

Roberto Sayán y Evelyn González, lejos del escenario que los tuvo en rehenes de la noticia.
AMOR EN LOS TIEMPOS DE CRISIS
Rúbrica de Evelyn marca el inicio de mejores tiempos.
LA toma de la residencia del embajador japonés los convocó en Lima. El, Roberto Sayán, 26, camarógrafo peruano, vino desde Canadá. Ella, Evelyn González, 30, neoyorquina, Senior Producer de la agencia Reuters, vino desde Miami. El primer flechazo se dio entre balas, correteaderas en pos de la primicia y con el fondo musical de la marcha del Cenepa. Ella lucía apurada, pero segura de lo que quería. Llevaba una coqueta libreta de apuntes. El vestía sentador y práctico chaleco de reportero. Las circunstancias se mostraban adversas para el inicio de un romance. Cuando estaban por salir a cenar, un impertinente mensaje vía bíper o teléfono celular los requería con carácter de suma urgencia en sus puestos de información. Durante los cuatro meses que duró la crisis apenas tuvieron dos dias libres: en el primero se fueron de paseo a Cieneguilla; en el segundo se casaron. Los casó el ex rehén y alcalde de Miraflores Fernando Andrade Carmona. Y una docena de camarógrafos de guerra grabaron la ceremonia civil. Ahora que las balas han cesado, los flamantes esposos tienen planeada una merecida luna de miel. Sin teléfonos celulares ni bípers ni sobresaltos. Y en lo posible, lo más lejos de los hermosos túneles de Chavín de Huántar, en Ancash.
DIPLOMATICA ALEGRIA
El cónsul argentino Juan Antonio Ibáñez, su esposa, Consuelo de Ibáñez, y una amiga de la pareja.
RECIENTEMENTE hubo un buen motivo para celebrar en la embajada de la República Federal de Yugoslavia. Zoran Raicevic y su esposa Lidija recibieron a amigos y allegados en su residencia de San Isidro para conmemorar el quinto aniversario del Día de la Constitución. También estuvieron presentes el encargado de negocios de dicha sede diplomática,Wosciech Tomaszenski y su esposa Margarita. Y fue Juan Antonio Ibáñez, cónsul argentino, quien se encargó de amenizar con su buen humor la concurrida reunión.
El embajador
Zoran
Raicevic
con el
Nuncio
Apostólico
Fortunato
Baldelli.