CHINA TE CUENTA QUE...


Pucha, La Tele Que El País Merece (*)
Por LORENA TUDELA LOVEDAY
MIRA, yo te he contado horrores de veces cómo mis peores neuras (al lado de las cuales, ag, el fenómeno del Niño no pasa de ser un dope de Chirinos Soto), o sea, mis peores neuras son consecuencia de que por alguna mala pasada de mi inconsciente, juá, termino mirando televisión nacional y claro, o sea, si después de que te has despachado a Meche Solaeche disfrazada de Liz Taylor, pucha, no quieres sino agarrar a tacles en la cara a Martucha, ag, no es para que le eches la culpa únicamente a la dictadura que ésta tan dignamente representa sino también a la susodicha modelito del local enterteiment, qué quieres que te diga.
Bueno, hija, algo de eso me volvió a pasar la otra noche que te lo juro, o sea, yo estaba agotaaaaaada a más no poder porque me había pasado el día entero meditando con un maestro hindú que se llama Mahabarata Chachaba y que no me preguntes qué clase de meditación ha inventado el hombre, hija, que si te descuidas te deja como un wetex de chola de servicio, no sabes.
Bueno, la cosa es que yo ya no sabía ni cómo me llamaba del agotamiento, llegué a mi depa y me tiré a la cama así vestida y pucha, no me di cuenta de que había caído encima del control remoto y claro, o sea, con el popó prendí el televisor y yo en ese estado de cuasi catalepsia me di con el puyudo de Lúcar en la pantalla presentando su siguiente informe y te aseguro que pensé que Mahabarata Chachaba me había puesto algo en el agua de sándalo que tomé, porque el puyudo no se limitó a ser él mismo y arruinarme la vida sino que encima nos presentó un tete a tete de la prosti Díaz, hija (que me ha sacado últimamente una tonalidad de piel que parece que se hubiera muerto de llenura la gorda); bueno, con un tipejo en calzones, hija, que si un día tú estás buscando taxi y para él manejando un Tico, o sea, así estuvieras en la última lona te lo juro que lo mandas a rodar, por cholo y por feo, casi me muero.
Resultó siendo un congresista, los Evangelios por los suelos.
Y claro, los que miden el rating no miden el impacto que la imagen de ese chinchón de basural en pelotas nos puede producir a la GCU, hija, y claro, al día siguiente una hecha una cojuda cualquiera se pregunta en el diván del analista "¿y por qué habré soñado que me chancaba un carro de bombero que apestaba a ácido sulfúrico, Saúl?", cuando la respuesta es bien fácil de ubicar, está en el hemiciclo de los Padres de la Patria y encima, el puyudo te los mete gratis.
A los pocos días me dio gripe, no sabes, casi me entierran. Y claro, me tuve que quedar metida en la cama y como estaba tomando unas infusiones de té verde perico, pucha, agarraba unos vuelos que ni cuando a los dieciocho me cepillaba un ácido a la semana, no sabes.
En ese plan, pucha, una mañana prendo el televisor y me encuentro con tres personajes que te lo juro, primero pensé, deben ser las tres gracias pintadas por William Blake en un cuadro que no conozco, qué raro; hasta que me di cuenta qué se trataba de las tres desgracias, también llamadas las utilísimas, te podías morir.
Las utilísimas: una, que se llama Carmencita, no sabes, en lugar de nariz tiene dos garages, hija, de lo mal que le hicieron la cirugía (seguro en la misma clínica donde se atendió Santa Leonor La Rosa). La otra, lee las cartas y tiene una cara de opa que si un día la llevas al Parque de las Leyendas y el perezoso de la jaula le tira un plátano, ya sabes quién ganó la batalla, no te hagas bolas. La tercera gracia es la Meche que te mencioné, hija, que creo que cuando mi abuelita Alejita bajaba las escaleras del Club Arequipa para hacer su debut en sociedad, pucha, ella ya tenía síntomas de osteoporosis, no te exagero.
Y Camiuch, qué quieres que te diga. No es la cuarta desgracia porque de lo poronga que está no cabe en el cuadro. Y tiene ese cuerpo tan peruano, hija, poto con cuadrafónico, rodilla gorda y canilla patizamba, que yo no sé qué tanto se andan preocupando los arqueólogos por descubrir el genotipo de la peruanidad oprimida, si ahí está, es gratis, aparece todas las mañanas por la televisión y si la vuelvo a ver una vez más en mi vida, juro que no respondo por mis actos.
Encima de todo, Guido Lombardi, lo único decente que una podía encontrar, se fue. ¿Qué habrá que hacer, me pregunto? ¿Aceptar que la modernidad en nuestro país significa que ese jañape con minifalda de la Maritza Picasso (¿de cuáles Picasso será?), pucha, representa la identidad nacional y que viva la jarana. Ay no sé, o me suicido o me cambio al cable, escoge. Y contigo, chau, chau. (Rafo León).
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(*) ¡Hija!... esto lo escribí antes del destape de las chuponeadas. No te la pierdas, que el jueves próximo te cuento la que me hicieron a mí. ¡Fue un aaaaaasco!