CHINA TE CUENTA QUE...


Voy A
Atreverme
A Decirlo, ¿Ya?
Por LORENA TUDELA LOVEDAY
PYUCHA, o sea, lo voy a decir aunque mañana me quiten la nacionalidad peruana y tenga que hacer cola ante el consulado de Sierra Leona para pasar el resto de mi vida pastando cabras rodeada de caníbales (total, peor los hay acá); es que hija, o sea, tengo como un nudo en la boca del estómago que me está matando y si no lo digo, ay no sé, me voy a arrugar la cara y la verdad que no vale la pena habiendo sido tan regia, quedar como una pasa de California simplemente porque hay gente horrible alrededor de una y encima, hay que complicarse la vida por culpa de ella. No, se acabó.
Entonces, lo voy a decir: hay un tal Espichán, hija, que es el cholo más feo que he visto en mi nutrida existencia, lo que es ya decir bastante; pero lo peor no es que exista y que parezca una china de Chancay mal falsificada, que use esclava de plata con el escudo nacional, que sus dedos remitan a esas morcillas de día siguiente o que en general me haga acordar a una cerámica de Chulucanas que se quedó en el horno más tiempo del recomendable, no. Pucha, tampoco es lo peor que con ese aparataje, hija, sea uno de los soportes de nuestra democracia, me quiero morir.
No, lo peor, lo grave, lo intolerable es que... ¡creo que me he enamorado de él! Como lo escuchas, y te juro que cuando me lo cuento a mí misma siento que estuviera reconstruyendo la historia atroz de una enfermedad de pronóstico fatal y es que es algo parecido, no puedes imaginarte.
Todo empezó un día que prendo la tele nacional (cosa que no debería hacer, ya lo sé), y llena la pantalla de mi televisor, en mi propia casa, un huaco retrato de bastante mala factura, encima de un escritorio metálico color gris. Yo, distraída como ando, pensé, "ah, es una nueva requisa en el aeropuerto, ojalá sea de la colección de mi tía Chabuquita Larco y se lo devuelvan a la pobre". Pero no, hija, el ceramio resulta que hablaba y además, pucha, de temas de actualidad, por supuesto, o sea, como toda la gente fea que aparece por la televisión, para sustentar que todo lo que está haciendo El Que Ya Sabes es poco menos que la Utopía de la República de los Poetas, más aún tratándose en su caso del tema de los Derechos Humanos, porque ahí mismo me enteré de que encima de todo, o sea, se ocupaba de ese asunto que te lo juro, ay no sé, siempre fue del dominio absoluto y clarísimo de la GCU (en parte porque un ser tan feo como él, pucha, sólo puede ser juez y parte en un issue como el que te menciono).
Pero hija, resulta que desde esa noche me descubrí a mí misma varias veces buscando fotos suyas en los periódicos o, lo que es peor, guaj, o sea, dejando de ir a horrores de sitios para tirarme a la cama a ver televisión, pucha, esperanzada en que lo entrevisten o lo saquen hablando en el Congreso. Una noche he llegado al extremo de pedir por teléfono un pollo a la brasa y zampármelo entero con todo y papa frita frente a la pantalla, segura de que así iba a empezar a entrar en el código existencial de Espichán, de repente (¡aaaaaayyyy!) en función de un futuro matrimonio, lo que es la perversión.
¿Y quieres saber más?, ya pues, total, ya comencé. La semana pasada he soñado que me invitaba a bailar...¡al Bertolotto!, y que yo, pucha, aceptaba feliz y salíamos en parejas mi espichancito y yo, Susy Díaz con su esposo y esa especie de nueva chica de servicio que han tomado en el Congreso que se sienta al lado de Martucha y la ayayea en todo, que ni sé cómo se llama, con su señor cholo esposo más. Y claro, o sea, después del Bertolotto ya puedes imaginarte dónde y cómo terminaba la noche. Y así y todo me desperté, te lo juro, hasta dichosa. Claro, cuando al ratito me vino el in sight, pucha, no me suicidé porque no me dio el tiempo, ya te podrás imaginar.
Pero bueno hija, ya lo dije y quiero que entiendas que si en este país están pasando cosas tan graves y ay no sé, o sea, en cualquier momento nos dividimos en tribus y cada una adorará a su palo de escoba antes de salir a matar a las calles, pucha, enamorarse de Espichán es problema mayor, hija, es el regreso del trauma de la Conquista, de la desintegración nacional, y de la bestia negra de la condición humana. Pero con qué ganas me iría de nuevo con él a bailar `Loco de Atar' al Bertolotto...¿no será el fin del milenio? Te mantengo informada sólo si lo sobrevivo. Chau, chau. (Rafo León).