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A diecisiete años del inicio de su cruenta "lucha armada", Sendero Luminoso reaparece con aparatoso atentado.

Estruendo y destrucción en Ate-Vitarte. "Celebración" senderista con 50 kilos de dinamita.

Como en la década de los '80. La Policía, blanco de la subversión.

Foto FRANCISCO RODRIGUEZ

Días antes de las elecciones generales de 1980, un grupo de desconocidos quemó las ánforas de sufragio en el pueblo de Chuschi (Ayacucho). Era el 17 de mayo y para los fanáticos de Sendero Luminoso, la fecha marcaba el inicio de la denominada "lucha armada". Diecisiete años después y con su líder tras las rejas, esta agrupación subversiva intenta la reactivación de sus huestes. En un intento por poner en marcha las consignas del actual jefe, Oscar Ramírez Durand (a) "Feliciano", los nuevos mandos de esta agrupación han empezado a infiltrarse en los "conos" de Lima, de acuerdo con los cánones de una `guerra' declarada por ellos mismos, que busca trasladarse "del campo a la ciudad".
Considerados por el propio Guzmán como zona estratégica para el desarrollo de su trabajo político, SL ha centrado su interés en los pueblos adyacentes a la Carretera Central. Huaycán, María Parado de Bellido y Raucana siguen en la mira.
En estos días, los fulgores de su aniversario resonaron lejos de Ayacucho y se trasladaron a la capital. Un coche-bomba en Ate- Vitarte inició la demencial celebración.

Retomando la vieja prédica. Como éstos, varios panfletos fueron volanteados en Lima. En los distritos de Independencia y El Agustino, la Unidad de Desactivación de Explosivos (UDEX) detectó también algunos cazabobos.



Chuschi

Memorias de Guerra

Escribe
Rosa Vallejos - Fotos Oscar Medrano

EL auto tienta el vacío, pero no se vuelca. En "el rincón de los muertos", los caminos que son de herradura coronan los abismos y conducen a los pueblos más pobres del país.

Agosto de 1982, cuando la barbarie terrorista iniciaba su escalada contra la democracia.

Ahí, el frío alcanza escasos grados centígrados, pero no amedrenta a la población (nada ni nadie lo ha logrado), que sale con sus animales a pastorear y regresa cargando leña al filo de la noche. No los asusta la oscuridad; han aprendido a convivir con ella.
Durante el día, los imponentes cerros de alabastro y piedra sillar que se elevan desde el suelo árido gobiernan el paisaje. En esa zona, las inversiones no existen y el abandono es evidente. Desde las pendientes, se observan las miles de hectáreas de tierra aún demarcadas, pero desérticas, avivadas tan sólo por las correrías de los niños que detienen sus juegos ante el paso de los vehículos.

Izquierda, miembros del comité de autodefensa en Chuschi. Derecha, patrulla militar.

Por el contrario, algunos otros pueblos son sólo fantasmas o sombras de lo que fueron. Pautín, Tanquihua, Huahuapuquio, Putica e Incaraccay -distritos de Cangallo- conservan los vestigios de una "guerra" que marcó el éxodo y la destrucción en Ayacucho, y que convirtió a Huamanga y Lima en la tierra prometida para "los desplazados", muchos de los cuales aún no han vuelto.
-"Imaynalla, mamay", saluda Oscar Medrano, reportero gráfico de CARETAS en quechua nativo.

"Un helicóptero trajo nuevas ánforas", recuerda Florencio Conde sobre las elecciones que SL intentó frustrar en 1980.

Bajo la sombra de un techo de tejas, Felícita Cisneros contesta con una sonrisa antes de darnos la bienvenida. Especie de sobreviviente, no tiene vecinos y su casa -ubicada a 86 kilómetros al sur de Ayacucho- es la única que ha quedado en pie. Debido a los ataques subversivos, el resto de viviendas terminó en escombros o fue abandonado por sus propietarios. Felicita se quedó. "Esta es mi casa, pues, mamita, ¿cómo me voy a ir?", nos explica.

17 DE MAYO DE 1997

Chuschi está de fiesta. Su alcalde Juan Carhuapoma Llalli inaugura el hotel de la comunidad, construido con material noble y recursos propios. El canto agudo de tres muchachas ameniza la ceremonia. Suena la "chimaycha" bajo los acordes de guitarras y mandolinas, mientras el licor se trepa a la cabeza y desata la danza. Más tarde afloraría la indignación. "El Estado hace obras, vienen contratistas, nos hacen trabajar y nos pagan como esclavos. Yo trabajé catorce días en construcción civil y me pagaron por diez. Antes éramos algo rebeldes, nuestros derechos reclamábamos, pero ahora estamos siendo pisoteados y nos callamos", se lamenta Florencio Conde, antiguo poblador de Chuschi.

Campanario en Chuschi. Luego de la quema de ánforas, el pueblo se reunió a su llamado.

Ubicado a 2,680 m.s.n.m., Chuschi, distrito de Cangallo cuenta con 36 comunidades campesinas y cuatro anexos, Chacoya, Cancha-Cancha y Uchuyri que alberga a 8,080 habitantes, según estadísticas del último censo. Y fue hasta ahí donde una mañana de 1993 llegó el presidente Alberto Fujimori para ofrecer la conversión del distrito en provincia, así como herramientas, camiones y maquinaria para la agricultura. Después de cuatro años, al parecer las promesas se las llevó el viento frío de las alturas.

17 DE MAYO DE 1980

"¡Abre carajo, somos militares!", ordenó la voz detrás de la puerta de la oficina del registro electoral en Chuschi.
Florencio Conde no la reconoció, pero sintió el escalofrío del miedo recorriéndole el cuerpo. Instintivamente abrazó a su hijo. Era casi la una de la madrugada cuando un golpe seco arremetió contra la puerta abriéndola de par en par. Ingresaron entonces diez hombres encapuchados, vestidos con ponchos.
Uno de ellos se dirigió hacia Conde y lo levantó de un tirón lanzándolo sobre una banca. Sentado frente a los desconocidos, el encargado del registro electoral sintió el cañón del arma apuntándole al pecho. La situación duró el tiempo suficiente para que los visitantes tomaran todo el material de sufragio y lo incendiaran. Con esta acción Sendero Luminoso iniciaba su denominada "lucha armada". Sin embargo, esa misma noche, los pobladores lograron detener a ocho de los terroristas que habían participado en el atentado.

Actual alcalde de Chuschi, Juan Carhuapoma. Sus antecesores en el cargo fueron asesinados. Abajo, inauguración en tiempos de paz. El desarrollo del pueblo cuenta con inversión propia.

Luego vendrían años de terror. Los alcaldes encargados, Manuel Pacutaype Caupi y Francisco Vilca Huaychati fueron asesinados. Desde entonces, Chuschi era administrada por la provincia de Cangallo, época propicia para que se iniciara la infiltración terrorista.
"Nosotros ignorábamos que existía Sendero Luminoso, aunque ya había personas desconocidas que habían empezado a concientizar a la gente en las `escuelas populares' ", recuerda Emilio Ballón comunero de Chuschi, quien agrega que su pueblo estuvo como "zona liberada" -según la denominación terrorista- por un lapso de dos años. "Luego los botamos y, en venganza, ellos incendiaron nuestra casa municipal y dos tiendas. Después, saquearon y asesinaron al alcalde menor Juan Cayllahua", recuerda. Envalentonados por el recuerdo de aquellos ataques y dispuestos a no permitir que se repitan, los chuschinos han creado comités de autodefensa. Una suerte de vigilia que se implanta cada tarde con el único fin de protegerse de una nueva arremetida.

OPACO SENDERO

Durante el tiempo que duró la toma de la embajada nipona en Lima, SL parecía haber desaparecido. Sin embargo, finalizada la crisis ha vuelto a dar signos de vida que hacen temer algún nivel de reorganización.
Documentos de Inteligencia y la Dincote señalan que Sendero Luminoso cuenta con nuevos "mandos" que han empezado a infiltrarse en la capital. Por lo pronto, la Policía anda ya tras los pasos de Jenny Rodríguez Neyra (a) "Rita", responsable del Comité Metropolitano en Lima.
Asimismo, se sospecha una posible reactivación del MOTC (Movimiento de Obreros Trabajadores Clasistas), cuyos miembros aprovecharían su campo de acción con el fin de asentarse en los pueblos aledaños a la Carretera Central. Reminiscencias de la añeja prédica sobre la guerra del "campo a la ciudad".
Algo semejante estaría ocurriendo también en las zonas del Huallaga, Huancabamba, Otuzco, Callejón de Conchucos, Huanta, Vizcatán y en la selva de Ayacucho. Una medida estratégica adoptada por las nuevas huestes subversivas sería justamente la de volver a los lugares donde desplegaron sus más violentas acciones. Al respecto, en Ayacucho, hay quienes aseguran que la infiltración se está produciendo a través de algunos `retornantes', quienes lejos de apoyar la reconstrucción de sus comunidades, ocasionan conflicto y rivalidad entre sus habitantes. Hechos aún por confirmar que deberían ser cuidadosamente observados por la Policía, pues quizás nos dirijan hacia un mismo y poco deseable sendero.