Cine-TV


Agua de Coco

Las inversiones de "Risas y salsa".

Por FERNANDO VIVAS SABROSO

SIENDO audaz y divertida, la Chola Chabuca era en cierto sentido inadecuada a la comedia televisiva. Tanto mensaje colado como pica pica entre las polleras la hicieron más ideológica que escatológica; demasiado rollo para unas "Risas y salsa" consagradas a un humor graso y picante. No es que Pantel celebre la pérdida de los inestimables servicios de Ernesto Pimentel sino que ante el boquete abierto por su fuga (para dedicarse a peinar con más calma el país en sus shows unipersonales; para volver en un tiempo; para ser jalado discretamente a otro canal con o sin chola pues la patente le pertenece), a "R y S" no le ha sido difícil encontrar reemplazo.

La inversión segura de Coco Marusix en "Risas y Salsa".

Coco Marusix es una inversión segura. Si la chispa se le atracara -algo poco probable si uno lo (a) recuerda toreando a tantos entrevistadores de la TV. -su solo tete-a-tete silencioso con sus invitados provocarían las risas o los murmullos de la audiencia. Coco, travesti conocido que no provoca la confusión de roles y sexos de Chabuca, tiene una oferta mucho más sencilla: el que quiere la (o) levanta y el que quiere la (o) deja. Roberto Challe, su primera presa, bailó una salsa y le posó la mano en pleno coxis, allí donde nacen las bifurcaciones de sentido de Marusix. Los otros lados casi no confunden, los pechos se revelan a la legua impostados y la silueta, vista de frente, es la de un macho sin barriga. Coco no engaña a nadie ni intenta convencernos de nada, prácticamente carece de rollo, simplemente coquetea en el amplio margen que tanto tiempo y entrevistas cliseras le ha costado alcanzar. Coco es democrático porque no impone nada y porque sabe que su silencio ideológico (no fue miembro del PALO de Susy Díaz y Fulvia Celica ni de otra asonada dizque reivindicativa) es la única condición para que pueda entrar con frescura al baño de hombres y al de mujeres.
Chabuca, en cambio, amén de sus conceptos sobre el país y la choledad, dejaba constancia de su pauta sexual al negarse a besar -pese al chongo manifiesto de sus colegas reilones- a sus invitados varones. Desde el país de la licenciosa frivolidad de "R y S", Pimentel nos devolvía abruptamente a una realidad comprometedora.
Coco, en cambio, está dispuesto o dispuesta a zampar ósculos a quien caiga y a recordarnos que su dominio no es ni más ni menos importante que esa democrática esquina nocturna, sin vecinas cucufatas armadas con rodillos ni borrachos que no saben lo que quieren, donde puede montar libremente un chongo mañosón.


Newman,
El Mejor Perdedor

Paul Newman, el ídolo perdedor.

  • A pesar de todo fue generalmente un perdedor, el rubio "looser" de las películas más críticas de las críticas décadas de los sesentas y setentas. Paul Newman jugaba por necesidad y perdía por obligación. En "El audaz" (1961), anticipo de Robert Rossen a las más negras autopuniciones de Scorcese, el billarista Newman sigue martilleando, con alcohol y malasnoches, esa figura que un actor más superficial hubiera utilizado para convertirse en el non plus ultra de Hollywood. Prefirió mantener -hasta hoy- un matrimonio inoxidable con Joanne Woodward y una desglamorizada figura pública. Acompañado de una lata de cerveza en ocasiones solemnes y de un auto de carrera en las más informales comprometió su filmografía con los papeles más masocos y decadentistas de artistas del lúcido fracaso como John Huston (su estrambótico juez Roy Bean), George Roy Hill (atribulado Butch Cassidy), Robert Altman (medroso Buffalo Bill) o su amigo Martin Ritt (óscar por "Hud") para quien encarnó, junto a Joanne, el acomplejado y a la vez enconado capataz que intenta casar a la hija del señorón Orson Welles en la adaptación de Faulkner "Un largo y ardiente verano". (Véala este sábado al mediodía en Canal Fox).


    Nuevos Días

    Jessica Tapia, Miguel Durand, Mónica Delta, Mauricio Fernandini y Valia Barak

  • No ha pasado ni un año y "Buenos días Perú" (acaba de recuperar su apellido) intenta otra remoción. Antes, cuando el primer matutino era el único concesionario de las legañas nacionales, cuando no habían llegado la competencia de América y los chistes de Federico Salazar, la fórmula se mantenía incólume. Pero hoy, pese a que todo parece estar escrito en el arte de despertar con la TV. prendida, Pantel se obliga a hacer votos de novedad. Julio Schiappa Pietra, el nuevo director, ha lanzado algunas cartas bajo de la manga como Miguel Durand y Jessica Tapia, todavía un poco tiesos en comparación a la rutina, ni muy desinhibida ni muy seca, de Mónica Delta y Mauricio Fernandini. Mónica tiene un desempeño bastante comedido, intachable si uno pide poco, sin brillos ni picotazos; pero bien podría administrar mejor su capacidad de reacción e indignación ante la noticia y dar la pizca de agresividad que en esta coyuntura -y para compensar las vergüenzas de "Panorama"- al espacio le hace falta. Mauricio, constreñido a un plano más inactual, ha demostrado un rápido aprendizaje. El diseño escenográfico con un sillón que acoge a los 5 (incluyendo a la muy discreta Valia Barak) da una cohesión de equipo al mañanero. Los nuevos comentaristas -en especial el economista Hernán Garrido Lecca- dan buen valor agregado al programa y si se llega al 30% de transmisión vía microondas que promete Schiappa, tendremos a un "Buenos días" de veras vivo y remozado.

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    Picotazos
    - "No tengo idea"
    -Víctor Joy Way respondiendo a Nicolás Lúcar acerca del monto del presupuesto de publiciad estatal.

    -"Yo no conozco".
    -Víctor Joy Way respondiendo a Nicolás Lúcar acerca del caso Ivcher.

    -" Yo no tengo por qué saber"
    -Víctor Joy Way respondiendo a Nicolás Lúcar acerca de la acusación presidencial de corrupción en la prensa.

    - "No hemos leído"
    -Víctor Joy Way respondiendo a Nicolás Lúcar acerca de la cédula viva.