
El CHE
Huesos Que Hablan
La historia ayudó a reconstruir la ruta de sus huesos y empieza ahora a rehacer su imagen.
Tras sesenta excavaciones infructuosas, se ubicaron restos cubiertos por la casaca que llevaba el Che el día de su fusilamiento. Las pistas falsas caducaron.
LA recuperación de los restos del Che empezó en verdad hace año y medio. En diciembre de 1995, el general boliviano Vargas Salinas dijo, en efecto, al periodista estadounidense John Lee Andersen que el guerrillero estaba enterrado en la pista de aterrizaje del antiguo aeropuerto del pueblo de Valle Grande, en el sur profundo de Bolivia. Lee preparaba una biografía del Che, pero no prestó mayor atención al dato.
Después, el militar contó la misma historia al diario "La Razón" de La Paz. Desde allí, la información empezó a rodar y crecer hasta alcanzar las páginas de "The New York Times".
Entonces se iniciaron las investigaciones en serio y los rumores en serie. El Equipo Argentino de Antropólogos Forenses, entidad de prestigio mundial que se dedica a desvelar matanzas de dictaduras y regímenes militares, trabajó largos meses sin resultados. Improba y al parecer estéril labor tuvieron también los científicos cubanos que llegaron hasta Valle Grande para investigar. En el aeropuerto se hicieron sesenta excavaciones sin resultado positivo.
El Che muerto. Derecha, poco antes de su ejecución con Félix Rodríguez de la CIA.
Hacia mediados del año pasado, el curso de la cosas cambió. Los cubanos decidieron empezar por una reconstrucción histórica, paso a paso, minuto a minuto. El pasado aclaró el terreno.
Se pudo precisar así el itinerario del Che muerto. Un periodista extranjero que ha seguido el proceso de la búsqueda en el escenario mismo, dice que los cubanos, dirigidos por la historiadora María del Carmen Ariet, llevaron especialistas y tecnología del más alto nivel: electrosondas para analizar el terreno y recursos geofísicos y geoquímicos que les permitieron calibrar las variaciones en el contenido de fosfato en el suelo.
Fue eso lo que condujo al descubrimiento de la osamente del mitológico personaje, así como la de varios de sus compañeros, entre ellos la del peruano Juan Pablo Chang-Navarro Lévano "El Chino".
El Che fue capturado el 8 de octubre de 1967. Vestía harapos y estaba físicamente deshecho. En ese momento, a la caída de la tarde, herido y desarmado, supo que era cierto lo que había escrito en sus diario el 28 de setiembre: "estamos en una ratonera".
Su ejército, que nunca tuvo más de 38 combatientes, estaba diezmado y acosado, y los campesinos a los que pretendía liberar habían delatado su ubicación.
Guevara con miembros de su ejército, que incluía bolivianos, cubanos y peruanos. Entre éstos el médico mulato José Carrera Flores y Juan Chang "El Chino".
A su lado sólo se encontraba el fiel "Willy", el boliviano Simón Cuba. Ambos serían ejecutados al día siguiente.
Al Che y sus compañeros los perseguía prácticamente todo el ejército de Bolivia, con el apoyo de la CIA y de veteranos de la guerra de Vietnam. Félix Rodríguez, el jefe de contrainteligencia norteamericano que se retrató junto al Che y que ahora reconoce el coraje de éste, fue uno de los más eficientes organizadores de la captura.
En el momento de su caída, Guevara dijo a sus captores: "Soy el Che. No disparen. Valgo más vivo que muerto". Pero la orden era no dejar sobrevivientes.
De ese modo terminaba la historia de un revolucionario que había soñado con llevar la revolución a toda América Latina.
El Che en los días de la lucha en Cuba. Al lado, cuando estudiaba medicina.
Quizás en sus últimos momentos recordó los días de su juventud estudiantil, sus giras en motocicleta por América del Sur, su llegada al Perú donde fue protegido por el lepróligo peruano Hugo Pesce -íntimo colaborador de José Carlos Mariátegui-, su llegada a Bolivia en el momento de la insurrección popular victoriosa de 1953 o su estada en Guatemala en momentos en que un golpe militar fraguado por la CIA derrocaba un régimen popular, acusado de "comunista".
También es posible que haya evocado los tiempos de exiliado en México, donde se hizo amigo de Fidel Castro, que lo reclutó para la expidición armada contra el dictador Fulgencio Batista.
Klaus Schütt, director de turismo boliviano, muestra la quebrada donde cayó el Che. Ahora fomenta el tour turístico "La ruta del Che". El mapa ilustra sobre el escenario.
Quizás, gran lector de poesía, reviviría los días en que se hizo amigo en México del joven poeta peruano Juan Gonzalo Rose. Este contó alguna vez que en cierta ocasión en que estaba solo y enfermo en la capital azteca, el Che le alcanzó el desayuno a la cama.
Poco antes de que se verificara definitivamente que se había encontrado los restos del Che, el semanario brasileño "Veja" escribió que "en las montañas de Chiapas o en los campamentos de los campesinos sin tierra de Brasil, el Che está más vivo hoy, treinta años después de su muerte, que Fidel Castro".
J. Chang, combatiente. Poeta Rose, amigo.
"Der Spiegel", la revista alemana señaló a mediados del año pasado que en el mundo de hoy, el Che vuelve a ser un símbolo por múltiples razones. Una fábrica de relojes suiza ha creado, informaba el semanario, un modelo "Che". Y, sin ir muy lejos, el Director de Turismo de Bolivia, Klaus Pedro Schüt ha puesto en marcha un exitoso tour denominado "La Ruta del Che" (cinco días con sus noches), "incluidas reuniones con gente que lo conoció".
El mito del Che quizás se explique porque encarna, más allá de las armas y las doctrinas, la rebeldía contra la injusticia y el ansia de solidaridad con los pobres.