

Alados Poderosos
Los ángeles apócrifos de América en versión de Ramón Mujica.
La primera edición salió hace cinco años, pero se agotó a los dos meses de estar en librerías. Por esta razón, el Fondo de Cultura Económica reedita "Angeles apócrifos en la América virreinal", del antropólogo e historiador de arte Ramón Mujica, versión corregida y ampliada a la luz de nuevos descubrimientos que iluminan la fecunda complejidad cultural del virreinato del Perú.
HACE más de una década que Ramón Mujica se acercó al tema de la angelología, motivado sobre todo por un interés histórico ante la presencia de arcángeles arcabuceros con nombres apócrifos en la pintura del Virreinato. "Apócrifos en el sentido de lo no oficial, lo subterráneo, lo no reconocido en el culto ortodoxo de la Iglesia Católica", aclara.
No hay antecedentes de la existencia de estos ángeles guerreros en ningún otro sitio del mundo (ni en Europa ni en América), por lo que su presencia hay que situarla en el pensamiento del propio mundo andino.
Mujica hace un fascinante recorrido en el tiempo y en el espacio buscando los orígenes. Viaja entre el Viejo y Nuevo Mundo deteniéndose en la Antigüedad, Edad Media, Renacimiento y Barroco. Analiza el poder espiritual de los ángeles, pero también su influencia cabalística y política. Se nutre de la historia, de la teología y de la antropología, para explicar la sorprendente complejidad de la cultura americana.
El historiador Ramón Mujica y libro de ángeles arcabuceros en la Colonia.
Según las investigaciones de Mujica, cuando los españoles llegan al Nuevo Mundo se encuentran con que los andinos tenían a los huamincas (Huamán Inca que quiere decir Halcón del Inca), dioses guerreros resplandecientes e invisibles que estaban al servicio de Wiracocha y que se vestían con vistosas plumas de aves. Más atrás en el tiempo, existe una cerámica mochica que representa a un sacerdote con alas postizas, y los tres géneros de aves guerreras conocidas en el Ande (cóndor, halcón, águila) fueron considerados como el origen totémico de los clanes incaicos.
Durante la Edad Media se pensó que los ángeles solían tomar forma de aves y cuando Cristóbal Colón llegó a América creyó que se encontraba en el paraíso de las aves. "Curiosamente después de la Conquista, los caciques indígenas conversos al cristianismo identificaron sus antiguas aves sagradas con los ángeles", señala el historiador.
De esta tradición precolombina se valieron sutilmente los adoctrinadores jesuitas para reinterpretar el pensamiento andino, inventando ellos mismos mitos andinos para certificar que los aborígenes tenían la semilla cristiana muy dentro y que por vías naturales habían llegado al mismo conocimiento celestial. Asimilando la idiosincrasia andina, los evangelizadores aseguraban que las voces de los wamani, que los indios escuchaban al interior de las huacas, no eran sino ángeles caídos que castigaban su incredulidad.
Arcángel San Hadriel del Taller de Francisco de Zurbarán.
En la Edad Media la autoridad política estaba separada pero subordinada al poder eclesiástico, hasta que una Bula Papal otorgó a la Corona española todo el poder relacionado con el Nuevo Mundo. Es curioso el dato porque el libro de revelaciones Apocalipsis Nova señala el importante papel que cumpliría la monarquía cristiana al final de los tiempos apoyada por un ejército comandado por 7 ángeles. Por primera vez, los Reyes Católicos se encontraron con que los reinos espirituales y terrenales les pertenecían, reforzados para el efecto por un ejército de ángeles y de curas.
La teocracia afianza su poder mediante lazos de sangre: la ñusta Beatriz Clara Coya, descendiente directa de Huayna Cápac y heredera de su dinastía real, se casa con Martín García de Loyola, sobrino de San Ignacio de Loyola, fundador de la orden jesuita. Más tarde, la hija de ambos consolida el poder casándose con Juan Borja, hijo de San Francisco de Borja.
Como es de suponer, la dinastía india conversa asimiló el universalismo monárquico de los habsburgos españoles, oponiéndose a los aires renovadores de los Borbones que culminarían con el reinado de Carlos III y la expulsión de los jesuitas.
Al desaparecer la orden, la influencia de la angelología comienza a decaer. Algunos historiadores sitúan el germen emancipador de la América española como un rechazo a las reformas borbónicas. Mujica cita a Carlos Stoetzer para esclarecer esta singular relación político-religioso-emancipadora. "La cuestión de la religión iba a desempeñar un gran papel en la revolución de la América española y la independencia se desarrollaría entre 1820 y 1823 como una reacción conservadora a la España liberal".
El culto a los 7 ángeles (Miguel, Gabriel, Rafael, Uriel, Sealthiel, Jehudiel y Barachiel) proviene de las corrientes judías precristianas, alcanzan una rara metamorfosis en el Ande peruano en la época virreinal y cobran un nuevo auge en esos tiempos finiseculares donde los ángeles vuelven con su papel de intermediarios divinos a explicar fenómenos sobrenaturales.
"Angeles apócrifos en la América virreinal", es un estupendo volumen capaz de descubrirnos caminos insospechados de la historia terrena y del espíritu. (María Elena Cornejo).
Danza Real
El Señor de Sipán celebró su primera década en este siglo.
La Cantata estará el 11 en la Huaca Huallamarca de San Isidro.
EL Museo de la Nación se vistió de largo el martes 1 de julio para celebrar el décimo aniversario del descubrimiento de las tumbas del Señor de Sipán. El arqueólogo Walter Alva, anfitrión de la fiesta, director del Museo Bruning y principal impulsor del ambicioso proyecto Sipán, que incluye la construcción de un moderno museo en Chiclayo, hizo un emocionado recuento del histórico hallazgo en tierras Moche. "Un día como hoy, hace diez años, encontramos unos ojos penetrantes que nos miraban desde una distancia de 1,700 años. Ese día tuvimos la certeza de encontrarnos ante la tumba de uno de los hombres más importantes del Antiguo Perú". Tres meses más tarde, el fastuoso hallazgo ratificaría con creces esa primera impresión.
Después del recuento, hizo su ingreso triunfal el Señor de Moche cargado en hombros de sus súbditos. Era "La Cantata al Señor de Sipán": 4,500 palabras y 640 versos que recrean un diálogo imaginario entre el siglo II y el XX, donde didácticamente se van explicando, comentando y comparando la vida en tan disímiles siglos. Su autor, el piurano Edgar Dante y su grupo de trovadores populares se encargaron de poner el toque mágico al encuentro.
Visiones
Los alumnos del curso de fotografía del Instituto
Toulouse Lautrec están exponiendo sus trabajos en su local de Malecón Balta 1070, Miraflores. Bajo la dirección de los profesores
Peruska y Oscar Chambi, los jóvenes han reunido 80 imágenes que abarcan
retratos y paisajes en blanco y negro. En la fotografía, Niños de El Guayabo de Chincha tomado por Gina Gamaldo. Hasta el 18 de julio.
Poesía Ante Todo
El poeta ecuatoriano Jorge Enrique Adoum
visitó la Feria Internacional del Libro.
Considerado como el poeta vivo más renombrado del Ecuador, Jorge Enrique Adoum estuvo brevemente en Lima invitado por la Cámara Peruana del Libro para participar en la II Feria Internacional. Es autor de "El amor desenterrado y otros poemas" (poesía), "El sol bajo las patas de los caballos" (teatro), "Entre Marx y la mujer desnuda" (novela), amén de ensayos críticos varios.
¿Se ha incrementado el número de poetas entre los jóvenes ecuatorianos?
-No sé si son más, pero son muchos. Probablemente hay menos que en Chile o Colombia, pero similar al Perú. En Quito organizamos veladas poéticas todos los martes del año para difundir entre los jóvenes la poesía mundial.
-¿Y no se rebelan contra los mayores?
-Claro que sí. Hay todo un movimiento de muchachos que quiere despercudirse de los maestros. Dicen que el discurso de los 60 ya no convoca, que es obsoleto, pero cuando estuvo Ernesto Cardenal, que tiene más de 70 años, los jóvenes acudieron en masa a escucharlo. Lo que pasa es que esta generación se ha enamorado de la palabra nostalgia, pero contradictoriamente acusa a los mayores de añorar el pasado. No hay que tomarlo tan a la tremenda. Ya se les pasará.
-¿Cree que en América Latina hay una apertura especial hacia la poesía?
-Lo que creo es que cuando somos adolescentes, el primer desengaño amoroso produce el primer libro. Felizmente, la maduración nos libra que al segundo desengaño tengamos un nuevo libro. El gran error es creer que como todos tenemos el don de la palabra también todos tenemos el don de la palabra escrita.
-¿Se arrepiente de algunos de sus libros?
-Me arrepiento de todo lo que he publicado antes de cumplir los 30 años. Cuando somos jóvenes creemos que el mundo empieza y termina con nosotros. Antes había más autocrítica, pero ahora se alardea mucho de ignorar a los clásicos, de no leer a los maestros.
-¿Por qué es poeta?
-Porque no tengo más remedio. Escribir es una sed que no se satisface ni siquiera escribiendo porque aumenta con cada verso.
-"El amor desenterrado" es un gran poema histórico. ¿Se siente cómodo en esta vertiente?
-A principios de la década de los 50 publiqué "Los cuadernos de la Tierra", donde pretendía hacer una historia del mundo americano. Con la audacia de la juventud anuncié que serían 8 volúmenes, pero sólo llegué a cuatro. Allí me di cuenta que no puede escribirse poesía programadamente ni menos epopeya en países que no conocen de héroes. En "El amor desenterrado" tomo de punto de partida el sorprendente descubrimiento arqueológico de Sumpa, donde se encontraron dos esqueletos en el acto amatorio sorprendidos así por la muerte y la eternidad.
-¿Qué influencias reconoce en su poesía?
-Fui secretario privado de Neruda y seguramente influyó mucho en mí en los inicios. Es natural la influencia de los maestros, pero cuando uno la reconoce y persiste se convierte en imitación. En el primer caso, hay que buscar los antídotos poéticos. En mi caso, yo me refugié en Withman, Maiakosvsky, Vallejo. La escritura es como una carrera de relevos donde los maestros entregan el testigo a los jóvenes para que sigan en carrera. Eso no es un lastre ni algo negativo, es ley de la vida.
-¿También se siente vallejiano?
-Todos los que hablan español se han sentido tocados por su genio. Es un poeta que hizo estallar la lengua. A Vallejo el castellano le quedó corto, por eso innovó de esa manera extraordinaria. No creo tener influencia poética directa, pero él como personaje me ha interesado mucho. Precisamente una de las conferencias que daré en Lima es "Charlot y Vallejo", un paralelo entre dos personalidades que admiro mucho.