CHINA TE CUENTA QUE...



O sea, Ciencia Ficción

Por LORENA TUDELA LOVEDAY

PUCHA, a mí me encaaaaaanta la ciencia-ficción, no te imaginas. Con decirte que cuando yo tenía dos años de edad, pucha, agarraba todos los libros de Verne, de Asimov y de otros que había en la biblioteca de mi papi y me los devoraba regio, y en inglés. Por eso creo que cuando naces en el SSE -A (Sector Socio Económico A), o sea, tus posibilidades de expandir tu mundo interior son mucho mayores que las de por ejemplo, ay no sé, o sea, una Martucha, ag, ¿no?, que te aseguro que la pobre a la edad en la que yo me rayaba con los bocetos fantasiosos de Leonardo, pucha, ella dormía con media con hueco, pero así es la vida, ¿no crees?
Y te decía lo de la ciencia-ficción porque el otro día estaba manejando en uno de esos atolladeros que sólo hay en Lima, hija, que vienen con pezuña y mentada de madre incorporadas, cuando en eso me descubrí a mí misma pensando en que en el centro de ese parque que había a mi costado, pucha, ahí mismo alguna vez habría de levantarse el monumento a la tal señora Leonor la Rosa, que como te habrás dado cuenta, o sea, ante toooooodos los que estamos luchando para tirarnos abajo la dictadura, o sea, ha pasado a ser el paradigma de la heroína de los derechos humanos, hija.
Porque yo te digo, o sea, así como la Micaela Bastidas fue una gorda sometida al maridete y un buen día se mandó a luchar contra los españoles hasta que la fusilaron bien al mantón abierto, mientras decía "ya estoy harta de soportar esto", que no era sino la expresión de su fatiga por tener que aguantar encima a semejante galifardo, bueno, la valiente Leonor, pucha, harta también de interrogar sospechosos, de escuchar llamadas telefónicas ajenas y de ir donde el príncipe Vlad con las últimas del toute Lima, ahora se ha dedicado a luchar por la democracia y a su lado Rosa de Luxemburgo es una papa huayro, qué te parece.
Y claro, miraba el parque ese y me imaginaba el día de la develación del monumento, hija, yo vestida con un sastrecito guinda full amnesty, pucha, jalando una cinta con la bandera peruana de un lado, y del otro el gordo Chimucho, que te juro que andaría en ese momento con la cabeza puesta en los bocaditos que después habrían de pasar en el conversatorio al que habremos de ir después de la inauguración, pucha, por lo menos, en la casa de Delfín.
Pero como el atolladero seguía y seguía, o sea, yo también decidí continuar con la ciencia-ficción y pensaba, bueno, mientras esto ocurra, ¿qué será por ejemplo de la vida de Martucha, ag?, ¿dónde andará?, ¿qué insólito destino la habrá arrastrado a qué puerto? Y encontré al toque la respuesta: Huacho. Y te lo paso a explicar.
Mira, o sea, yo no estoy en absoluto de acuerdo con lo que hicieron esos chicos de la Católica a Martucha, ag, o sea, de llevarle al Congreso la plata obtenida en una colecta, para que se vaya al extranjero con boleto de ida, no. Te juro que me parece un exceso. Porque para mí sería suficiente con embarcarla a Huacho en un Tigre del Norte Chico, y ahí ponerla a trabajar de encargada de disciplina en el Centro Pedagógico Público Brígida Silva de Ochoa, perfecta.
Te garantizo que en un año en ese plan, Martucha se nos tranquiliza, se encuentra a sí misma, al maridete que se maneja lo nombran concejal de cualquier cosa, la bebe crecería sanota y chaposa y ya qué más, hija. ¿Pero es que no te das cuenta de que en este país la mayoría de los conflictos se dan porque la gente se ha escapado del lugar que le corresponde? Por eso te digo, o sea, ya que la realidad nos juega unas pasadas de las que no se ven, pucha, hagamos ciencia-ficción: es lo mejor para los nervios, no te arrugas y pasas piola los atolladeros, ésos que El Innombrable ahora dice que va a resolver poniéndonos a dar vueltas un helicóptero en la cabeza... ¿no te digo? Chau, chau (Rafo León).