
El Doctor Duracell
El congresista Eduardo Pando fue médico y fuente de energía para sus compañeros de encierro.
Con imposición de las manos Pando tranquilizó a rehenes. Izquierda, el día de la liberación.
MONSEÑOR Cipriani y el padre Juan Julio Wicht no fueron los únicos que se ocuparon de las almas de los rehenes de la residencia nipona durante los 126 días que duró su encierro. El congresista Eduardo Pando afirma haber contribuido también al bienestar interior de sus compañeros de cautiverio, valiéndose de la curiosa técnica de los Mahikari. Esta consiste en transmitirle energías al prójimo mediante la llamada "imposición de las manos", práctica que en la sede diplomática le ganó al parlamentario gobiernista el apelativo de "Doctor Duracell", entre secuestrados y emerretistas.
Pando se inició en esta disciplina de "purificación del alma" en 1989, como una manera de combatir el insomnio y reencontrarse espiritualmente, y en la actualidad desea viajar al Japón para perfeccionar su dominio de la técnica de trasmisión de la "luz divina".
Las tareas del congresista, sin embargo, no se limitaron al alma de los cautivos; también estuvo a cargo de la salud de sus cuerpos, pues fue designado"paramédico" de la residencia.
INFECCIONES Y TUMORES
"En la primera clasificación de los rehenes, se vio que había muchos doctores. Antes de salir, ellos nos organizaron y, con apoyo de la Cruz Roja, se nos hicieron fichas médicas. En ese momento asumí, junto con los diplomáticos Gustavo Laurie y Edwin Clarke, la responsabilidad del Tópico. Al ser liberados también ellos, me convierto en el médico de cabecera de mis compañeros de encierro. Los extranjeros pensaban que mi profesión era efectivamente la de médico y me saludaban con una reverencia extraordinaria'', cuenta Pando.
"De lo que más padecían los rehenes era de diarrea y de infecciones respiratorias y a la garganta; algunos, de estreñimiento. Hubo un tiempo en que se desató una epidemia rara, una virosis que logramos controlar", revela.
Según él, a los del MRTA, en cambio, no les pasaba nada. Aunque una vez "Tito" se le acercó y le dijo que le dolía la cabeza. El, tras auscultarlo, le diagnosticó un tumor, lo que evidentemente asustó al terrorista. "Lo hice para relajarme, para pasar la tensión", comenta el parlamentario.
En otra oportunidad, mientras escuchaba misa, el magistrado Moisés Pantoja, ex presidente de la Corte Suprema, tuvo una descompensación.
"¡Doctor Duracell, tiene una emergencia!", le corrieron a avisar. Pando se llevó entonces a Pantoja, que es tarmeño como él, a su habitación, y con café muy caliente y unas pastillas especiales logró que se recuperara.
LAS MANOS MAGICAS
La práctica de la imposición de las manos también fue ocasión de un largo anecdotario. "Luego de l5 días en mi habitación -la `C'- y frente a unos compañeros, una mañana muy temprano me puse a practicar el Okiyome -purificación espiritual- el cual hice a la habitación", refiere Pando. "Quienes se encontraban ahí me observaban extrañados y no faltaron las bromas, pero la verdad es que después de ese día nuestra habitación fue la más concurrida. Muchos decían que en la `C' se podía descansar, había paz y tranquilidad", recuerda orgulloso.
"A 18 rehenes, entre ministros, viceministros, funcionarios y miembros de las Fuerzas de Seguridad, los tuve frente a mí y les hice la imposición de las manos. Estas sesiones servían para disminuir la presión arterial, combatir la depresión y ansiedad, y les permitían descansar bien", afirma el parlamentario.
"Los del MRTA miraban sorprendidos lo que hacía, pero, por temor a sus jefes, no preguntaban. Dos de ellos dormían en nuestra habitación y al ingresar hacían gran escándalo con sus armas. No obstante, muchos de los rehenes ni cuenta se daban porque la habitación estaba purificada", concluye Pando satisfecho.