y les había dicho que tenían que estar más alertas. Pero no había la sensación de que algo iba a pasar.
El último día, sin embargo, no estaban particularmente relajados, el clima era tenso porque la situación se había tornado tensa. Pero no creo que había la expectativa de que algo iba a suceder.
-¿Cree que Cerpa midió el efecto que tendría restringir las visitas médicas a la embajada?
-Creo que estaba preparado a tomar decisiones de esa naturaleza. Era un indicio de que su posición se endurecía.
-Las lágrimas de monseñor Cipriani durante la conferencia de prensa que ofrecieron los garantes, ¿reflejaron el sentir de la comisión al no haber logrado una solución pacífica a la crisis?
-Los garantes y los miembros del MRTA nos conocimos bien y siempre nos saludábamos con un apretón de manos. La mayoría eran jóvenes y causa pesar que, de repente, estén muertos. Pero creo que tanto monseñor Cipriani como yo hemos entendido las razones para la intervención. También estábamos tristes por la muerte de los militares y del Dr. Giusti. Nosotros trabajábamos para obtener una solución pacífica, pero lo que realmente queríamos era que liberaran a los rehenes y, con excepción de uno, esto sucedió.


Consigna Tras Rejas
Particular visión de emerretista preso en cárcel de alta seguridad en Bolivia sobre fin de crisis de los rehenes.

¿Se esperaba usted una incursión militar en la residencia?
Nos ha tomado por sorpresa. Hemos visto las escenas por televisión y los hechos ocurridos cambian totalmente la situación. Sin embargo, para nosotros Fujimori siempre ha sido impredecible, por eso jamás asumimos que la salida violenta había sido dejada de lado.

Caballero Velásquez secuestró a Samuel Doria.

¿Ha sido desbaratado el MRTA en el Perú?
Con la toma de la residencia, el MRTA ha demostrado que no está derrotado y que tiene una gran capacidad de reconstitución. Hemos sido testigos de la inmolación de nuestro comandante Néstor Cerpa por sacar a nuestros compañeros de las prisiones-tumbas, donde son sometidos a una constante violación de sus derechos fundamentales.
¿Pero mantener como rehenes a 72 personas durante más de cien días no es una violación a los derechos humanos?
No sólo es la situación de los rehenes. Nosotros tenemos más de 400 compañeros presos, cuyos derechos sí están siendo violados. Quienes han estado en la residencia han podido sentir en carne propia lo que sienten nuestros compañeros.
¿Por qué decidieron tomar la residencia?
Fue la medida obligada tras la caída de nuestros compañeros que preparaban la toma del Congreso. Se trató de una nueva dinámica asumida por la Dirección Nacional en función de liberar a nuestros compañeros.
¿Han logrado algún objetivo con esta acción?
Se ha logrado desenmascarar el régimen de Fujimori, ha quedado claro el trato infrahumano a los presos políticos.
¿Tenía esperanzas de que las negociaciones produjeran su liberación?
Como todos nuestros compañeros, guardábamos esperanzas de ser libres porque es desesperante estar en una cárcel bajo tierra, donde no te permiten ver a tus familiares, sino tan sólo oírlos a través de rejillas.
¿Cómo asume la muerte de Cerpa?
Como un hito en la lucha del pueblo peruano dentro de la continuidad histórica. Desde la lucha de Manco Inca y la resistencia de Túpac Amaru, hasta nuestros días.
¿Los últimos atentados ocurridos en nuestro país son responsabilidad de su agrupación?
Mientras se han venido realizando las negociaciones, nuestros compañeros no han realizado acciones contra nadie.
A usted se le responsabiliza de una serie de secuestros y asesinatos.
Se me acusa de muchos crímenes, son acusaciones que normalmente se hacen a los luchadores sociales.
¿Nunca ha matado?
La organización ha reivindicado los ajusticiamientos que se han hecho...