La Operación "Kotosh"



La Operación "Kotosh"
Culminada la crisis de los rehenes, toca determinar quiénes fueron responsables de que la información que permitía preverla sólo provocase en las fuerzas del orden la reacción de cruzarse de brazos. La PNP tiene culpa, pero no toda.

La operación "Chavín de Huántar" fue una espectacular manera de corregir el error que cometieron las fuerzas de seguridad al no hacer nada ante datos concretos que les anunciaban lo que se venía en la residencia. Una especie de homenaje a las manos cruzadas de las ruinas de "Kotosh", para guardar proporción con el ánimo arqueológico que al gobierno le gusta imprimirle a estas materias. Ahora se pretende hacer pagar los platos rotos a policías como el teniente general PNP Luis Malásquez, pero la verdad es que otras instituciones y protagonistas también tuvieron responsabilidad en el desaguisado.

Producida la toma de la residencia, las fuerzas del orden pretendieron intervenir pero ya era muy tarde. Derecha: Fiscal Militar, Raúl Talledo, inquieto por paradero de Malásquez.

LA noche del pasado martes 6, el teniente general PNP, Luis Malásquez Durand, se comunicó con sus familiares para preguntarles si habían recibido alguna notificación para su comparecencia ante el Consejo Supremo de Justicia Militar (CSJM). La respuesta fue negativa.
Según allegados a la familia, Malásquez se siente mortificado por el tratamiento que la prensa le ha dado a su salida del país con rumbo a México, un viaje que él habría tenido planificado con su esposa desde hacía meses. Afirman ellos, incluso, que su regreso está previsto para este fin de semana, lo que es puesto en duda por más de uno. Malásquez sabe que, de regresar y presentarse ante el CSJM, muy probablemente será detenido.

En el descargo que presentó ante el nuevo ministro del Interior, general César Saucedo Sánchez, cuando éste concurrió al Congreso, el oficial afirma que él en todo momento ha cumplido con su deber.
Una prueba de ello sería, según él, el memorándum a todas sus unidades operativas del 12 de diciembre de 1996, donde se anuncia un probable incremento de la agitación subversiva en las vísperas de las fiestas de fin de año y, aunque se centra las sospechas en Sendero Luminoso, se indica que no deben descartarse, entre otras, acciones de sabotaje contra las sedes diplomáticas de los Estados Unidos, Ecuador, España... y Japón.
En consecuencia, Malásquez recomienda en el documento a su personal buscar información y poner en ejecución una serie de planes operativos.
En el descargo -a cuyo contenido CARETAS ha tenido acceso- el oficial le recuerda también al ministro Saucedo la labor y funciones que le corresponden como jefe de la VII Región policial. Le hace notar que hay otras unidades especializadas que han tenido la información sobre la presencia en Lima de miembros del destacamento especial del MRTA, "Juan Santos Atahualpa", y del envío de armas a la capital desde la Selva Alta. Lo mas lógico, sostiene él, es que tales unidades fueran las que realizaran un trabajo de inteligencia al respecto.

CURIOSO PREMIO

Existen otros datos que tienden a señalar que, al inicio de la crisis, Malásquez no fue considerado como uno de los responsables de la misma. Tras la toma de la residencia, él no sólo permanece en su puesto, sino que 14 días más tarde es ascendido al grado de teniente general. Una promoción necesariamente aprobada por el propio presidente Fujimori, supervisada y seguramente digitada por Montesinos, con conocimiento del director de la PNP, Antonio Ketín Vidal.
¿Por qué entonces resulta ahora el principal acusado por las negligencias que le facilitaron al MRTA la toma de la residencia?, se preguntan quienes defienden su inocencia.
A juicio de ellos, así se hubiera redoblado la vigilancia la noche del 17 de diciembre, la acción del MRTA habría tenido lugar, porque el ataque fue sorpresivo, planeado meticulosamente con meses de anticipación y por una casa contigua a la residencia, no desde la calle, donde la acción policial habría sido posible.
Tales argumentos, sin embargo, no se sostienen. Un adecuado procesamiento de la información que Malásquez tuvo a su disposición anticipadamente (Ver cuadro), tendría que haber puesto en marcha un operativo que contemplara también la vigilancia de lo que sucedía en las casas vecinas a la sede diplomática.
El día mismo de la recepción, además, lo lógico habría sido ejercer un control estricto de los vehículos que ingresaban a la cuadra -fuesen ambulancias o carros de bomberos- y esa labor le correspondía impajaritablemente a la Policía.

LOS "PIOLAS"

Ahora, es verdad también que el desaguisado tuvo otros responsables que con la inculpación de Malásquez y las renuncias de Briones y Ketín Vidal pretenden acaso que la PNP aparezca como la única que metió la pata y ellos "pasar piolas".
En general, hubo un exceso de confianza de parte de las fuerzas del orden en el sentido de que el terrorismo estaba vencido, idea que habría prevalecido también entre los encargados de la seguridad de la embajada japonesa. Sólo así se explica que ésta pida el 11 de diciembre, a través del diplomático Akihisa Ogiyama, que no haya gran despliegue policial en torno a la residencia y se dé más bien importancia a la fluidez del tránsito.

Las renuncias de Briones y Ketín Vidal quieren ser aprovechadas por otros para "pasar piola".

Hay que recordar, asimismo, que cuando se capturó a Rincón, en noviembre de 1995, se hizo evidente que el MRTA estaba empeñado en una acción de proporciones para lograr la libertad de sus presos. En esa oportunidad se recogió abundante información, que fue enviada a la Dincote y al SIN, y que, al parecer, no fue aprovechada.
Está luego la información de octubre de 1996, procedente de Chanchamayo y donde se advierte de la presencia del MRTA en Lima, dato que va a la Dirección de Inteligencia de la PNP, a Seguridad del Estado, a Dincote y, por supuesto, al SIN. ¿Qué hicieron esas unidades ante semejante notificación?
Aparentemente nada, porque en lugar de tomarse las precauciones que cualquier manual de inteligencia habría recomendado, todas las instituciones de las fuerzas del orden se cruzaron de brazos a esperar que sucediera lo que sabían que podía ocurrir. Una especie de "Operación Kotosh" que luego, cuatro meses más tarde, vendría a ser enmendada a través de la "Operación Chavín de Huántar", con los costos que todos conocemos.
La lavada de cara, además, sólo parece haber alcanzado a las instituciones que representan el asesor favorito de Palacio y el general victorioso, porque a Malásquez -si regresa- así como a otros oficiales de la PNP parece esperarles una segura condena.


Primer Contacto
Los reflejos del mayor Delgado: un efecto positivo, aunque tardío, del accionar policial en la crisis.

AL producirse la primera explosión y el tiroteo en el interior de la residencia nipona, el 17 de diciembre del año pasado, la sorpresa fue tal que al principio nadie tenía una idea clara de lo que estaba sucediendo. Alertado por la radio, el jefe del Escuadrón de Emergencia, mayor PNP Hugo Delgado Arana, acudió al lugar.

El mayor PNP Hugo Delgado Arana fue el primero en dialogar con los subversivos emerretistas e intentar persuadirlos de que no mantuvieran en rehenes a mujeres ni ancianos.

La manzana estaba prácticamente rodeada. Nadie se animaba a ingresar a la residencia. El mayor Delgado sin embargo lo hizo, seguido por sus subalternos y otros oficiales. Entre el humo y los gritos de rehenes y subversivos, la confusión era total.
Delgado cuenta que pudo distinguir a uniformados con pañuelos en la boca. Pidió entonces que cesaran los disparos y los gases lacrimógenos, pero como no fue obedecido, entró en comunicación directa con el general Malásquez, y con el director general de la PN, Antonio Ketín Vidal, y les solicitó ordenar al personal policial que se serenara.
Luego se acercó a la puerta principal, donde ya los emerretistas habían tomado posiciones y, ayudado por un megáfono, solicitó un diálogo. Recibe instrucciones de dejar sus armas y avanzar. Delgado cumple con el requerimiento y con sólo su radio en la mano se acerca hasta el umbral de la puerta.
"Somos del MRTA y hemos tomado la residencia", le dicen.
El policía comunica a su comando: "Son los terroristas de México, Río, Toronto, América".
"No somos terroristas, somos luchadores sociales...", protesta un subversivo (Cerpa, aparentemente).
Sin dejar de ser apuntado, Delgado interroga a los emerretistas acerca de sus demandas, pero les dice que con todos esos rehenes ahí dentro no pueden conversar y les sugiere soltar a las mujeres y a los ancianos.
"Primero que cesen los disparos y dejen de tirar gases. Necesito además una cámara de televisión", señala el cabecilla.
Delgado pide a su comando reiterar la orden del cese del fuego. Luego hace su salida de la residencia Michael Minnig, quien se identifica como miembro de la Cruz Roja y le confirma que las mujeres van a salir.
Por la radio, el mayor había recibido la orden de velar por la mamá del presidente Fujimori, instrucción que cumple a conciencia.
Poco después, Delgado se reúne en un garaje cercano con el ministro Briones, el general Antonio Vidal y Luis Malásquez y les presenta el primer informe de la situación dentro de la residencia.