
De Víctor Joy a Carlos Torres
Cambio de Fiel
A la nueva Directiva del Congreso le lloverá duro y parejo, considerando la temperatura política.
AL cierre de la presente edición, seguía siendo un misterio el paradero de Carlos Torres y Torres Lara, quizá una de las figuras emblemáticas del fujimorismo y el próximo presidente del Congreso de la República.
¿Vacaciones, meditación, perfil bajo?
El traslado de mando en el Congreso fujimorista no da lugar a la sorpresa. Es una decisión tomada con antelación por el presidente Alberto Fujimori, que la mayoría acata con disciplina y que la ciudadanía observa con desgano.
Pero esta vez, el acceso a la presidencia se produce justo cuando la actuación del Congreso está en su punto más bajo y la figura de Carlos Torres sintetiza -aunque no lo quiera- las pocas luces y las muchas sombras de un régimen que lleva agobiantes 7 años.
Torres y Torres Lara no puede quejarse de la solicitud con que la fortuna política lo ha atendido en todo ese tiempo.
De profesor universitario y ducho en cooperativismo pasó a convertirse en ministro de Trabajo y a escalar posiciones rápidamente en ese conglomerado confuso e informe que era el gobierno en 1990, donde el consejo oportuno y la versatilidad para adoptar posiciones resultaban providenciales.
Carlos Torres y Torres Lara, próximo presidente del Congreso: un nuevo desafío y una paciencia a prueba de balas.
El salto en 1991 fue mayúsculo. Desproporcionado, según sus críticos. Pasó a primer ministro y canciller: un nuevo mundo se abría a sus pies. Torre Tagle fue una experiencia que rebasó largamente su voluntad de superarse. El ya célebre "Pacto de Caballeros" acabó pronto con su buena estrella. Y la concertación con los partidos políticos fue también reveladora de un arte que él creía reservado a las asambleas de socios: el doblez, la palabra volandera, la promesa que cambia de rostro.
Duró poco la cumbre y volvió al llano. Bueno a un llano tentador: fue nombrado en Foncodes.
El golpe del 5 de abril, encuentra en Carlos Torres a uno de los juristas dispuestos a hallarle razones a la sinrazón. El derecho se convierte así en un dúctil instrumento para explicar aspectos sorprendentes de un régimen heterodoxo. Por cierto que fue candidato al CCD y rápidamente se volvió la figura preeminente a través de la Comisión de Constitución, computadora en mano y una capacidad magnífica para hacer que el sofisma se emparentara con la verdad. Un récord filosófico que hay que reconocerle hidalgamente.
Carlos Torres es animoso y logra mediante señales y mímicas que la mayoría lo obedezca. Ha sido tanto en el CCD como en el actual Congreso el vocero nato y neto del oficialismo. Ya en la presidencia, se le extrañará en su escaño y será difícil encontrar a alguien con tanta voluntad de polémica y tanto optimismo en sus palabras.
Torres y Torres Lara ha aprendido mucho. Sabe de técnica parlamentaria y de manejo en los corrillos y cónclaves de la mayoría. Conoce también los secretos de la guillotina política: el desfile de los que perdieron el favor presidencial de algún modo lo ha tocado. Primero, Hernando de Soto y su proyecto de "Democratización de las Decisiones", luego Jaime Yoshiyama, tal vez Víctor Joy Way. No se lleva con otras estrellas del firmamento cambista, en especial Martha Chávez.
Por eso quizá su mesa directiva para la gestión que empieza en este julio sea tan opaca: Oswaldo Sandoval, un transportista que ha ido lejos; Edith Mellado, educadora y fidelísima del Asesor y Aurora Torrejón, que labró su carrera edilicia con la lampa populista pero que luego descubrió que la yuca era mejor impulsora en la carrera hacia el poder.
No son los vientos que le esperan a esta nueva administración parlamentaria muy propicios. Víctor Joy Way prometió entendimiento y culmina, sin embargo, con una certeza: ha perdido amigos y de su carácter alegre queda poco.
Carlos Torres se ha reunido con puntilloso cuidado con algunos de los miembros de la oposición. Promesas de cambiar de temperamento, espacios anhelados por la oposición, consultas y concordias. Pero ya es canción conocida. En Carlos Torrres brilla la lealtad con Fujimori y la inconstancia con los otros.
¿Qué ocurrirá con las comisiones? En las propias filas oficialistas no hay un ánimo contemplativo con Carlos Torres, especialmente entre los llamados "provincianos". Por eso las damas provincianas de la mesa directiva para aliviar la tensión. Sin embargo, hay pelea en varias comisiones.
....Lo único que tiene seguro Joy Way es la presidencia de la comisión de Relaciones Exteriores. Lo mismo no ocurre con su predecesora Martha Chávez. La presidencia de la comisión de Constitución le estaría sonriendo más a su colega Ricardo Marcenaro. Quien definitivamente abandonaría la comisión de Educación sería el congresista Jorge Trelles. Esto por la baja produccion de leyes y los serios encontronazos que tuvo no sólo con congresistas de la oposición. Miguel Velit por su parte asumiría la conducción de la comisión de Derechos Humanos. Estaría acaparando presidencias ya que antes dirigió las de Salud y Fiscalización. Esta última sería asumida por uno de sus más destacados miembros Helbert Samalvides. Si la Mellado ha sido adalid de Vladimiro Montesinos en cuanta ocasión se le ha presentado en el pleno, Samalvides ha sido fiel escudero de Augusto Miyagusuku ex presidente de Popular y Porvenir. La comisión de la Mujer estaría siendo disputada por las actuales vicepresidentas del Congreso Martha Hildebrandt y Luz Salgado. Esta última, al parecer, le ganaría la partida a la santiaguista. Por su excelente desempeño al frente de la comisión de Justicia, Oscar Medelius continuaría en el cargo. Después de todo no es tan fácil coordinar con Montesinos, José Dellepiane y Blanca Nélida Colán a la vez.
Mi actividad es la docencia universitaria, de modo que cuando termine mi actividad política, que es obviamente temporal, regreso a mi campo de acción. El futuro no está en la política sino en los claustros universtarios donde uno tiene que rendir cuenta a sus alumnos.
(CARETAS, marzo de 1991, presidente del Consejo de Ministros y canciller).
Puedo darles plena seguridad de que efectivos militares, que estuvieron por breve tiempo en territorio peruano fueron retirados conforme al `pacto de caballeros' donde se distanciaron las dos patrullas correspondientes.
(El Comercio, setiembre de 1991, ante incursión de tropas ecuatorianas en territorio peruano).
Si hacemos lo que quieren los políticos tradicionales de turno, lo que vamos a hacer es entorpecer la labor constitucional de y convertir al CCD en un centro de pelea alrededor de la persona de Fujimori.
(La República, de febrero de 1993. Tema: Reelección Presidencial).
Deseamos que el Tribunal Constitucional asuma sus propios problemas sin intervención del Congreso. El TC debe tomarse su tiempo porque es un organismo autónomo. En consecuencia el Congreso debe abstenerse de cualquier medida sobre asuntos internos de esa institución.
(Expreso, enero de 1997)