Transición


Por HAROLD FORSYTH
Hombre del Siglo (II)
COMO lo suponíamos, nuestro primer artículo sobre el "Hombre del Siglo" motivó una copiosa correspondencia, de un contenido muy aleccionador y, en muchos casos, sorprendente.
La gran mayoría coincide con nuestra propuesta de Víctor Raúl Haya de la Torre como el peruano más trascendental de este siglo, tanto por su rol de político, líder del partido más importante de nuestra historia e intelectual de impacto latinoamericano.
Ese gran peruano que fue Andrés Townsend Ezcurra me comentó, en una oportunidad, que Haya había sido "un iluminado". Y tengo, asimismo, presente las múltiples referencias del historiador Alberto Flores Galindo en el sentido de que "El antiimperialismo y el Apra" era un trabajo de tal calidad que no debía faltar en la biblioteca de todo peruano. Efectivamente, ese libro figura, al lado de los "Siete ensayos" de Mariátegui, "La Realidad Nacional" de Víctor Andrés Belaunde y "El Perú contemporáneo" de García Calderón, entre las obras capitales e imprescindibles para entender el Perú y nuestra circunstancia.
Sin embargo, no deja de sorprender e interesar que muchos compatriotas coincidan en calificar al general Juan Velasco Alvarado como el hombre del siglo y las razones que dan para ello se basan en que él inició un proceso de profundas transformaciones sociales. Según una respetable cantidad de opiniones, el general Velasco fue el primero en darle al pueblo los legítimos derechos que, históricamente, le habían sido negados.
Es posible que la perspectiva histórica sea -todavía- muy corta para juzgar a Velasco más allá de hechos episódicos y que se instale una tendencia afirmada para reivindicar su nombre. En todo caso, su desprecio por las libertades fundamentales y por el derecho del pueblo a organizar su propia vida institucional están demasiado presentes en el imaginario colectivo como para que se honre a quien menospreciaba la democracia, especialmente cuando ésta ha ganado tanto terreno en todo el mundo.
Pero Velasco -es cierto- implica acción concreta y siempre bajo el esquema de contraponer una clase dominante (en aquella época se decía "oligarquía") a los intereses de las "grandes mayorías olvidadas". El problema parece ser que la pérdida de credibilidad de la clase política -hecho que ha dado pábulo a tantos improvisados- repone al "líder indiscutido e indiscutible de la revolución peruana" como un referente.
Otros compatriotas también coinciden -en número importante- en afirmar que el peruano de este siglo es un intelectual y un sacerdote, el Padre Gustavo Gutiérrez, creador de la teología de la liberación, ese extraordinario conjunto de conceptos que ha contribuido decididamente en la forja de una nueva visión de la sociedad frente a la existencia de Dios a través de un método provocador.
Figura altamente controversial, el Padre Gutiérrez es un referente imprescindible para las ciencias sociales y su condición de peruano honra a nuestro país. Quienes sugieren su nombre nos recuerdan a quien sería imperdonable olvidar.
Seguimos, entonces, a la espera de más correspondencia mientras contemplamos la posibilidad de abrir una página específica en la Internet para que pueda darse un debate que alcance a los mismos interesados entre sí.
Hoy que el "pragmatismo feroz" parece regir las conciencias de muchos, es estimulante contemplar el germen de un interés colectivo por todo lo peruano y los valores que deben normar nuestra convivencia. Ese es, tal vez, el mejor mensaje de los jóvenes universitarios que tomaron las calles y la más clara promesa de que vendrán días mejores.

Correo E: hforsyth@congreso.gob.pe