
El Quite de
la Esperanza

Manuel Moreyra, Empresario del Año 1996, indica que ahora la lidia se debe centrar en abatir la intolerable desigualdad en un marco de democracia.
Manuel Moreyra continúa con sus estudios económicos, la actividad empresarial y los análisis políticos, aunque lejos ya de una actividad partidaria. Los últimos sucesos lo han conmovido pero le han despertado la fe en el temple de los peruanos.
Se confiesa alejado de la política y, sin embargo, con lucidez y franqueza no deja de vibrar por los acontecimientos tan impresionantes que vive el país. Como casi todos los peruanos coincide que la vía de la solidaridad es urgente e imprescindible. La crisis de los rehenes ha sido el detonante para este reclamo unánime, vigoroso y desafiante. He aquí un testimonio de parte.
¿Cuál es su opinión sobre la solución final de la crisis de los rehenes?
-Al comenzar la toma de la residencia y el secuestro al principio de 800 personas, fui siempre claro: eso era absolutamente inaceptable, incluso para pensar que podía dar origen a un acuerdo de paz. No puedo negociar una paz con alguien que me está apuntando con sus armas y amenazando matar, además de quitarle la libertad a mis compatriotas y a aquellas personas amigas del Perú.
La segunda cosa que dije desde el primer día era que la estrategia tenía que ser conseguir la mayor cantidad de liberados con vida, sin ceder en la seguridad básica del país.
El resultado es inesperadamente exitoso. De 800 apresados, uno no pudo ser liberado con vida. Eso es cercano a un record. La última operación es hecha con niveles de técnica militar, extraordinariamente perfeccionada. Lo cual nos llena de orgullo. Súbitamente aparece un activo para el país: el temple de los militares.
Padre Juan Julio Wicht: el compromiso con un país con más equidad.
En segundo lugar, este temple también se extiende al resto de los rehenes. El comportamiento de los rehenes y del pueblo peruano fue ejemplar.
Esta grandeza, con todo, está rodeada de una serie de hechos pequeños. El hombre a veces es pequeño. La única forma de responder a la pequeñez es ignorarla. El exito es evidente, se está aprovechando del éxito, bueno, pues, ¿qué tanto?
Lo que sí hay que prevenir es que este éxito, que debe aplaudirse en sí, sin retaceo alguno, no conduzca al empeoramiento de la situación que lo precedió, que era sumamente preocupante.
-El país ha salido de una situación límite pero subsisten nubarrones políticos...
-La mayoría de las declaraciones, sobre todo de los rehenes, debería darnos esperanza. Todos hemos sentido que ésta no es la solución a la situación de violencia que vive el país, nacida de una desigualdad social intolerable.
Esto debe enseñarnos, en especial al gobierno, que la generosidad debería ser la principal norma de conducta en adelante. Hasta ahora el gobierno no ha dado muestras de ella. Es parte de este sistema de pequeñeces porque también desde el lado de algunos opositores ha habido una mezquindad que los pinta nuevamente de cuerpo entero.
Creo que como nunca la renovación política del país es urgentísima pero que ésta pasará por las nuevas generaciones. Lo que hay que hacer es construir algo nuevo, superando los últimos 7 años, que no han sido años de democracia ni de respeto a la Constitución aunque han tenido manejos coyunturales, sobre todo económicos, bastante aceptables.Se trata de comenzar a encaminar al país dentro de la Constitución y de la democracia. Nada puede construirse fuera de la ley.
-Además, ¿no es acaso el nuestro un país dividido, con gran dificultad para hallar consensos?
-Toda sociedad es desigual y es dividida. La unanimidad no existe. La frase de Locke, que es la base de la democracia, "todos los hombres son iguales", Jefferson magníficamente la cambió por "todos los hombres nacen iguales". Nacimos iguales pero somos distintos, eso es inevitable.
La otra idea esencial es que todos los hombres tienen derecho a la igualdad de oportunidades. Eso es lo que más falta en el Perú. Seguimos divididos en grupos humanos donde muchos tenemos todas las ventajas, desde que fuimos criados hasta ahora, y otros, muchos más, que no tienen ninguna. Eso es abiertamente injusto.
Lo que hay que hacer es más justicia. Mientras llega esa mayor justicia, tenemos que acentuar la solidaridad. Eso es lo básico que debe primar. La inmensa mayoría de la población está en tal grado empobrecida que ni siquiera puede pensar en estos términos. Ellos tienen que comer, y al principio lo más importante es comer, ellos y su familia, y si eso significa humillarse, disputarse el mendrugo o quitarle a los dueños de la electricidad para calentar la olla , hay allí una lógica y un derecho, fruto de la desesperación.
Tenemos un pueblo maravilloso, con temple, capaz de remontar una crisis como la de los rehenes, pero también escindido, golpeado.
-¿No hay demasiada soberbia en este régimen?
-Una soberbia que a veces me asombra. La hemos visto en el tema de la liberación de los rehenes Si hubiese tenido algo que ver con este resultado, mi reacción hubiese sido la de otorgarles todo el honor a los comandos, a los rehenes, al pueblo. Habré participado pero yo no soy el centro; lo fueron esos 140 soldados que obedecieron a su comando con una eficacia que sólo puede estar dada por gente que tiene una enorme generosidad.
Ese triste espectáculo de levantar banderas yo solo y pasearme para ganarme alguito es, a mi juicio, tan pequeño como fue pequeña la declaración de ese ex candidato que sólo veía los peros y nada más.
Los hombres somos así. Procuremos corregirnos todos.
Los cuatro hermanos Moreyra Loredo el día en que IPAE homenajeó a Manuel. De izquierda a derecha, Pablo, Carmen y Angélica junto con el premiado. Derecha: Cónclave empresarial en Arequipa. Manuel Moreyra quiere que el compromiso nacional contra la pobreza sea compartido por todos.
-¿El programa económico que se aplica en estos 7 años se interesa por lo social?
-No tiene esto como prioridad. Ultimamente se ha empezado a decir con mayor frecuencia que es preciso combatir la pobreza. En muchos hay ese deseo de hacerlo, pero la idea de que hay que ganar plata para uno mismo por encima de todo, sigue siendo predominante. Se dice mi empresa ha mejorado la productividad: ahora produce con 200 hombres, cuando antes necesitaba 400.¿Ha aumentado la productividad?¿Y los 200 que se han quedado sin trabajo qué producen? Por lo menos la media no ha aumentado.
Que el empresario no lo vea porque su función es servir a la empresa, se comprende ¿pero que el gobierno no lo vea? Su primera obligación es disminuir la diferencia, crear empleo y todas las medidas deben pasar por ese punto.¿Que no sea esa la prioridad? ¿Que la prioridad sea ganar las elecciones? Es algo terrible. Somos una sociedad absolutamente metalizada, no solidaria. No somos solidarios a ningún nivel.
-Las encuestas marcan un apoyo al Presidente pero al mismo tiempo hacen hincapié en que las investigaciones sobre corrupción, torturas, desapariciones deben continuar...
-Las encuestas no dan un apoyo total al Presidente. Apoyan la acción del Presidente pero al mismo tiempo dicen que hay que revisar el pasado. Un conjunto de encuestas un poco más armado podría dar un resultado más realista. El señor Fujimori ganó las elecciones en 1995, de acuerdo con la Constitución vigente (Carta que, por lo demás, es muy mala respecto a la anterior), debemos dejarlo gobernar y terminar su mandato, lo cual no significa que no podamos juzgar los actos concretos que haga. Si son positivos, reconozcámoslos, pero no podemos tapar el hecho que hay una inmoralidad creciente de tipo monetario que aflora y que no se investiga. ¿Por qué callar que al parecer hay una pugna interna en el régimen que ha hecho aflorar una serie de actos de violencia estatal mayor de lo que pudiéramos imaginar? Hay que investigar, y no porque Fujimori no debe terminar su período sino porque eso está mal, y punto. El Perú tiene que ir civilizándose poco a poco. De lo contrario no dejaremos de ser un país -es bien extraño tener que decirlo- justamente salvaje.
-¿Frente a una voluntad autoritaria no hay también una suerte de carencia política, de organización de la sociedad civil?
-Hay cosas que no haré nunca. No traicionaré. No voy a comulgar por la mañana y perjurar por la tarde, cuando el día anterior he jurado cumplir con la Constitución de 1979. Durante el gobierno de Alberto Fujimori se han hecho cosas buenas que hay que mantener. Eliminar el terror, porque con la violencia no vamos a ir a ningún lado. Eliminar la inflación, porque hace más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Hay que darle flexibilidad a la economía, y algo se ha dado.
Pero, por Dios, hay que pensar mucho más en la solidaridad y hay que hacer mucho más en esos términos. A todos los niveles. ¿Qué hago en una casa de 600 metros cuadrados, con jardín, pagando menos de mil dólares al año de impuesto predial? Eso es ridículo. Sin embargo, hay quienes piensan que eso es muy duro. Se dice que la tributación en el Perú es muy alta. No lo es. Está muy mal distribuida, que es otra cosa. Se carga al empleo.
Y esto que poco a poco está empezando a penetrar hay que transformarlo en hechos. Desgraciadamente tenemos una estructura de poder dada por una Constitución muy defectuosa y un Parlamento que es lamentable. Unos partidos políticos que, para bien o para mal, se han autodestruido. Si dentro de la clase dirigente peruana, si dentro de aquellos que han tenido la enorme ventaja de tener todas las ventajas de prepararse, no pueden salir nuevas personas que puedan presidir esto, ahí sí comenzaría a tener dudas sobre la esperanza que me ha surgido al observar el temple del peruano, el peruano soldado, el peruano rehén, el peruano civil.
-¿El empresariado nacional ha comprendido estas nuevas dimensiones del desarrollo?
Dentro de las sociedades capitalistas, y la nuestra más que liberal es capitalista, tener un buen empresariado pasa a ser el activo principal de un país. Nuestro empresariado, que ha tenido la generosidad de dar este premio a una persona que es básicamente un servidor público y no un servidor de empresas, está cumpliendo bastante bien su función, que es servir a su empresa. Falta todavía solidaridad. Ojalá que todos tuviéramos en casa una copia en un cassette de las palabras de Juan Julio Wicht y lo oyéramos una vez por semana. Lo central de su mensaje es nuestro desafío de los días que vienen: No se ha destruido la violencia en el Perú, se ha destruido un foco de violencia, pues la violencia persiste estructuralmente y eso debemos vencerlo antes de estar tranquilos.