Cartas de Ernesto


Cartas de Ernesto
Durante el encierro Giusti escribió a su familia cartas que alternaban el humor y la reflexión.

Magistrado probo, Ernesto Giusti luchó por hacer del Poder Judicial una institución efectiva. Abanico de mensajes escritos por el magistrado durante sus cuatro meses de rehén.

AQUEL martes 22, la sede del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), en Magdalena, lucía más concurrida que en días anteriores. Y es que esa mañana los familiares de los 72 rehenes de la residencia del embajador del Japón se reunían ahí para cumplir con una ya acostumbrada letanía: recoger la correspondencia de sus seres queridos.
Como en tantos otros martes y viernes desde hacía más de cuatro meses, Iris Pareja de Giusti acudió también hasta el local de la CICR. Después de esperar en la cola de los familiares, le fueron entregadas dos misivas: una dirigida a ella y otra a su hija Marcela.

El niño Ernesto Giusti en brazos de su madre con quien cruzó más de un mensaje. Hijo único, siempre estuvieron juntos.

Aquellas serían las últimas líneas que recibiría de su esposo, pues a las pocos minutos se inició el Operativo "Chavín de Huántar", en la que el ejemplar magistrado perdió la vida. Así, lo que para 71 familias fue motivo de extrema felicidad, en el hogar de los Giusti-Pareja fue sentido con congoja.

LAS ULTIMAS PALABRAS

El simple papel con el membrete de la Cruz Roja para las cartas de rehenes y familiares era más que un tesoro. Siendo la única forma de comunicarse, los martes y viernes -días en que se intercambiaban los mensajes- eran esperados con una mezcla de alegría, tristeza, esperanza e inquietud
De las tantas cartas que el magistrado escribió y recibió, una se diferencia enormemente del resto. Quizá el hecho de que fuera la última le confiere ese significado especial.

"El día acá empieza con el himno del MRTA y la música criolla de la PNP"

Fechada el domingo 20 de abril de 1997, Carlos Ernesto Giusti, cosa inusual en sus comunicaciones, la había titulado. "Desde la residencia", rezaba y estaba dirigida a su hija Marcela.
"Las cosas por afuera andan movidas, aguas tempestuosas en medio de las cuales el barco de los rehenes sigue navegando sin que afortunadamente las aguas lleguen a su nivel de flotación", apuntaba en uno de los párrafos.
Sin que presagiara lo que poco después ocurriría, se notaba en sus palabras cierta desazón y desesperanza por lo prolongado del cautiverio.
Detallista al máximo, el vocal narraba en sus cartas cada una de las cosas con las que solía combatir el tedio y la tensión. Contaba, por ejemplo, que aquella mañana de domingo, mientras cumplía con el ritual comunicativo, "en la habitación, tendidos en el suelo, un alto funcionario del Poder Judicial, otro del Ejecutivo, uno de la Fuerza Armada y un amigo, están abocados a terminar un rompecabezas de dos mil 500 piezas".
El obsequio, refirió en aquella ocasión, había sido del embajador del Canadá y miembro de la Comisión de Garantes, Anthony Vincent. Más adelante, Giusti contaba que el plazo para culminar de armar el rompecabezas había sido fijado "para el próximo miércoles", es decir, un día después de la incursión militar a la residencia de Morihisa Aoki.
Pero si hubo algo que se repitió constantemente en todas estas misivas fue que Giusti -hombre generoso, probo y bonachón, como lo recuerdan sus amigos- hizo en ellas uso del humor como una forma de mantener la calma y tranquilizar a su familia. Incluso en su última carta hay un comentario al respecto: "Todo puede perderse en la vida, menos el humor".
"El día acá empieza a las seis de la mañana con el himno de los ocupantes y que rápidamente es acallado por la música criolla de la Policía. Si tenemos en cuenta al vecino que despierta sorprendido por el anuncio de los primeros que ya marchan con el verde olivo y la respuesta policial de que fina estampa y, de la jarana son señores, no puedo menos que imaginar que cada amanecer deseen mandarnos a todos al carajo...", refiere con gracia en otra nota.

"LISTOS PARA LO QUE VENGA"

Haciendo una comparación entre las primeras y las últimas cartas, se intuye que conforme iban pasando los días y las posibilidades de llegar a una solución pacífica se hacían cada vez más difíciles, los rehenes se iban aprestando poco a poco para lo que el futuro pudiera depararles.
En enero, cuando aún las conversaciones no se habían iniciado, Giusti le escribía a su hija Inés: "Debemos estar preparados para apoyar la solución pacífica del problema, pero también hay que confiar en Dios y estar listos para lo que venga".
"Estamos a la espera de que las conversaciones puedan iniciarse y confiamos mucho en la intervención de monseñor Cipriani y los garantes...", escribió también.

Carlos Giusti en dos facetas de su niñez. Premonitoria imagen de magistrado dedicado a defender el honor su investidura y de la devoción religiosa que renacería durante el encierro. Derecha, con los ex rehenes Hugo Sivina, Moisés Pantoja y Alipio Montes de Oca.

En una de las misivas a su madre, doña Georgina Acuña, le cuenta que está escuchando misa con frecuencia. "Debes estar contenta que esté acá por eso", le bromea en uno de los párrafos. No escatima agradecimientos ni elogios para Juan Julio Witch "quien para cumplir su labor pastoral se quedó para ayudarnos y darnos un hermoso ejemplo de valor e integridad...él nos fortalece, igual que monseñor Cipriani...".
El compañerismo y la solidaridad que floreció entre los 72 rehenes fueron puestos de manifiesto en muchas ocasiones. Una de ellas fue al celebrarse el cumpleaños de Giusti. Mientras afuera la familia, los amigos y la música hacían sentir al agasajado que no estaba solo, en la residencia nadie quería quedarse atrás. "Escuché la serenata, no toda, pero bastaba saber que estaban todos para sentirme muy fortalecido...acá también hubo una pequeña, pero significativa reunión que nunca olvidaré... Dicen que Dios escribe derecho sobre renglones torcidos y en este caso ello fue verdad, porque pasé un día muy hermoso...", confiesa.

UN SUEÑO ROTO

A lo largo de su vida profesional, Giusti demostró ser siempre un magistrado probo y honesto. Sus esfuerzos por combatir la inmoralidad al interior de Palacio de Justicia lo llevaron a ser estimado por muchos.
"Estoy muy tranquilo, con la seguridad de que nada de lo que se reclama me puede afectar porque actué siempre de manera principista, lo que me es de gran ayuda espiritual".
Su vida profesional estuvo siempre dirigida a lograr una administración de justicia eficiente y honesta en el país. "A ellos (sus compañeros de trabajo), mi agradecimiento y mi compromiso de salir con vida para trabajar juntos en el empeño de siempre: un Poder Judicial trabajando de manera efectiva por un Perú con justicia y paz...". Un sueño que ahora, lamentablemente, no podrá ver cumplido.

LA CARTA QUE NUNCA LLEGO

Una de las personas más afectadas con la muerte del magistrado es su madre, doña Georgina Acuña. Carlos Ernesto era su único hijo, pero llenaba su vida porque siempre estaba atento a sus necesidades y la abrumaba con su cariño.
Aquel martes 22, ella también llegó hasta el local del CICR para dejar una carta para su hijo, pero no pudo hacerlo, pues sorpresivamente se suspendió el envío de mensajes.
En esta última comunicación doña Georgina expresó sus temores.
"Que Dios te mantenga siempre la fe y esperanzas que tienes para soportar todas las penas y visicitudes que la vida nos ha deparado. No te puedo decir lo mismo porque cada día que pasa (más de 4 meses, 124 días) me siento más apenada de ver que las cosas avanzan con tanta lentitud desesperante, sin saber que va a surgir de repente...hay un constante contrapunteo de poder que retrasa las conversaciones sin tener en cuenta que hay 72 vidas humanas y 72 familias esperando el momento que esto se solucione en forma pacífica...besos, mamá".
Lamentablemente, Carlos Ernesto Giusti nunca llegó a leer estas palabras de su madre, que tenían un triste aire de despedida.