Cine-TV


A Cualquier Precio

Las ideas en remate de "Todo se compra, todo se vende".

Por FERNANDO VIVAS SABROSO

LA fórmula se ha radicalizado y a la vez simplificado. Si "Los de arriba y los de abajo" tuvo el protagonismo coral de una sarta de arribistas con distintas vías de acceso a un mundillo de chalets con piscina, discotecas, casinos y sets de Tv., las ratitas de carrera de "Todo se compra, todo se vende" transitan a esas metas por un mismo carril, a la misma velocidad extralimitada y con la bulla chirriante de gruesos gags e imitaciones. A la última novela dirigida por Michel Gómez y escrita por Eduardo Adrianzén le falta finura dramática y capacidad imaginativa; le sobra todo lo demás. Su coherencia salta a la vista aunque no su consistencia.

Fiorella Rodríguez en relaciones peligrosas.

Pero no dejan de haber buenas ofertas en el remate. Para empezar está el crimen simbólico (cuando todo lo demás tiende a leerse de forma obvia e indicativa) que Rafael Muro (Oscar Carrillo) ejecuta contra su padre, mediocre empleadillo de cobranzas que habría frenado las legítimas ansias de éxito de su juventud. El viejo, acabando de hacer un retiro millonario, sufre un infarto. Rafael se birla el dinero y hace creer que su padre ha sido víctima de un asalto. Buena idea para echar a andar el motor de cualquier folletín ambicioso. Y "Todo se compra"... lo es en el concepto pero menos en el papel y en la puesta en escena. Ese gran núcleo dramático que impele a su principal personaje hacia arriba, abjurando de su madre, destrozando honras y comprando destinos tuvo que encontrar -ahí vienen los problemas- a un par de diablillos que lo manipulase. Sandro Monzante y Fiorella Rodríguez, conductor de talkshow y periodista atrevida, son una caricatura involuntaria de los aristócratas maquiavélicos de las "Relaciones peligrosas" de Choderlos de Laclos que matan su ocio pervirtiendo virtudes ajenas. Su ironía es tan declarada que deja de serlo, los amaneramientos de Monzante son chillones (se salva Fiorella) y su plan es tan simplón como ese polvo por contrato de 200,000 dólares. La mezcla de Laclos con la cursi "Propuesta indecente" de Adrian Lynne no puede acabar bien a pesar de una pareja estupenda como Mónica Sánchez y Fabricio Aguilar.
Hay otro aspecto caricatural, este sí voluntario, que pervierte la novela. Las imitaciones de Jaime Bayly y Gisela Valcárcel, en su desesperada búsqueda de escándalo, multiplican referencias reales más allá de lo prudente e imponen lecturas mezquinas a espectadores que prefirirían identificar libremente a sus ídolos y a sus fantoches. Para la próxima, o enriquecen la fórmula o la varían por completo.


Cambio de Piel
Humberto Martínez Morosini y Güido Lombardi.

  • Justo cuando Humberto Martínez Morosini empezaba a sentir la nevada de los años, renunciado a Pantel y soltando algunas frases agrias contra la Tv y su "gente barata" (entrevista con Guillermo Giacosa en "Tiempo real") un generoso jale de América Canal 4 lo vuelve a su sempiterna caballerosidad y mesura. Güido Lombardi, invitado al homenaje que rindió José Francisco Crousillat a HMM, parece querer transitar por la misma vía.


    Después del Partido
    Micki Rospigliosi.

    Alberto Beingolea.

  • Tras el fragor político nocturno, a las 10 p.m., la distensión dominical llega a patadas. "Goles en Acción" (13) y "Teledeportes" (5) se juegan el partido con estrategias disímiles. La verborragia amable de Alberto Beingolea y de sus subalternos buscan la reconciliación de las partes en el análisis tranquilo mientras Micki Rospigliosi, pródigo en suspicacias criollas, demuestra una lengua sin pelos y colesterosa. La diferencia de los recursos televisivos es favorable a Pantel, a sus ágiles cámaras y su set vistoso, pero los del 13, compensando su modesta fachada, nos llevan hasta la intimidad de duchas, camerinos y suspensores, hasta obtener los más frescos testimonios. Volviendo al 5, la adustez de Eddie Fleischmann intenta menguar los desboques de su socio y frenar la cerrada defensa del hincha que subyace a "Teledeportes". Ambos espacios son de alguna manera un cierre semanal de las rutinas que el Veco, Luis Trisano y recientemente Gonzalo Núñez realizan en el 5, 4 y 9 respectivamente, y se mantienen a buen recaudo de los dolosos excesos verbales de un Tito Navarro, hoy requisitoriado y que, increíblemente, tuvo una temporada televisiva. Ambos evitan, por necesidad, ponerse camisetas aunque Micki delata imprudentes odios y simpatías. A propósito de partidismos, Universitario acaba de lanzar "Garra crema" bloque propio en Uranio 15. Que la Tv. no olvide el resto de la paleta deportiva.


    Liz en su Punto
    Liz Taylor en
    "De repente en el verano" (1959).

  • Liz Taylor se jala las mechas y hace feas muecas de angustia mientras decenas de manos famélicas le agarran los tobillos. Está parada sobre un puente que atraviesa el ala radical de un pabellón de orates. El infierno fue puesto en escena por Joseph Mankiewicz en "De repente en el verano" en 1959 y es el primer anuncio de los papeles de hiena chillona que le tocarían a la Liz contracultural de años próximos. Pero entonces era demasiado hermosa (según demuestra la foto de una de las mórbidas secuencias veraniegas de ese filme) para asustar como lo hizo, poco después, gorda e histérica en "La fierecilla domada" o en "¿Quién teme a Virginia Woolf?". Entonces, cebada y embriagada por Richard Burton, se convirtió en una rolliza Petunia que bramaba como un volcán a punto de erupcionar. John Huston en "Reflejos de un ojo dorado" o "Joseph Losey en "Ceremonia secreta" supieron canalizar esa furia desmitificadora. Ahora, con mucha agua y alcohol bajo el puente y con esa pelusa sobre el cráneo rapado que delata una suerte de lobotomía simbólica, la estrella ve con sorna y con cariño a la escultural locumbeta del verano del '59. (Vea el filme de Mankiewicz este viernes en Cinemax a las 8 p.m.).


    Picotazos
    -"El primer baboso del Perú
    soy yo".

    -Tito Navarro entrevistado
    por Bruno de Olazábal en
    "La Revista Dominical".