
La Mala Siembra
Incursión de soldados ecuatorianos mina nuevamente el camino hacia la paz y cobra nueva víctima.
Suboficial Javier Santillán y las consecuencias de las minas ecuatorianas, prohibidas por normas internacionales.
Ecuador utiliza una vez más la estrategia de dos cañones para enfrentar sus diferencias con el Perú. Por un lado va a Brasilia para sentarse en la mesa de conversaciones, y por el otro, infiltra patrullas armadas hasta los dientes en nuestro territorio para sembrarlo de minas antipersonales. Esta práctica, según confesión de parte, es realizada desde hace más de un año y ha cobrado numerosas víctimas. La última fue el suboficial EP, Javier Santillán, quien salvó la vida, pero perdió el pie derecho.
Soldado ecuatoriano capturado en la frontera, de vuelta a su país.
MIENTRAS en Brasilia los delegados peruanos y ecuatorianos se alistaban para iniciar la segunda ronda de conversaciones sobre los impases subsistentes, a muchísimos kilómetros de allí, una nueva provocación del país vecino ponía en riesgo todo el proceso. Internados seis kilómetros en territorio peruano y cuando se encontraban a escasos 500 metros del Puesto de Vigilancia número 3 (PV-3), en la zona delimitada por la Misión de Observadores Militares para Ecuador y Perú (MOMEP), siete soldados ecuatorianos fueron detenidos por patrullas de nuestro Ejército.
Costo: entre US$ 2 y 3. Peso: 125 gramos. Tamaño: pequeña, como una lata de atún. Color: verde. Carga explosiva: TNT, por lo general produce mutilaciones. Tipos: 72, 72B y 72C. Durante el conflicto, Ecuador sembró más de 110 mil minas chinas en la frontera.
Pese a la suciedad de sus uniformes camuflados, una inscripción llamó poderosamente la atención de los militares peruanos: "El Amazonas o la guerra", decía, amenazante, el pedazo de tela colocado a un lado del escudo norteño. Si bien las pretensiones vecinas no son desconocidas para nadie, ahora ya no dudan en gritarlas abiertamente. Incluso se sabe que ese lema es repetido a diario en cuarteles e institutos armados del Ecuador.
FULBITO ARMADO
Al verse descubiertos, la primera reacción de los infiltrados fue intentar convencer a los peruanos de que creían encontrarse en territorio ecuatoriano. Rápidamente desbaratada, la excusa fue reemplazada por otra de lo más inverosímil: su real intención, dijeron, era confraternizar con las tropas peruanas e invitarlas a jugar un partido de fulbito.
Pero para ello ciertamente no era necesario el abundante y diverso material bélico que los siete soldados portaban. Fusiles, lanzagranadas RPG, cohetes antitanques LAW, planos, mapas. Y, por si fuera poco, 60 minas antipersonales de pequeño tamaño, pero alto poder destructivo, que haciendo caso omiso a los tratados y normas internacionales, son sembradas indiscriminadamente por el Ecuador en el lado peruano de la frontera común.
Incluso Silvio Fernández Segundo Calvapiña, el sargento que comandaba la patrulla ecuatoriana, afirmó ante los oficiales peruanos que lo interrogaron, que el sábado 10 de mayo, víspera del Día de la Madre, fueron encomendados por el comando del Destacamento 62 de Zamora para sembrar las referidas minas en suelo peruano, actividad que según propia confesión se practica hace un año.
Por lo que el Ejército peruano ha podido precisar, la orden para desperdigar minas antipersonales en la frontera común ha emanado del general ecuatoriano Roberto Moya Arellano, comandante general del Batallón de Infantería Selva 21, y quien es considerado como uno de los delfines del general Paco Moncayo.
NUEVA VICTIMA
El suboficial EP, Javier Santillán Galdós, se ha convertido, hasta la fecha, en la última víctima de las minas antipersonales.
El pasado jueves 15, transcurridos dos días de la detención de la patrulla ecuatoriana, Santillán retornaba desde su punto de observación hasta el Puesto de Vigilancia "Alfonso Ugarte". Pero no pudo terminar el trayecto de apenas dos kilómetros y medio. Una mina ecuatoriana le mutiló el pie derecho.
Pero el suboficial no es, ni será, lamentablemente, el único perjudicado por esta situación. Luego del conflicto de 1995, han sido 24 las personas, civiles y militares, afectadas por los estragos de estos artefactos. De ellas, ocho fallecieron.
A las minas que últimamente viene sembrando Ecuador en territorio peruano, hay que sumarles las 110 mil que fueron desperdigadas antes, durante y después del conflicto del Cenepa. Por lo pantanoso del terreno, existe el peligro de que las mismas ya no se encuentren en el lugar donde fueron colocadas inicialmente, y que se hayan desplazado dificultando todavía más su ubicación.
Además de ser laboriosa, su detección tiene un costo elevadísimo. Sin embargo, es latente el peligro de que estos artefactos puedan permanecer activos durante mucho tiempo, acechando a todo aquel que se desplace por el lugar.
Pero más grave aún es que Ecuador, pese a las prohibiciones internacionales, continúe con su loca carrera de minar parte del territorio peruano.
CONTRARIAMENTE a lo que informó una agencia de noticias, la segunda ronda del diálogo entre Ecuador y el Perú que tuvo como escenario a Brasilia, no concluyó antes de lo previsto. Terminó ayer miércoles, conforme al cronograma fijado. Se supone que sin avances, aunque eso no se puede decir de la protocolar y rutinaria acta final.
En realidad, sólo cabe suponer, porque ambos países han acordado mantener la más hermética reserva sobre las conversaciones. Un diplomático peruano nos explicó que es posible que la percepción del público sea que se están realizando negociaciones en la capital brasileña; pero que no hay nada de eso. Se trata de conversaciones, en que se confrontan los famosos impases subsistentes. En ese marco no se negocian ni vislumbran acuerdos.
Uno de los "impases subsistentes" es el de la zona Lagartococha-Gueppi. El geógrafo y marino brasileño Braz Dias de Aguiar había ya resuelto la divergencia.
El diálogo se efectúa en aplicación del Acuerdo de Santiago, firmado el 29 de octubre de 1996 por el canciller del Perú, Franciso Tudela, y el de Ecuador, Galo Leoro Franco, así como por los cuatro representantes de los Países Garantes del Protocolo de Río de Janeiro.
La primera ronda abordó, conforme al punto 2 del Acuerdo de Santiago, los impases "mutuamente aceptados como de menores dificultades". El acápite agrega: "Los entendimientos a que se llegue en cada uno de los puntos, y que podrán implicar concesiones recíprocas, serán definitivos solamente después del acuerdo final en torno a la totalidad de los impases registrados en las listas divulgadas por el Ecuador y por el Perú". Esto explica sin duda el cerco de silencio establecido por ambas cancillerías.
El punto 3 del Acuerdo subraya que en el transcurso de las rondas se llevará un registro de los puntos de acuerdo o de desacuerdo. En todo caso, en la segunda ronda recién concluida se abordó el impase denominado Zarumilla, que sólo figura en la lista presentada por Ecuador; y el impase llamado Lagartococha- Gueppi, que aparece en las listas de los dos países.
Cabe recordar que el punto 4 del Acuerdo de Santiago señala que, terminadas las rondas de conversaciones, "los Países Garantes" propondrán los procedimientos más adecuados para la solución definitiva de los puntos de desacuerdo que las Partes no hayan logrado dirimir en forma directa".
&%191;Qué propondrán o harán los Garantes? He ahí un secreto envuelto en un enigma.